Emprendedores por amor al arte

Entre la realidad de los números y la pasión por el arte, varios emprendedores luchan cada día por sacar adelante sus proyectos en un mundo, la cultura, donde no siempre el público y las administraciones lo ponen fácil. • La sala Bumerang  cerró el 3 de mayo después de treinta años de conciertos; la Óxido se reinventa. • Librerías y galerías hacen frente a los obstáculos y otros confían en el ‘coworking’ como fórmula de resistencia.


La sala Bumerang cerró sus puertas el pasado 3 de mayo después de más de tres décadas ofreciendo música en directo en la capital. Sus tributos a Los Secretos, La Frontera, Loquillo, Sabina o Johnny Cash y sus conciertos más recientes de Cómplices, Georgina y Los Zigarros han puesto banda sonora a la historia de una de las salas más activas del exiguo circuito de conciertos alcarreño. Ivan Lozano, su programador desde 1991, se confesaba en las redes sociales al día siguiente de la despedida: “Ha sido la casa de muchos músicos de Guadalajara y de todo el panorama musical nacional, que apostó por la música en vivo, por los directos, por la cultura en Guadalajara”. Bumerang cerró porque era “insostenible mantenerlo”, asegura ahora.

Guadalajara carecía de un sitio donde se pudiera tocar sin molestar”, defiende. El amor por la música hizo a Ivan y Jesús -gerente de la sala- unir fuerzas para apostar por una sala de conciertos en directo. Reconoce que los comienzos fueron duros -“incluso llevándome el equipo demi grupo, sin escenario”-, pero con el tiempo consiguieron figurar “en los circuitos de invierno de los músicos deprimer nivel”. En Bumerang ha sido posible “ver a Antonio Vega por 10 euros”. Pero no ha sido suficiente.

También otros negocios puestos en marcha en los últimos tiempos han cerrado por diversas razones, como el espacio cultural Oropéndola y el Instituto de Artes Orientales TAO. Todas estas despedidas permiten reflexionar sobre la sostenibilidad actual y la salud de los proyectos culturales privados: ¿hay demanda?,¿existen apoyos?, ¿cuáles sonlas principales dificultades?, ¿se generaempleo?, ¿hay mucha competencia -deportiva o desleal-? Esa misma pregunta se puede dirigir también a otra sala que resiste contra viento y marea, como la Óxido, a una librería abierta en plena crisis como Árbol Rojo, a un centro privado de arte como La Galería de Guadalajara o a un espacio para negocios ligados a la cultura como Karaba.

Emprender no es fácil, coinciden susresponsables, con los que hemos hablado para este reportaje. Se continúa, se reinventa en algunos casos, por una poderosa razón que mezcla mucho amor al arte con una necesidad imperiosa de cuadrar las cuentas, a veces al límite, a veces ni eso. Todos han salido adelante con medios propios o con ayuda de amigos y socios porque admiten que apenas hay o porque pasan de los bancos. Eso sí, todos coinciden en que han superado los objetivos culturales para los que nacieron. Otra cosa son las cuentas. Hace treinta, siete, cuatro, dos años y uño y medio decidieron por diversas razones apostar por la música en directo, el arte contemporáneo, el ‘coworking’cultural y los libros. Todos han arriesgado y para todos, el futuro sigue en el aire.

Adiós a tres décadas de conciertos

Si hablamos de música, el sector tiene su propia enfermedad y su diagnóstico. La Bumerang cerró después de 32 años y la Oxido anunciaba el pasado noviembre que la de 2014 sería la última edición del festival Qubo, una cita con nueve años de trayectoria que este local había organizado durante los últimos tres dentro del Festival Panorámico Musical: “ya he desistido”, reconoce Dani Pérez, responsable de esta sala del Polígono del Balconcillo, de la que se hizo cargo hace siete años: “La gente no responde como debería. Seguramente en provincias similares a Guadalajara sí lo hacen, pero aquí creo que tenemos un poco de complejo. Estar tan cerca de Madrid es perjudicial para la música”.

Lozano, que en cambio cree que la proximidad a la capital puede jugar a favor, ve el problema en una pérdida de poder adquisitivo de la clientela a causa de la crisis: “Antes se gastaban treinta y ahora diez”, dice el que fuera programador de la Bumerang. Tanto en su caso como el de la Óxido reivindican que se han programado actuaciones de calidad: en la Bumerang se han podidov er a casi todos los mejores grupos supervivientes de los 80; en la Óxido, en los últimos meses, a artistas de la categoría de Quique González o Miss Caffeina. 

Al final, el desenlace siempre es el mismo: “Hay que hacer muchos números y malabares antes de cerrar nada porque te puedes estrellar pero bien”, afirma Dani.“Bumerang se llenaba cuando traías cultura buena", sostiene Lozano. Pero el año es muy largo y hay muchas facturas que pagar. “Hemos intentado aguantar como podíamos un año, pero llega el verano y tienes que seguir pagando el alquiler. Tres meses te fastidian todo el año y ése ha sido el handicap”. En la Óxido, el obstáculo es similar: la demanda de público existe, pero no es suficiente para que cuadren las cuentas: “Se está sobreviviendo”.

Más ocio que cultura

Si esto es así en la música, un arte muy popular, qué no ocurrirá con el arte de vanguardia. “El problema es de base, son los ciudadanos”, advierte Javier Orozco, responsable de La Galería de Guadalajara. “Si no tienen una formación o interés... Aunque haya una pequeña porción, el grueso de la población no está pensando ni en arte ni en asistir a conferencias, sino en irse al pueblo el fin de semana, en el día a día, en irse de vermú o es que no interesa sin más”.

Tampoco las cuentas cuadran en una librería como Árbol Rojo y, en parte, las prioridades del público tienen la culpa, cree Sonia Cabello, su propietaria: “la gente lee poco” y “opta más por el ocio que por la cultura: los restaurantes y las terrazas están llenos; la gente no tiene dinero pero cuando tiene un duro prefiere irse de cañas o a una casa rural para liberarse un poco”, reflexiona.

Aunque la librería tiene un público específico que apoya al pequeño comercio, no resulta suficiente: “Ves pasar los días y no despunta. Te desanimas un poco”. Y es una "impresión general del sector" en la ciudad, añade: “Se sobrevive a duras penas, aunque tal vez otras librerías llevan más años y lo solventan de otra manera. Nosotros nos hemos reinventado ya muchas veces”. En año y medio, han organizado exposiciones, ofrecido cafés y pastas, cursos para niños, presentaciones de libros, talleres de gimnasia y organizado un certamen de relatos . “Aquí pueden hacer lo que quieran, desde el primer día quisimos que fuese una tienda de todos”. Un concepto diferente que ha agotado ya casi cualquier fórmula alternativa. “No sé cuánto va a durar Árbol Rojo”, confiesa, aunque sin asomo de arrepentimiento: “esto lo montas con el corazón, no con la cabeza. Y si cierro, cumplo una etapa y me llevo mucha gente y muchas experiencias por el camino. He aprendido mucho”.

Sin apoyo institucional

Más allá de las particularidades de cada sector, todos lo consultados coinciden en que la falta de ayudas es una de las razones principales por las que resulta tan complejo mantener abierto un negocio cultural en Guadalajara. Lozano afirma que en la Bumerang las instituciones siempre les han dejado hacer sin inconvenientes (“han respetado que estábamos ofreciendo cultura y no botellones”) pero los respaldos han brillado por su ausencia: “El único apoyo del Ayuntamiento que hemos tenido fue que nos publicitaban en la revista Tragaluz, hasta que llegaron un día y nos dijeron que para salir en la revista sólo podía ser algo municipal,que organizaran ellos”.

Aquí todo es tú te lo buscas, tú te lo defiendes”, explica Orozco, que montó La Galería de Guadalajara hace cuatro años, tras cerrar la empresa familiar de construcción en la que trabajaba. “Me he valido por mí mismo para montar esto. No he solicitado apoyos de ningún tipo. Todo lo que estoy haciendo: asistir a ferias, contactos... lo hago yo. No he recibido ni un sólo céntimo, sólo en una ocasión la Junta nos pagó un ‘stand’ a una asociación de galeristas de Castilla-LaMancha y pude asistir a una feria... Es muy difícil sobrevivir, casi siempre tengo que poner”, reconoce.

Para Dani Pérez, incluso “hay zancadillas”, porque existe “una competencia muy desleal. No es que haya demasiada oferta, es que cuando hablamos de espacios y dinero público es competencia desleal bestial”. Para Sonia, que admite que la única ayuda con la que contó fue la de su familia y amigos, la crisis ha pasado factura: las Ampas y los colegios intentan abaratar costes y “compran al mismo proveedor que yo, les piden dinero a los padres y hacen negocio”. En el caso del arte, Orozco ha superado ya los episodios de competencia más feroz con las cajas de ahorro, “que disparaban con pólvora ajena y contra eso no se podía hacer nada”. En su caso, las instituciones apuestan por un tipo de oferta diferente a la que él cubre en su espacio, situado en las proximidades del parque José de Creeft.

Ampliar horizontes, reciclarse

Como empresarios no podemos competir con lo que pueda programar, por ejemplo, el Espacio Tyce”, admite Lozano. “El apoyo mediático que ellos puedan llegar a tener no lo podemos tener los demás a no ser que te gastes un dineral. Al Ayuntamiento empapelar Guadalajara le cuesta dos duros, salir en las televisiones y prensa... igual”. A pesar de ello, intenta ser positivo y plantea algunas soluciones, como que los propietarios de locales programen música para todo tipo de gustos y que el Ayuntamiento sea más flexible y conceda“licencias especiales”, como ocurre en capitales de provincia como Soria o Cuenca, de modo que no ocurra como ahora, que estos empresarios “tienen miedo de que les cierren el garito, les multen y se te quitan las ganas”.

Óxido opta por la reconversión: en septiembre, se convertirá en sala de conciertos, locales de ensayo y estudio de grabación profesional. "No sé si habrá un estudio de este tipo en España que ofrezca las tres cosas. Es interesante y creo que le vendrá bien a la sala. Es una apuesta arriesgada, pero hay que hacer algo porque la cosa está muy justa”, sostiene Dani.

También Javier Orozco defiende la idea de ampliar horizontes y, en su caso, tiene claro que debe “mirar fuera de Guadalajara” y “reinventarse” para no depender exclusivamente del mercado local. “Si adoptara una línea más tradicional -bodegones, paisajes conocidos y monumentos de la ciudad- posiblemente vendería el cuádruple, pero me cerraría de golpe otro tipo de puertas y no tendría una línea muy definida en La Galería. Hay que tomar decisiones, a veces no las más rentables, pero las ajusto a mi gusto para sentirme cómodo”.

Con esa misma filosofía se ha ido abriendo camino en un mundo tan particular como el del arte contemporáneo, a pesar de las dificultades para emprender y la falta de experiencia inicial: “Cuando abrí no sabía muy bien dónde me metía. No tenía ni programa expositivo. Abrí poniéndome en el peor de los escenarios, pensé que no iba a vender ni un pimiento en tres años”, se confiesa. Con el tiempo, en cambio, ha habido considerables avances: “he saltado el ámbito local y tengo contactos japoneses, holandeses, alemanes y algunos intercambios”. Tampoco en su caso, basta con esto. El problema siguen siendo las ventas, y eso que “Guadalajara no es peor ni mejor que Madrid”.

Karaba, la unión hace la fuerza

Sin objetivos iniciales ni tampoco un futuro definido inició su andadura el Espacio Karaba, un local donde varios profesionales comparten local y gastos, una suerte de ‘coworking alternativo’ o ciudad creativa con un nuevo modelo laboral y de economía social basado en sinergias. Dos años después, siguen siendo los mismos que comenzaron,“y se ha ido subiendo gente al carro”, explica Chechu.

Nosotros no queríamos financiación bancaria, nos ha apoyado la gente con su dinero. Hemos abierto el espacio gracias a ella y el día a día nos mantiene. Las dificultades son todas porque ahora mismo emprender, por mucho que nos lo vendan como que es algo que hay que hacer, es complicado”, sostiene.

Karaba supone un contrapunto al modelo de negocio tradicional. Desde sus orígenes, en una reunión en el Rincón Lento, hubo “profesionales, autónomos, que nos conocíamos, aunque cada uno tenía su negocio y buscaba local. Conocíamos el co-working y se adaptaba a lo que buscábamos y todos teníamos la idea de hacer actividades culturales”. Elfo Teatro, La Caperuza Roja y AmorAmarDanza, entre otras, son algunas de las empresas que ofrecen actividades en el espacio aunque la oferta es mucho más amplia. Y parece que funciona: “El público responde muy bien, cada vez nos conoce más y la gente está a gusto. En ese sentido, la iniciativa tiene bastante aceptación”. Y eso que se enfrentan a los mismos problemas que cualquier otro negocio: “Hay gente con iniciativas pero no sobreviven. El IVA sigue al 21%, no hay subvenciones o hay pocas. Hacer actividades culturales en Guadalajara es complicado. Hay una gran dosis de amor al arte en todo lo que hacemos porque nos tenemos que ingeniar para seguir haciendo cosas que lleguen a los ciudadanos y que generen un mínimo para poder seguir manteniendo un local”, asegura.

Por amor al arte ha estado La Bumerang "este último año para ver si resurgía de sus cenizas. Hay mucho amor al arte, pero hay que comer”, advierte Lozano. “El amor se agota, las facturas te comen. Si no respondemos a las actividades que hacen los espacios que están activos, terminarán igual”. “¿Por qué estoy aquí? Pues por amor al arte”, se suma Dani: “dan ganas de tirar la toalla, pero me gusta mucho mi trabajo, y en eso soy afortunado”. Quizás por eso se resista al final: porque todos aman lo que hacen.

Este reportaje fue publicado en el número V de papel de Cultura EnGuada, especial de verano, en junio.