Un maratón de arte local para la fiesta del Museo

El Museo Provincial celebró este viernes con una  ‘noche en blanco’ su 175 aniversario. • Hubo nutridas visitas guiadas a las exposiciones y se invitó a más de una decena de colectivos a llenar cada rincón del Infantado. • Performances, proyecciones, teatro y talleres se abrieron a la participación del público durante casi diez horas.


Fue la fiesta del Museo Provincial pero, sobre todo, la fiesta del Palacio del Infantado: una reivindicación de sus posibilidades al servicio de los colectivos artísticos alcarreños. Ningún rincón quedo desaprovechado. Si en el salón de actos una combativa esclava numantina relataba el cerco de su ciudad, a apenas unos pasos, en la Sala de Audiovisuales, los visitantes tenían la oportunidad de ser ‘encogidos’ hasta caber en un cuadro del museo, mientras en las antiguas dependencias del archivo los niños disfrutaban en castillos hinchables. En el patio se proyectaban fotografías del Maratón de Cuentos, muchas hechas allí mismo en primavera, o actuaba una coral, mientras las visitas no cesaban a la exposición sobre la romanización o las estancias con más solera del hogar de los Mendoza.

La propia fachada del Infantado fue pantalla para proyección; el claustro, una terraza para tomar un tentempié; y el zaguán, un rincón siempre mágico para un nido de sueños hecho por artistas locales o para una ‘minipasarela’ de moda con los colores de la tierra.  

El Museo Provincial celebró en la noche del viernes su 175 aniversario con numeroso público –más por la tarde que en plena noche-, sin apenas respaldo institucional y con un incombustible director, Fernando Aguado, pendiente de todo. Seguramente era quien más merecía disfrutar del homenaje de este museo y seguramente fue quien menos lo disfrutó, porque corrió de un ‘escenario’ a otro para que todo estuviese listo. El esfuerzo mereció la pena: el Infantado fue un palacio abierto de par en par a los guadalajareños hasta que, ya de madrugada, los cuentos de Cinco Duendes pusieron el colorín colorado a la noche en blanco.

YO EXPONGO… EN LA FACHADA DEL INFANTADO

Aunque el palacio abrió sus puertas al público a las cinco para poner en marcha casi diez horas de celebración, fueron pasadas las siete cuando, tras unos problemas técnicos, Aguado se dirigía al público arremolinado frente a la fachada para ver una proyección de obras de 900 mujeres artistas.

Arrancaba así el maratón de actividades hechas por colectivos guadalajareños. En este caso se trataba de Yo Expongo, cuya performance fue presentada por las artistas Concha Mayordomo, Eva Iglesias, Olga Isla y Laura González, que mostraron que esta sucesión de hasta 900 fotografías de obras de pintura, dibujo, escultura, collage, estampación textil y múltiples técnicas, formatos y temáticas supone “una reivindicación del papel de la mujer en el arte”.

Fue su segunda ‘macroexposición’ proyectada en el Infantado, con algunas deficiencias de visualización en algunas obras, bien acompañadas de música y ante medio centenar de espectadores, al aire libre, durante tres cuartos de hora. La proyección lanzó diversos mensajes al público: “¿Habéis visto alguna vez una exposición de 900 artistas?”, “conseguimos más visibilidad en el arte” o una promesa: “Seguiremos exponiendo”.

La participación de este colectivo se completaba en la planta superior del Infantado con una exposición en la que fuera la antigua biblioteca infantil, con interesantes propuestas de 14 artistas, titulada ‘Sabes quién es, sabe quién era’, una reflexión artística sobre la violencia de género. Hubo, para los interesados, una visita guiada, aunque la sala estuvo muy concurrida durante toda la noche.

TE ENCOGEN, TE VISTEN Y TE INVITAN A SOÑAR

La mayor parte de las actividades exigían la colaboración del público. Unas invitaron a soñar, otras convirtieron al visitante en modelo de una pasarela muy original y otras le redujeron al tamaño apropiado para formar parte de un cuadro del museo.

Esto último fue lo que se hizo en el curioso taller de los alumnos de Grado  de Audiovisual de la Universidad de Alcalá. El visitante llegaba, elegía el cuadro en el que quería aparecer (necesariamente encogido) y tras una fotografía, esperaba el resultado, en algunos casos mejor conjuntado con el marco pictórico que en otros: hay quien no tenía ni perfil ni atuendo renacentista acorde con la ocasión.

Mientras, en el zaguán también hubo mucho arte. Un enorme ‘huevo onírico’ de alumnos de la Escuela de Arte ofrecía una sugerente invitación a soñar. Los creadores Raquel Arroyo, Elena González, Ruth López, Oriol R. Torija, Lorena Marco, Verónica Sánchez y Ricardo López describían su obra como “sueño de huevo frito sobre nido efímero de papel triturado sobrevolado por palomitas”.

Al lado, el estudio de la diseñadora Laura Domínguez había situado una suerte de pasarela para que los visitantes se probasen las ‘botarga jacket’, modelos inspirados en los coloridos atuendos de las botargas de la provincia.

UNA APASIONADA NUMANTINA

El Museo Provincial aprovechó para estrenar una de las novedades que habrá en los próximos tiempos: los monólogos teatralizados sobre historia. Fue el turno para conocer a Areva, una numantina vitalista que relató con pasión el antes, el durante y el después del cerco de su ciudad por los romanos. Frente a la ley y la ‘racionalidad’ a menudo sin escrúpulos de la República invasora, esta sabia campesina, interpretada de forma impresionante por María Jesús Ramírez, defendió el vitalismo, la autenticidad y la autenticidad de los pobladores locales, los arévacos.

Fotos: R.M.

Con tensión dramática permanente, la aldeana relata durante algo más de media hora su juventud marcada por las guerras celtíberas, la dureza del cerco romano, cómo perdió a su hija o cómo fue vendida como esclava porque sabe contar.

Esta producción del Museo Arqueológico Nacional que lleva a cabo Galápagos Teatro Cálido contaba con doble pase (el segundo, el sábado 9 de noviembre a las ocho) en una iniciativa que se prolongará con el monólogo Cayo, esta vez los días 22 y 23 con la voz de un ingeniero romano de Calagurris. Las sesiones cuestan 5 euros y ponen en escena un trabajo profesional, bien documentado y con un texto muy cuidado.

UN PATIO DE LOS LEONES ENCANTADO

El Patio de los Leones fue el epicentro de las actividades. Los fotógrafos de la Agrupación (Afgu) proyectaron un montaje con instantáneas tomadas durante el Maratón de Cuentos de este año, en primavera… A renglón seguido, eran las 25 impresionantes voces de la Coral de Azuqueca de Henares las que ofrecían un precioso recital en el patio –lástima que no hubiese más público que los más afines– con un repaso que les llevó de la música sacra (unas para liturgia y otras no, explicaron) hasta zarzuela. Tras un único bis, al filo de las once de la noche la actividad en el patio daba un giro de 180 grados: ahora era la siempre dinámica cafetería Malvarrosa la que ofrecía una cata de vinos.

Pero el 175 cumpleaños seguía. Hubo cuentos para los más trasnochadores, y una incesante procesión de pasos por las estancias de las salas de exposiciones, cuyas visitas guiadas, que habían exigido reserva previa, estaban ocupadas en todos los horarios.

También aprovechó el público para pasar por la exposición permanente Tránsitos, como siempre un reclamo para esos curiosos que, incluso en plena noche cerrada, quisieron atravesar las fronteras entre el presente y el pasado, entre la vida y la muerte. Ver la ‘Virgen de la leche’ de Alonso Cano o redescubrir las huellas de quienes habitaron nuestro territorio mucho antes que nosotros es siempre un fantástico modo de celebrar la existencia de esa joya dentro de otra joya que es el Museo Provincial del Palacio del Infantado. 

Fotos: R.M.