El pinchazo de la burbuja mediática

Los periodistas guadalajareños celebran hoy su patrón en un ambiente desolador marcado por la destrucción de 140 puestos de trabajo desde 2009. • La ausencia de grandes redacciones, la alta tasa de paro en el gremio y un futuro incierto caracterizan la crisis del sector en la provincia, que llegó a tener una tasa de paro cero.  Analizamos las causas de tantos cierres de medios, las alternativas que surgen y el estado de la libertad de prensa con diferentes redactores de prensa.


Corría el verano de 2004. Una niña saharaui participaba en la tradicional recepción que el Ayuntamiento de Guadalajara organiza en su Salón de Plenos con los pequeños que llegan cada verano en las vacaciones solidarias. De pronto, una nube de periodistas gráficos envolvió a la niña, sorprendida por los flashes y los micrófonos que se abalanzaban sobre ella. Se enfrentaba a una veintena de reporteros. Cualquier despistado que pasara en ese momento por allí pensaría que la tez morena a la que enfocaban todos los objetivos no era la de una pequeña saharaui, sino la del entonces muy mediático Ronaldinho. Pero no, era una anónima niña saharaui en una tarde de verano. Y el despliegue de medios no era inusual.

La estampa, recordada casi diez años después, ilustra bien lo que ya entonces se veía venir: la abundancia de cabeceras, sobre todo de prensa; la existencia ‘contra-natura’ de muchos medios en una ciudad con no demasiados lectores y poco público; la hinchazón tremenda, en definitiva, de una burbuja que respondía a todo menos a un repentino despertar de la curiosidad informativa por parte de la población alcarreña.

Era lo que el actual presidente de la Asociación de la Prensa de Guadalajara, Álvaro Rojo, califica como “un crecimiento con pies de barro”, porque “detrás de estos medios, en una buena parte, había más intereses que el mero hecho de informar a la ciudadanía”, lo que hacía que empresarios “de otros sectores ajenos al periodismo quisieran tener su ‘cabecera’, hasta que su proyecto no fue viable”.

Pinchó la burbuja del ladrillo y fue cuestión de tiempo ver cómo se derrumbaba el entramado mediático como un castillo de naipes. Sin el vigor de la construcción, con la crisis mundial agravada en España y especialmente en Guadalajara por la crisis del ladrillo y con unos empresarios en el sector que generalmente no habían crecido entre rotativas, poco a poco el desastre fue extendiéndose, sobre todo en prensa: cayó la cabecera más antigua, El Decano –heredero de Flores y Abejas–; otro clásico como Guadalajara Dos Mil, que tampoco sobrevivió a su transformación en digital; dejaron de llegar a los buzones los semanarios gratuitos Noticias y Global Henares; y desaparecieron de los quioscos los tres diarios, La Tribuna, El Día de Guadalajara y Nueva Alcarria, replegado de nuevo como bisemanario.

Un panorama muy negro

Según ha puesto de manifiesto la Federación de Asociaciones de Periodistas de la región, en Guadalajara han desaparecido 140 puestos de trabajo en medios de comunicación, de los que un 70% son periodistas. La tasa de paro en la Asociación de la Prensa de Guadalajara es elevadísima, del 40% de los 150 asociados.  Y el panorama no ofrece salidas en el resto de la región o del país, donde han cerrado 197 medios en este mismo tiempo, según el Informe Anual de la Profesión Periodística que publicaba en diciembre la Asociación de Periodistas de Madrid.

“Paro, expedientes de empleo, rebajas salariales y ofertas de trabajo sin remuneración componen un cuadro desolador dentro del periodismo, que está inmerso en uno de los periodos más críticos de su historia”, afirma la federación regional, que alerta de que la libertad de expresión afronta “constantes limitaciones” con los políticos acudiendo a recursos como “las ruedas de prensa sin derecho a preguntas, un método reprobable”.

En medio de este terrible diagnóstico los periodistas alcarreños, muchos sin empleo, celebran hoy su patrón San Francisco de Sales, con la tradicional entrega de premios anuales y la concesión del Libertad de Expresión, patrocinado por el Ayuntamiento de Guadalajara, a Beatriz Pariente. Muchos de ellos, como los despedidos en El Día de Guadalajara y Nueva Alcarria, lo harán con el pago pendiente de las últimas nóminas y las indemnizaciones.

“Los periodistas sabemos que nada tenemos que celebrar, pero también somos conscientes de que no debemos callar ante la dura situación que atraviesa el periodismo en España”, anima Lidia Yanel, presidenta de los periodistas castellano-manchegos.

¿Por qué?

¿Cómo se ha llegado a caer tan bajo? “No hay una responsabilidad única, sino compartida”, opina la periodista Beatriz Pariente. Los periodistas saben que se han sumado diferentes crisis en una: la  sectorial del periodismo en todo el país (con la libre difusión de contenidos en la red), la de otros sectores que habían ligado diferentes áreas de negocio al informativo y la propia crisis económica general… si sumamos todos estos factores, “tenemos un cóctel muy peligroso”, opina Pariente.

Antonio del Abril lleva más de 25 años dedicados al periodismo. Fundador y director durante casi todo este tiempo del bisemanario Guadalajara Dos Mil, cabecera de referencia a la que también se ha llevado por delante esta crisis, ahora mantiene su actividad en el periódico DHenares, que ha desembarcado desde Alcalá manteniendo el doble formato de papel (semanal gratuito) y web.

Tal vez por necesidad, veteranía y perspectiva, su diagnóstico ata todos los cabos. Asegura que en Guadalajara “partíamos de una situación anómala” que había provocado el contrasentido de tener “una oferta mucho más amplia de la que el mercado podía absorber”. Los medios nunca fueron rentables, asegura, pero durante los tiempos boyantes tampoco constituyeron un coste extraordinario para sus propietarios, que a menudo los sostenían por intereses ajenos al romanticismo del periodismo. Una “perversión” en la propiedad de las empresas en la que “si el resto de los negocios iban bien, se asumían las perdidas” de la tele o el periódico de turno.

Pero llegó Paco con las rebajas y cayeron los ingresos publicitarios, que en 2011 constituían sólo el 30 ó 35% que dos años antes. La crisis golpeó a las cuatro principales fuentes de ingresos a través de las publicidades institucional, de la construcción, del sector del automóvil y de los anuncios particulares, acaso los únicos que han mantenido cierto nivel. Las ventas en los quioscos no mantenían los proyectos a flote –nunca lo hicieron– y, para colmo, la información que se daba estaba antes y gratis en la red.

Todos hemos perdido

Las asociaciones profesionales vienen reivindicando desde hace meses, con un manifiesto aprobado en instituciones como la Diputación Provincial, que “sin periodismo no hay democracia”. Argumentan que los cierres de medios y los recortes en plantillas resienten la labor social del periodismo.

Como dice el presidente de la APG, la situación grave en Guadalajara se ha traducido en “una pérdida de independencia profesional y una merma de calidad de algunos de los productos informativos”, más aún cuando el periodista ha perdido su credibilidad ante la ciudadanía, lo que exige ahora adoptar correcciones tanto empresariales como profesionales.

Esteban Provencio ha sido durante muchos años periodista en diferentes medios provinciales, hasta que hace dos años se aventuró en un negocio de hostelería en pleno centro de la ciudad. Ahora observa el panorama desde el otro lado de la barrera, pero aporta una reflexión interesante: “Una vez leí a un periodista, experto en medios de comunicación, que cuando se alejó de la tarea diaria y empezó a estudiar la labor del periodismo desde fuera, se dio cuenta de que a los periodistas no nos interesaban las personas”.

¿Cómo es posible que a un periodista se le olvide el señor que acude al quiosco a comprar el periódico o que enciende la radio para escuchar las noticias? La agenda excesivamente marcada por la clase política y la falta de tiempo o ganas para dedicar a temas diferentes o propios hacen que toda la información sea excesivamente parecida entre unas cabeceras y otras, mientras nadie se ocupa, según Provencio, del verdadero interés humano, que a veces reside en temas tan sencillos como explicar el mantenimiento de los jardines por los que el ciudadano pasea cada día. “Los periodistas sacan lo que en ese momento quieren, no lo que quieren en realidad las personas”, concluye.

“Hemos tendido demasiado a llenar páginas”, asegura el responsable de DHenares, para quien hay que entonar un “mea culpa” por “el seguidismo político” y empresarial que se ha admitido sin demasiadas críticas durante los últimos años. “Un señor que paga publicidad no puede condicionar un contenido”. Pero todo el gremio sabe que no ha sido así.

¿Se puede salir?

Llegados a este punto, ¿se recuperará el periodismo en Guadalajara? ¿Y cómo? “Es complicado”, admite Rojo, que cree que cualquier fórmula debe contar con “independencia del periodismo, rigor, honestidad y responsabilidad que permitan poner en marcha proyectos de empresas de comunicación viables y creíbles”. Y ante el grave problema de desempleo, desde la APG, que (recuerda) no es un sindicato, intentan avanzar con sus socios en formación “en diferentes materias relacionadas con el campo de la comunicación”.

En el último año, en que Guadalajara se ha quedado sin ningún diario, han surgido diferentes experiencias de medios de comunicación, incluso un quincenal deportivo en papel durante varias semanas (GuadaSport), que se han enfrentado a los problemas de financiación. Hacer viables financieramente los proyectos es la clave, según Abril. “Si se sabe contar lo que el público quiere, el periodismo se vende”, es decir tiene lectores y audiencias. Pero para que el proyecto se consolide, hace falta resolver la financiación precisamente en el momento más complejo.

Los ‘minimedios’

Los nuevos ‘minimedios’ (término que utiliza el también periodista Óscar Cuevas para referirse a redacciones con plantillas muy cortas) “no son la solución óptima, pero sí una salida que permite poner un proyecto en marcha a bajo costo”, explica Abril, con la ventaja de que el periodista sigue en circulación, mantiene su vocación y no consume demasiados recursos. Y a pesar, alerta, de que las políticas tarifarias de algunos medios pueden tener un impacto indirecto en la prensa de papel.

Para la reportera Beatriz Pariente, las fórmulas que a partir de ahora salgan adelante deben tener en cuenta que “no se puede dar información gratuita eternamente” y deben resolver la compleja cuestión de “cómo gestionar el nuevo modelo de negocio” de la información a través de Internet.

Ese es, a su juicio, el gran reto para el futuro del periodismo. “Como no saldremos será lamentándonos”, asegura. En su caso propone “ser autocríticos” y exigir “a todos los agentes implicados en el sector que sean respetuosos con el periodismo” para que el profesional cumpla con su función social de informar.

“El periodismo es eterno”

Pariente coincide con quienes ponen el acento en una cuestión de principios y modos de hacer, más que en la consabida crisis del papel y en la discusión sobre la revolución digital. “Cambian los formatos, pero el periodismo sí es eterno”.

En sentido similar, Abril considera que en el futuro “el periodismo no será ni peor ni mejor, sino distinto, más ajustado a la realidad y probablemente más definitivo” en la estabilidad de los medios que prosperen. Y pronostica la posible existencia, por ejemplo, de dos periódicos. Evidentemente, no volverá a haber empleos para todos los licenciados, pero confía en que al menos las condiciones sean más dignas y haya “un reconocimiento” que hasta ahora el profesional no ha tenido.

También Pariente tiene pocas dudas sobre la escasez de puestos de redactor que habrá en el futuro en comparación con “la situación irreal” que hubo antes de la crisis. “Hay muchas facultades de periodismo que abocan a mucha gente al paro”, se lamenta, aunque confía en que al menos puedan colocarse algunos licenciados en profesiones relacionadas con la comunicación social.

¿Hay libertad de prensa real?

Las circunstancias condicionan las dinámicas del periodismo. Analizamos sobre todo la situación de la prensa y de los redactores, como principal ejemplo del sector, que incluye también televisiones (el caso es muy similar, opina Abril) y radios, así como fotógrafos, comerciales o maquetadotes dentro de la profesión.

Así las cosas, ¿es posible una libertad de prensa real o pueden más las presiones, sobre todo económicas, cuando los medios no tienen absoluta libertad de movimientos? O, como dice Abril, “no ha habido unos medios más dóciles que en estos últimos años, precisamente por la debilidad económica” de los proyectos.

“Hay que pensar mucho lo que publicas para evitar problemas”, asegura Pariente, que ha desarrollado una sólida carrera profesional como redactora de local en Nueva Alcarria desde su aparición como diario, hace casi una década y que, pese a todo, alaba que “en Guadalajara hay ejemplos de reportajes hechos con libertad y críticos, así como opiniones que dan cierta esperanza”. Además, considera que “presiones ha habido siempre porque somos un poder más y el resto de poderes desea tener control sobre el informativo”.

“Afortunadamente, en España existe libertad de expresión desde hace algunas décadas”, recuerda Rojo, que prefiere no confundir este derecho con “los problemas que el periodista encuentra a la hora de extraer la información y de los condicionantes que tengan los editores a la hora de marcar la agenda”.

Más crítico es el comunicado regional al abordar la salud de la libertad de prensa real en el ejercicio de la profesión, que debería pasar por no descuidar dos frentes ligados y habitualmente obviados: “la lealtad a los ciudadanos y en el control de los poderes”. Incómodo pero útil y saludable.

En este último año, Guadalajara se ha enfrentado a episodios especialmente nada cómodos, como la destitución del corresponsal de ABC en la ciudad tras una llamada a la cabecera desde los despachos de un partido político o las reacciones directas entre la negación de publicidad institucional a medios 'molestos' para una administración.

Las complicaciones que atraviesa el gremio no resultan seguramente el mejor caldo de cultivo para realizar el mejor de los periodismos posibles, pero lo cierto es que los periodistas alcarreños parecen haber aprendido una lección: los que aparentemente fueron los mejores años del periodismo alcarreño no se correspondieron con apuestas como negocio informativo y sí tuvo demasiadas servidumbres y ataduras. Con mordazas, es imposible el periodismo. Y sin periodismo –recuerda incansable el lema- no hay democracia.