Las flores del mar de Estrella Ortiz

La narradora alcarreña expone en la Sala Azul del Infantado y en el marco del Maratón de Cuentos su ‘Cuaderno de olas’, una colección de poemas visuales y escritos relacionados con caracolas y conchas. • La exposición estará abierta hasta el próximo 6 de julio.


Las caracolas están en el mar –¡qué obviedad! – y en sus playas, pero también en el cielo o en cualquier lugar de una casa cualquiera. Las caracolas son para los poetas musas de ojos azules y piel salada, los senos de las sirenas –dijo Neruda– o las mejillas tersas, pulidas y rosadas de las doncellas, según Pedro Salinas. Las caracolas son espirales susurradas por las olas y bucles infinitos rebosantes de significados. Y son flores de mar y frutos de agua. Y botellas con mensajes lanzados a la desesperada. También, el símbolo que evoca la virginidad recuperada de Afrodita. 

Estrella Ortiz, narradora y escritora alcarreña, las ha coleccionado todas. No por un afán de posesión, sino por una necesidad de expresión. Porque en cada caracola es capaz de percibir desde la aritmética imposible que gobierna el cosmos hasta el destello de poesía que describe el vuelo casi imperceptible de un mosquito. Como escribe en su libro ‘Cuaderno de olas. Caracolas y palabras’, un precioso poemario de versos e imágenes que hace de catálogo para esta exposición: “Vuelo, caracola, remolino, piña, girasol, tela de araña, danza en espiral que se repite de forma similar a las galaxias, hermanadas en luz eternamente”.

La afición de Estrella Ortiz por las caracolas viene de lejos. Desde hace años colecciona no sólo los objetos que le regalan los fondos marinos, sino todo cuanto se relaciona con ellas y, sobre todo, poemas. Su antología personal reúne versos de más de cincuenta de autores tan diversos como Rubén Darío, Alfonsina Storni, Benedetti, Gloria Fuertes, Lorca o Lope de Vega. Algunos de estas composiciones son apenas unas mínimas gotas en el inmenso océano de la literatura: “Encendí un caracol / para oír la hora del mar”, escribió, por ejemplo, Javier España.

Inspirada en ellos empezó a fabricar sus propios poemas visuales, pequeñas composiciones artísticas donde las caracolas, conchas y espirales protagonizan las escenas, pero también a escribir sus propios versos.

Fruto de todo aquello es ahora la exposición que puede admirarse en la Sala Azul del Infantado, coincidiendo con el Maratón de los Cuentos que este año tiene por tema de referencia el agua. La propia Ortiz ejerce de guía a través de esta propuesta artística que funde literatura escrita y artes plásticas y que invita a la participación de los asistentes con microtalleres dirigidos por Sandra Illana.

La propuesta expositiva

Configurada toda la exposición como una caracola en sí misma, cuenta con cuatro niveles de lectura: en primer lugar, los 47 poemas visuales –composiciones artísticas–; por otro, los poemas que las acompañan e inspiran, aquellos que la alcarreña ha ido atesorando a lo largo de los años. Como tercer plano, unas vitrinas relacionadas con el simbolismo de las caracolas, las conchas y las espirales en su sentido más amplio; y, por último, tres zonas interactivas, entre ellas un huerto de caracolas en el que cada cual puede dibujar sus espirales con un rastrillo sobre la arena y un libro con el que hacer su propia contribución a este enorme cuaderno de olas. 

Hay entre los objetos expuestos algunas joyas, desde una enorme hoja del mítico Árbol de las Caracolas que recibe al visitante hasta un tesoro que puede pasar desapercibido, pero que es un material único: unos polvos originales de pintura azul patentada por Yves Klein, un matiz único que creó este artista que a lo largo de su carrera pintó absolutamente toda su obra siempre con este color.

Están también lo que la artista llama ‘Caracolas por el mundo’, que son caracolas al alcance de cualquier mirada, diseminadas sin que a menudo lo sepamos en cualquier lugar, porque “estamos rodeados de ellas”: caracolas de repostería o espirales en flores. Y varios amigos, como el librero José Durán o la polifacética coordinadora del Rincón Lento, Ana Ongil, han colaborado con sus propias cajas artísticas.

Un arte para todos

Tiene Ortiz un concepto de la cultura abierto a la experiencia personal de cada uno, como una palanca que active al artista que cada uno llevamos dentro, y no como mera exposición de objetos de consumo. Por eso le ha interesado que en la exposición haya un taller para niños o que el cuarto de estos planos de lectura de la muestra sea interactivo: el visitante puede componer su propio poema visual con conchas y caracolas. 

“Me interesa ampliar la mirada poética y comunicarla, ése es el sentido de mi trabajo”, sostiene la escritora y narradora arriacense. Por eso esta exposición cerrará sus puertas en la Sala Azul, pero tiene garantizada su continuidad en una itinerancia tan prolongada como una de estas espirales infinitas. Cuando el público abandona la muestra siguen resonando en su cabeza los ecos marinos de estas caracolas, y mantiene vivo el dibujo concentrado en espiral de tantas de estas imágenes, de éstas –como también las llama Ortiz– mensajeras de la paz y pajaritas de sal… y cada cual empieza así a atrapar sus propias conchas en el mar –¡qué obviedad! – y en sus playas, pero también en el cielo, en las montañas o en cualquier lugar de una casa cualquiera.