Llamazares: "La literatura está para dar calambre"

El escritor leonés clausuró el ciclo de conferencias del Maratón con una reflexión sobre las distintas formas de mirar el agua, título de su nuevo libro. • El autor ha visitado después Sigüenza, cuya catedral formará parte de la segunda parte de 'Las rosas de piedra'. • Admirador de la provincia, Llamazares confesó que debe a Guadalajara "dos o tres historias de su libro más vendido, 'La lluvia amarilla".


Hay muchas formas de mirar el agua, la vida, y por eso hay también muchas formas de entender la literatura. Los ejemplos de los escritores Juan Benet y Julio Llamazares son reveladores, porque sus vidas se unieron (o más bien, desunieron) en torno a unas mismas aguas. El primero, autor de todo un clásico ya como 'Volverás a Región', fue el ingeniero que construyó la presa del pantano de Porma, que en 1965 sepultó bajo las aguas a cuatro pueblos leoneses, entre ellos el que vio nacer a Llamazares. Por eso donde aquel otro escritor, más mayor, veía el agua como una fuente de desarrollo, el segundo veía un reguero de recuerdos dolorosos para sus familiares, obligados a emigrar. Uno escribió cuando comenzaban las obras del pantano su obra cumbre, el otro seguramente empezó a cultivar allí esa mirada nostálgica que le ha caracterizado y sin la cual, posiblemente, tampoco existiría esa gran novela que es 'La lluvia amarilla'.

Sobre la vida, la literatura y las aguas ha reflexionado este domingo el escritor leonés Llamazares en el cierre de de las conferencias del Maratón de los Cuentos de este año, ante un salón de actos del Infantado abarrotado. Ha relatado su sentimiento de amor a la tierra, a la naturaleza y al agua, una forma de mirar que con el tiempo ha esculpido a un escritor romántico, intimista, que defiende que "la literatura no está para entretener sino para emocionar, para dar calambre, como cuando metes los dedos en un enchufe".

El encuentro con los lectores ha resultado revelador porque el escritor ha ido deslizando algunas sorprendentes confesiones. Por ejemplo, que no sólo continuará con su ambicioso viaje por España de catedral en catedral, con una segunda parte de su libro 'Las rosas de piedra', sino que acaba de escribir precisamente el capítulo que dedicará a su 'excursión' literaria hasta Sigüenza.

El escritor vive una etapa prolífica, a pesar de que, como ha reconocido, suele llevar un ritmo pausado de publicaciones. Así, ha confesado también que hace quince días que ha terminado su nuevo libro, que casualmente tiene un título relacionado con el tema del Maratón de Cuentos de este año: 'Diferentes formas de mirar el agua'.

De Guadalajara ha hablado también, y mucho. No sólo ha revelado que conoce bien la provincia, sino que le "debe dos o tres historias" que aparecen en su libro más vendido y elogiado, 'La lluvia amarilla', donde se narra la historia inventada del último habitante del pueblo oscense de Ainielle. Según ha dicho, el arranque de este monólogo oscuro y desgarrador fue tomado a partir de la historia real de la última habitante de La Vihuela, "donde nace el Jarama", que resistió sin emigrar y fue encontrada muerta.

El escritor leonés conoció éste y algunos pueblos más de la sierra cuando viajó a buscar localizaciones para la película 'Flores de otro mundo', que se rodó en Cantalojas y cuyo guión firmó: "Iciar Bollaín y yo nos recorrimos los pueblos de Molina de Aragón, esa tierra de nadie, en mitad de ninguna parte, porque es el lugar más lejano de cualquier capital de provincia que pueda haber en España".

Dos historias sobre agua

En el "festival de cuentos más importante del mundo", Llamazares ha querido compartir con el público dos historias sobre el agua: una leyenda que contiene su libro de viajes 'El río del olvido', donde recorre el cauce aguas arriba del río Curueño, en la comarca leonesa donde nació; y otra más titulada 'El valor del agua', un cuento narrado por un nieto sobre una historia conmovedora de su abuelo, desplazado de su pueblo de origen por la construcción de un pantano. Aquí, como en la anécdota que inspira el inicio de 'La lluvia amarilla', también hay una base real; el propio escritor ha asegurado que la realidad siempre está en el origen de aquello que escribe.

Pero el novelista, que también ha publicado poesía, ensayo y reportajes en prensa, también ha defendido en Guadalajara una nueva 'cultura del agua' que se aleja de la filosofía que el también escritor Juan Benet propugnaba, su "sueño" de unas corrientes de agua "utilitaria, como un bien que hay que aprovechar hasta la última gota", y que en los años ochenta llevó a poner en marcha políticas trasvasistas y de creación de pantanos que hoy desde estas otras perspectivas resultan muy cuestionadas por ecologistas, pero también en círculos intelectuales y universitarios.

El agua y el libro, como espejos

Para Llamazares, en cambio, "un río resume el mundo, sea grande o pequeño" y el agua es "un espejo" en el que éste se refleja. "A mí me importa el fondo". Y esa forma "romántica" le acompaña en su literatura: "mi debilidad por la memoria, por la fugacidad de las personas y por la nieve, metáfora de la fragilidad del hombre, impregna todos mis libros". También los lectores tienen su propia mirada, ha añadido: "un libro es donde proyectamos nuestro estado de ánimo, es un espejo que pones delante del lector; un cuento sirve para pasar la vida, para entenderla, para vivir más vidas de las que te corresponden y en las que te reflejas".

Llamazares también ha reflexionado, esta vez a preguntas del público, sobre el oficio de escribir, algo que "hoy está de moda, da prestigio y popularidad" pero que antes "era marginal, un oficio de bohemios". Escritor, ha dicho, es "aquel que seguiría escribiendo aunque no publicara". Y el éxito consiste en "emocionar a la gente"; lo otro, contar por contar historias, es "fácil".

Una de las lectoras ha emocionado precisamente al escritor al explicarle el modo en que vivió desgarradoramente la lectura de 'La lluvia amarilla': "me transmites mucha coherencia, mucha transparencia, como el agua. Gracias", le ha dicho desde la primera fila del patio de butacas. Y él ha contestado agradecido porque "escribir es la más solitaria de las artes" y es difícil saber dónde llega tu literatura y a quién emocionas y ha confesado que su "mayor objetivo como escritor es la transparencia" y "llegar al corazón de la gente". Estas son también otras distintas formas de mirar... la literatura.