Recolectores de cuentos

El filólogo y folklorista José Manuel Pedrosa y el narrador africano Adama Adipoju comparten en el 23º Maratón de Cuentos sus proyectos como buscadores de cuentos y leyendas. • Pedrosa presentó varios videos de valor etnográfico que revelan mitos e historias desde Africa, América del Sur y La Habana. • Adipoju abandera el proyecto 'H2O Palabras de agua', con el que ha recorrido 7 países africanos, sobre todo del oeste, para llevar el cuento a la población y facilitar a través de él, el acceso democrático de la cultura.


Hay lugares en Africa donde se ve la televisión incluso donde no llega la luz eléctrica. Y donde la gente no cuenta cuentos, por extraño que parezca. Los únicos lugares donde se sigue contando es en las bodas y en los entierros y en este último caso, únicamente cuando el finado es ya un anciano que ha vivido todo lo que debía. Este es uno de los hechos reveladores, también tristes, que el narrador costamarfileño Adama Adipoju se ha traído en la maleta después de viajar por 7 países africanos -sobre todo del oeste- además de Cabo Verde, y 17 poblaciones con su proyecto 'H2O, Paroles d´eau (Palabras de agua)', una aventura con la que ha se propuso llevar el cuento a la población y facilitar a través de él el acceso al arte y a la cultura en general. Hacer de las artes, en definitiva, un instrumento de desarrollo permanente.

El viaje además de tener una semblanza narrativa y reflexión sobre la oralidad en pequeñas aldeas remotas, dibuja un territorio empobrecido, donde conseguir un barreño de agua es costosísimo. Tanto que hay lugares donde se retrasa la hora de entrar a la escuela porque son los pequeños los que, con su fuerza, accionan la palanca que llena de agua los cubos, como una tarea diaria que se antoja ya un ritual.

Más de cien cuentos sobre el agua

Adepoju, que ha contado para su traducción con el narrador Carles García Domingo, su alter ego en los escenarios españoles, ha compartido fotografías de sus viajes por Costa de Marfil, Guinea Conakry, Burkina Fasso, Níger, Cabo Verde, Liberia y Sierra Leona -estos dos últimos fueron especialmente complicados porque tras 12 años de guerra, aún quedan bandidos y las carreteras no están en buen estado, explicó-. El resultado: 100 entrevistas, 6.500 contactos, 95 cuentistas y 105 cuentos relacionados con el agua, recolectados en lugares donde los lagos son sagrados -más que los lagos sus peces, que en realidad, son los ancestros-, donde existe la figura del grió, el mago, que es el que cuenta historias y lugares, también, donde descubrieron talentos que 'ficharon' para festivales, porque el viaje tuvo también una parte de intercambio de artistas.

'H20, palabras de agua' se ha convertido además en un documental que se ha visionado en varios canales internacionales de televisión, una mediateca virtual en línea que permite preservar el patrimonio, varios manuscritos y dos espectáculos: 'Palabras de agua' y 'Cuentistas de agua', que se están viendo en festivales y salas de teatro de Africa y Europa.

Adama Adipoju era profesor de francés, trabajaba para el Estado y dejó su vida cómoda -ser funcionario supone tener casa gratis, entre otras cosas- para ser narrador. Contó su historia, a propuesta de una de las asistentes, que se mostró curiosa por saber cómo Adama había llegado a vivir del cuento -tuvo que trabajar en restaurantes y pasar la gorra incluso, para sobrevivir- y qué diferencias encuentra entre contar en un escenario y una de las aldeas que ha conocido con su proyecto. "Me gusta contar más en los pueblos", dijo. "Los cuentos son un arte democrático que se aprende con la práctica pero sí se está viendo la necesidad de formar" a través de "talleres, pese a que es verdad que el 80% lo da la personalidad del narrador", finalizó.

De leyendas místicas y urbanas

No es narrador pero sí busca quienes sin serlo profesionalmente, aporten esa personalidad de la que habla Adepoju. El filólogo y folklorista José Manuel Pedrosa es de alguna forma también, recolector de leyendas y cuentos populares como el costamarfileño. Su búsqueda no forma parte de ningún proyecto concreto sino de un hallazgo sorpresivo que se materializa en sus viajes en forma de historias. Ya sean en La Habana, en pleno Comité en Defensa de la Revolución, en Africa -"hoy todavía continente de los grandes cuentos maravillosos"- o metido en un taxi en pleno centro de Méjico.

Pedrosa presenta a Shinda, juguetero indígena de 82 años, perteneciente a la comunidad otomí, que guía al espectador hasta llegar al cementerio de las ánimas donde, dice, yacen aquellos que han hecho mal en su vida. Va de la mano de uno de sus nietos y con su bastón toca la tierra todavía ennegrecida de los que una noche antes habían encendido una hoguera. Shinda sabe muchas historias, afirma Pedrosa, "tiene una cartografía mítica del mundo". Su hijo Orlando ha heredado su oficio de juguetero y también cierto espíritu de contador.

"En América se ha agotado el repertorio de cuentos tradicionales", señala Pedrosa, que también muestra algunos documentos más sobre historias de miedo, sobre leyendas con un componente alto de religiosidad popular como 'El judío errante' y 'La mano peluda'; acerca de leyendas urbanas, protagonizadas por mujeres oscuras que por la noche se aparecen sólo a los hombres para engatusarlos y sobre ritos y sesiones de santería, como los que presenció el propio Pedrosa al asistir a la consulta de un curandero en una aldea, con sanaciones con un componente de realismo mágico, casi.