Encuentro navideño

-No grites, que ya está aquí al lado –dice el negro en voz baja.

-Creo que ha llegado el momento –dice el de barbas-.

-Venga, tú entras primero para llamar su atención, te haces el despistado y cuando vaya a salir por la otra puerta, nosotros estaremos allí y ¡zas! –dice el otro barbudo.*

-¿De verdad que es él?

-Sí claro, lo he visto entrar con el saco a cuestas y ese ridículo atuendo rojo que lleva.

-Vale, entonces voy a entrar ya.

Los tres están escondidos en la cocina. Salen sigilosos al pasillo que da al vestíbulo y también al salón, y ahora entra uno de ellos en ese salón iluminado por las luces que cuelgan del pino de navidad y por los restos del fuego de la chimenea. Al lado del pino hay un hombre gordo que deposita un gran saco y se agacha para sacar unos regalos de él. Está de espaldas al que ha entrado y cuando se da la vuelta, nada más notar su presencia, pone cara de sorpresa. El que ha entrado habla:

-Te pillé. Llevas ya unos años entrometiéndote en nuestro terreno. Coge lo que acabas de dejar y te largas de una vez por todas para no volver más ¿entendido?

En cosa de un instante, mientras hace como que coge sus cosas, lleva una mano al bolsillo de su abrigo y saca una pistola. Ahora le apunta con una magnum de 9 mm (bueno no estoy seguro, porque no entiendo de armas) y le contesta en plan chulo:

-Tararí que te vi. Jajaja. De vosotros ya no se acuerda nadie. Esto ahora me pertenece –dice mientras le enseña unos billetes que ha sacado de los zapatos más grandes que hay al lado del pino.

Ahora al Rey Mago no se le ocurre ningún truco de magia y observa los regalos que habían salido del saco y que están envueltos cuidadosamente en cajas y papeles de Toys'R'Us, El Corte Inglés, con dibujos de Disney… Está muy serio y callado.

-¿Dónde están tus compañeros? –dice muy tenso el gordo-.

-Ellos aún no han llegado. Yo me adelanté para ver si hablaba contigo.

Santa Claus acerca la pistola al cuerpo del otro y le dice que se tumbe de espaldas. Entonces lo ata con una cuerda y sale con su saco y los billetes. Conforme abre sigilosamente la puerta que da directamente a la calle, le cae encima una manta.

Se escuchan gritos.

-No te muevas.

-Eres nuestro.

-Ahora si que vas a saber lo que es bueno.

-Mamonazo.

-Chsssss. Tampoco te pases. Cuida ese lenguaje.

Le quitan el saco y el dinero y entran, ahora apuntándole a él con su propia arma. Ya en el salón, una vez que han desatado al compañero, recogen las cajas y dudan de si dejar otros juguetes: un parchís, un osito de peluche, una bici pequeña… pero cuando uno dice: “aún no es el momento”, escuchan que hay alguien en la escalera que da a las habitaciones de arriba. Ven a una niña ahí parada que mira con cara de sueño mientras se frota sus ojos asustados. Todos se quedan callados. De pronto se escucha una melodía que posiblemente sale de un móvil. “Navidad, navidad, dulce navidad…” Y en ese momento, la niña rompe a llorar.

*Aunque esta historia estaba pensada para un posible guión de corto, se ha convertido en relato.


Josean Aparicio es escritor molinés y acaba de publicar en Editorial Volapük su primer libro, la recopilación de relatos 'Exiliados del paraíso'.