Relato de un pensamiento

 Hola chicos ¿Qué tal? –dijo Nero subiéndose al coche.

 −Bien tío ¿y tú? –contesté.

 −¿Qué es esa música? –preguntó Nero.

 −No lo sé, N cada vez escucha cosas más raras.

 −Shh, escuchad, maravillosa. –dijo N cerrando los ojos− ¿Qué pasa colega? –dijo dándose la vuelta y alargando el brazo para chocar con Nero.

Quieres mirar a la carretera cabronazo –dije agarrándole del brazo y devolviéndole a su asiento, Nero río.

Quieres dejar el móvil, estás con los colegas tío, ya ligarás luego –dije.

Eh tío que agresivo, desde que eres famoso Red…

−…Está intratable –continuó N rápidamente–. Eh, me voy a estampar contra esa furgoneta, está decidido −dijo N mirando al automóvil que estaba delante, parado por un semáforo en rojo.

Imagínate que hay niños chinos dentro y los rescatamos −dije.

Si empiezan a salir me muero de la risa –dijo N.

El semáforo se puso en marcha y la furgoneta arrancó.

Hemos perdido la oportunidad de ser héroes –dije.

El destino lo ha querido así –finalizó N.

Chicos escuchad, necesito ideas para una buena historia, que enganche, original, ya sabéis, a ver si me ayudáis –dije.

Pff, puedes hablar de unos niños chinos robados y de cómo los rescatan tres idiotas –dijo N, reímos.

Mirad las luces de navidad, me encanta la navidad, ¿no os encanta? Y además con esta música extraña que pega perfectamente… −dije mirando las bombillas que lucían a lo largo de la calle−. Es el mejor día de mi vida.

¿Ves cómo era buena música? –Contestó N.

Espera, ya no hay, dios, es el peor día de mi vida, ¿por qué me has hecho esto?

Creo que la fama le está volviendo loco –dijo N, Nero rió.

El siguiente trecho hacia el centro comercial fue tranquilo, hablando de todo y de nada, sin seriedad pero sin exceso de risas. Llegamos allí, N quería unos vaqueros así que nos metimos en la primera tienda que vimos. N se fue a la zona de los pantalones mientras Nero caminaba observando otras cosas.

¿Qué tal éstos? –dijo él superponiéndose unos.

Magnífico, solo te queda dejarte bigote, patillas, un cigarro y ya estás en los 70. –comenté.

Que va, estos molan –dijo el dubitativo− creo que me los voy a probar.

Vaya, hola Springsteen ¿Te vas a dejar barba? –dijo Nero volviendo.

Vale, vale. –sentenció N dejando los pantalones.

¿Y un tío que viaja en el tiempo? –dijo Nero refiriéndose a mi historia.

Mmm podría ser, aunque hay muchas historias así.

¿Y estos pantalones? –Dijo N enseñándonos otro par.

Esos son de padre total –contesté-. Espera: podría ser tu padre −dije mirando a Nero−. O tú el mío, no, mejor yo el tuyo y vengo a advertirte de algo.

Sí, una catástrofe, no sé…

N tío no me ayudas nada –dije.

Podrías escribir la historia de un tipo que trabaja en el Foster Hollywood, y entonces acaba trabajando en Hollywood de verdad vendiendo lámparas a famosos.

 −Y entonces un día entra Brad Pitt, le saluda y le devuelve el saludo, podría llamarse la vida de eme de N –Nero rio.

Me desanimáis tíos, nada, no me compro nada –dijo N indignado y yéndose.

¿Vamos a merendar y a hablar de nuestras mierdas? –preguntó Nero.

¿Son preciosas las chicas? –contesté.

Yo no sé cómo lo hacen pero cada vez son más guapas todas, sobre todo aquí, yo voy por la calle y no veo las bellezas que hay aquí –comentó Nero.

Deberías no decir tantas verdades porque un día te van a matar –dije.

Llegamos al Mcdonalds, pedimos y nos sentamos en una mesa.

Red, podías escribir cuando os peleasteis tú y N –dijo Nero riendo.

Fue por su culpa –sentenció N.

¿Por la mía? Eres tú el que no sabe perder y siempre se excusa para no asumir sus cagadas –contesté contundente.

Eso es cierto –dijo Nero.

Anda, habló el miedica e inseguro –contestó N.

Uhh –dije.

Por supuesto tenía que decir algo el egocéntrico que se cree que lo sabe todo y es más listo que nadie –dijo Nero fanfarroneando.

−…

−…

−…

Oye ¿y una película sobre dos chicos que nacen con un día de diferencia y se conocen en la incubadora pero no se ven hasta diecisiete años después? –dijo Nero.

No, quiero guardarme nuestra historia para más adelante –contesté pensando.

¿Y sobre una familia numerosa que se va de vacaciones pero olvidan al hijo pequeño en casa? –dijo N.

Eso está inventado, se llama 'Solo en casa' –contestó Nero, reímos.

¿Y sobre un chico que viaja al futuro con la ayuda de un científico para impedir que pase una cosa? –continuó N, nunca sabes si lo que dice es broma o en serio. Nos miramos y reímos−. Bueno, pues de un tipo que trabaja en un Foster del futuro, luego dices que no te doy ideas.

Madre mía qué preciosidades –dije mirando a dos chicas que pasaban a nuestro lado para sentarse en una mesa próxima.

Ya te digo… −dijo Nero observándolas.

¿Vais a decirlas algo o nos vamos? –preguntó N.

Nos vamos –dijimos casi a la vez Nero y yo.

La de veces que hemos podido decir algo a unas chicas y no lo hemos hecho, una simple conversación que podría desembocar incluso en matrimonio. ¿Cuántas mujeres de nuestra vida habremos dejado pasar? –dije como un pensamiento en voz alta.

También habremos salvado muchas tortas, quien sabe, si son perfectas el destino ya nos volverá a unir –dijo Nero mientras nos levantábamos y nos íbamos hacía el coche.

Tíos, ¿Os habéis parado a pensar alguna vez con toda la gente con la que nos cruzamos cada día? –comenté.

Yo muchas veces, es impresionante y nadie se da cuenta de esa clase de cosas –dijo N.

Las millones de historias interesantes que tendrá cada uno de ellos: problemas, tristezas, alegrías… −seguí diciendo.

Eh chicos, mirad –dijo Nero señalando el puesto de lotería− ¿Y si es una señal? Deberíamos comprar para el sorteo de navidad.

Ostia, podría ser ¿no? –dije emocionado.

No sé, bueno si queréis… −dijo N sin mucha confianza.

Observamos los números y debatimos durante unos minutos, pero sin decidirnos al cien por cien proseguimos nuestro camino.

Oye, podría ser la historia sobre unos amigos a los que les toca la lotería –dijo Nero.

Sí, uno de ellos se lo queda y el dinero acaba por distanciarles totalmente con consecuencias fatales, podría ser factible –dije.

O de un tipo que trabaja en el Foster y salva a unos niños chinos y el destino lo recompensa haciendo que le toque la lotería, pero un viajante en el tiempo que resulta ser él mismo, le dice que no compre el boleto porque solo le traerá desgracias –dijo N. Reímos.

¿Volvemos? –dijo N cuando casi habíamos acabado de bajar las escaleras mecánicas hasta el parking.

No, ya es muy tarde –dijo Nero− ¿No?

Venga, vamos –dije subiéndome de nuevo a las escaleras, Nero y N me siguieron.

Vamos tíos, es el destino –dijo Nero con el boleto en la mano.

Creo que tenemos al destino hasta las pelotas –dije antes de irnos.

Me guardé el boleto y nos fuimos a casa después de pasar una gran tarde. Y lo que nació de una tontería, se transformó en las mejores navidades de nuestra vida. Cuarenta y siete millones de euros, nada más y nada menos, no lo podíamos creer, era algo tan increíble… No solo el dinero no nos distanció, si no que nos unió aún más, fuimos todo lo que queríamos ser y cada uno teníamos al lado a las dos personas a las que más queríamos…

Y aquí estoy el día de fin de año del dos mil ochenta y uno, con noventa años, bajo el techo resquebrajado de una chabola medio destruida, escribiendo a máquina. No estoy seguro de qué es lo peor, si saber que todo lo anterior jamás pasó, que nunca podré tener amigos así, tener la certeza de que nunca podré llegar a experimentar sensaciones ni remotamente parecidas… o arrepentirme cada día, cada segundo de no haberme atrevido a hacer nada importante con mi tiempo. Antes temía a la muerte, ahora solo tengo miedo a no volver a temer nada… El sentimiento más duro es el de saber que has desperdiciado tu vida.


Benjamín Blas acaba de publicar su primera novela, 'Destino'.