Gavíria: “Tras el 11-S, quise imaginar un atentado nuevo”

Martín Torres Gavíria (Alcanadre, La Rioja, 1955) es agrónomo de formación y responsable del negocio inmobiliario de Ibercaja en La Rioja. Cuando deja las cifras, se vuelve de letras. No en vano, ha sido autor de varios relatos, que le han reportado varios premios. Ahora se lanza con su primera novela 'Aish: el pan da vida, el fuego la destruye', (Ed. Muslaris, 2012), un thriller para el que se documentó durante 10 años, que mezcla la financiación terrorista, el fango de los servicios de inteligencia y de las compañías productoras de alimentos transgénicos. Lo presenta el lunes 17 de diciembre en el Centro Cultural Ibercaja, a las 20 horas. Dice que habrá segunda parte.


Desde el desierto de Mauritania hasta los campos agrícolas de Indiana donde el monopolio de las patentes de semillas transgénicas imponen su ley; desde las montañas de Afganistán a las calles de Washington, Londres y Nueva York, Martín Torres invita, a lo largo de casi 500 páginas, a vivir un misterio donde la intriga se mezcla con venganza, honor, heroísmo y los secretos del New World Order.  

Tres asesinatos cometidos en Mauritania, Lewknor (Oxfordshire, Inglaterra) y Hyattsville (Washington) llevarán a los investigadores a sorprendentes descubrimientos. Torres Gaviria ubica al lector en pleno siglo XXI, la guerra contra el terrorismo parece controlada; Osama Bin Laden ha muerto y todo apunta a que Occidente, por fin, ha ganado. Pero quien siembrea vientos recoge tempestades.

El pan da vida, el fuego la destruye. Y de las entrañas del sistema surge la mayor amenaza terrorista de la historia. 'Aish' se presenta el lunes 17 de diciembre, en el salón de actos del Centro Cultural Ibercaja de Guadalajara. Contará con la presentación del escritor y periodista Pedro Aguilar.  

¿El pan da vida, el fuego la destruye?

Es una frase clave en la novela. Tiene que ver con el significado de Aish, que es el título y la trama. Es un thriller policiaco, en el que aparecen una serie de asesinatos, que empiezan a investigar los servicios secretos y al final, lleva a la preparación de un atentado que se llama Aish. Eso hace que entremos en el mundo de la financiación terrorista y los servicios secretos La novedad y la innovación de la novela es que entramos en el mundo de las empresas productoras de semillas transgénicas y los alimentos transgénicos.

¿Y qué le llevó a unir financiación terrorista y alimentos transgénicos si, aparentemente, son temas muy dispares?

Tan inconexos... me llevó a unirlos el 11 de septiembre. Estaba viendo las escenas del atentado de las Torres Gemelas y me dije: ¡qué imaginación tan diabólica tienen estos terroristas! Porque tú piensas en atentados típicos como volar una central nuclear, echar gas sarín... pero llegar a esa crueldad maquiavélica... me dije: voy a ponerme en la mente de un asesino de estos y voy a imaginar un atentado novedoso, que no se haya realizado nunca.

También sus conocimientos agrícolas...

Sí, aunque no lo practico (risas)

Casi 500 páginas de novela, donde el 95% son datos reales y el resto, ficción ¿cómo fue esa investigación? Diez años dan para investigar mucho.

Sí. En 2001, empecé el embrión de la novela. Y desde 2001 a 2011 acumulé documentación, investigación, tuve contactos con gente que había estado en servicios secretos... hay mucha documentación que se entremezcla con la novela, lo que hace que sea mucho más creíble. Fueron diez años con las antenas puestas y como una esponja. Todo lo que tuviera relación con este tema, captarlo y ampliarlo. Y ha quedado una novela muy documentada. El lector va a aprender cosas sin enterarse, disfrutando de la novela, que es una novela que engancha.

¿Qué cosas curiosas ha descubierto usted mismo y desvelará al lector?

Hay cosas importantes como por ejemplo cómo se financió el 11-S, cómo entran los diplomáticos de otros países a financiar; cómo funcionan los servicios secretos que a veces, no son tan secretos como parece y el mundo del monopolio de las semillas y alimentos transgénicos es un verdadero descubrimiento y donde yo quiero generar un debate. Si realmente es un desarrollo o un riesgo, sin son más o menos peligrosos que los alimentos tradicionales.

¿Somos lo que comemos?

La pregunta es ¿sabemos lo que comemos? Es importante el etiquetado de las semillas transgénicas, que es otra de las disyuntivas que nos planteamos. Creo que es un mundo interesante y apasionado.

Su trayectoria es larga en relatos cortos, ¿cómo decide pasar a la novela?

Es como si te hicieras mayor. Llevaba mucho tiempo haciendo relato corto, sobre todo histórico. Gustaba, he ganado algún que otro premio y tratas de condensar en unos pequeños folios toda una historia; sin embargo, la novela te permite desarrollar más más puntos de vista, es más colorido, es más trabajoso pero más bonito, más intenso. Andaba con poco tiempo pero tenía ganas.

¿Qué novelistas de cabecera tiene?

El primer escritor bueno que me condicionó fue Benito Pérez Galdós. Fue mi maestro, leerme los Episodios Nacionales y decir: qué cosa más bonita, leer novela y aprender historia ¿no? y cómo lo describe, qué detallista y sin cansarte. Es mi maestro como literato.

¿Qué le aporta la escritura que no le dé el negocio inmobiliario?

Hombre (risa), es una forma de satisfacer tus aficiones culturales, tus hobbies. El trabajo es el trabajo y tienes que comer y desarrollarte profesionalmente pero la novela desarrolla tu faceta más creativa, te sientes muy a gusto cuando todas las noches vienes cansado de la oficina o los fines de semana y te pones a escribir y haces un capítulo o simplemente un folio y ves que aquello te funciona, te sientes muy a gusto contigo mismo.

¿Ya hay material para una nueva novela?

Sí, el otro día estaba paseando y me vino la segunda parte de la novela. Cuando acabe de vender la primera, empezaré con la segunda.

Este lunes presenta 'Aish' en Guadalajara. Lo hará de la mano de otro escritor y periodista, Pedro Aguilar.

Le mandé mi novela cuando me dijeron que accedía a hacerme la presentación y hace un par de semanas, nos juntamos en Guadalajara y me causó una impresión extraordinaria. Estuvimos cambiando impresiones de la novela. Es bastante más conocedor que yo de la filología. Al fin y al cabo, soy un narrador de historias más que escritor.

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