Poemas al viento

Dieciocho poetas se dieron cita anoche en una coqueta y llena plazuela del Carmen en una nueva edición de 'Versos a medianoche', que mezcló poesía y música, contó con nuevas voces en el recital y tuvo momentos de recuerdo a José Antonio Ochaíta y Miguel Hernández.


Hace 44 años el poeta jadraqueño José Antonio Ochaíta moría mientras recitaba su poema 'Tengo la Alcarria entre las manos' en una de las veladas literarias bautizadas como 'Versos a medianoche'. Fue en Pastrana pero anoche, en la plaza guadalajareña del Carmen, donde se alza su busto y donde cada año es testigo de la cosecha poética de Guadalajara, la estela de este letrista de copla -y coautor del Porompompero- volvió a lucir a través del recuerdo de Carmen Bris y Jesús Valero, dos de los dieciocho poetas que subieron al escenario de una nueva edición de 'Versos a medianoche', bien conducida por la poeta Carmen Niño.

A lo largo de dos horas se sucedieron voces diversas y la poesía se mostró clásica, divertida, minimalista, irónica, en toda su horizontalidad, dulce y emocionante, en francés, inglés y en castellano. Y casi siempre acompañada por la música del violín de Paz Martínez, la guitarra de José de Lucas y el milenario aerófono de Javier de Tusalle. Abrió el recital el alcalde, Antonio Román, que recordó su apoyo "a la cultura y a la poesía" y acto seguido, manaron los versos bajo la fachada rosada de la iglesia del Carmen en un escenario decorado con algunos libros abiertos y unas bonitas velas -aunque el agradable viento impidió que todos los espectadores encendieran la suya-.

Alfredo García Huetos, recuperado para esta edición, abrió con su poema 'Barbarie', una metáfora de los tiempos que corren -dijo- donde "el no saber ocupa lo mismo que el saber". Habló de lugares comunes, de "una bella ciudad en blanco y negro" -Guadalajara- y dio paso a Carlos Doñamayor, poeta invitado este año por primera vez, que regaló poemas basados en recuerdos, extraídos de su obra 'El eco trascendido'. El joven Carlos Utrilla puso humor y trascendencia a la noche: "la poesía es una forma de vivir, no de escribir".

Incondicional de la cita, la jadraqueña Carmen Bris regaló sus versos de espigas, de trenes, de nubes y viento. Subió al escenario junto a Esmeralda Bermudo y Gloria Celada -ambas nuevas en este recital-. Bermudo quiso con su prosa poética reflexionar sobre el amor fugaz, sobre poemas que no entienden de nombre, sobre niñas de barro -"en un guiño al niño que nunca deberíamos dejar de ser", dijo- y terminó con un canto a la belleza, que está en peligro de extinción.

Por su parte Celada, con voz excepcional, eligió poemas intimistas que dieron paso a la performance poética de Gracia Iglesias y Pedro G. Chaín, que apostaron por poemas del libro de la primera, 'Gritos verticales', y un avance de 'La cicatriz', el nuevo libro que presentará Gracia Iglesias en la próxima edición del Festival de Poesía Arriversos que se celebrará en septiembre. Chaín, tenor, se atrevió con una versión de 'Ain´t no sunshine' a capella y ambos terminaron cantando al alimón una versión lírica de 'Ay pena, penita pena'. 

Fotos: E.C.

Xavier de Tusalle, acompañado de un aerófono de 3.000 años de antigüedad y una armónica, deleitó con poemas de muerte y oscuridad y Jesús Campoamor, el pintor castellano afincado en Torija, regaló versos a su nieta Olivia e imprimió su huella profesional con poemas sobre la belleza de la luz y del color. El paisaje, siempre.

Por su parte, el poeta Jesús Valero junto a José de Lucas regaló un aperitivo del que será su nuevo disco-libro de poemas, que también será presentado en el Arriversos de Poesía en el Teatro Moderno. De él extrajo 'Déjame en paz... poesía', al que siguieron unos versos en recuerdo a José Antonio Ochaíta, cuya muerte presenció Valero, cuando él apenas tenía 11 años: "...y el poeta cayó con la Alcarria en las manos..." A su lado, Jorge Mato cogió el testigo para rociar el escenario con las estrofas de 'Metáforas de una memoria imaginada', con bellas nórdicas, abubillas y prosa poética. Momento más solemne fue el protagonizado por José Antonio Suárez de Puga, que ofreció unas "estrofas de arte menor" tituladas 'Patria', acompañado del violín de Paz Martínez.

Con humor, José Luis Gómez Recio, creador de la tertulia poética Diversos -varios de los poetas participantes en la velada conforman este grupo literario-, ofreció versos que hablaron de amor, de soledad, de sexo y de vida aún por vivir. "Ya no encuentro safaris entre mis piernas", admitió anoche. Distinta, la poesía de Mª Ángeles Novella, se convirtió en canciones de mar y amor, con recuerdo a Miguel Hernández incluido. Mª Carmen Peña, por su parte, cerró este trío poético, con dulce poesía en castellano -dedicado a sus pequeños alumnos de Infantil- y en francés, idioma que le apasiona y que invitó a escuchar y sentir sin más, sin traducir.

Los últimos en subir al escenario fueron Mª Carmen Solanas, Ramón Hernández y Carmen Niño, estupenda maestra de ceremonias. Solanas, aficionada a la micropoesía, optó esta vez por declamar versos más largos. Sobre las mil historias que puede sugerir la palabra "levantarse", los que surgen en un kilométrico viaje de 18 horas por carretera o los que se crean para ser dichos en posición horizontal.

Hernández optó por su 'Círculo cerrado' y por una oda de amor a su compañera de vida, Mª Jesús. Carmen Niño respetó la intervención de 4 minutos que se había fijado por poeta y compartió con todos un poema escrito a su madre y al amor, 'Líquenes azules', con el que cerró el recital. La bonita música de 'Soñé una vida', del musical Los Miserables, sonó emocionante en el violín de Paz Martínez. Un broche de oro para una noche de sentimientos compartidos, una edición muy cuidada y embellecida en su puesta en escena y que incorporó de manera acertada nuevas y jóvenes voces. Un buen modelo a seguir en próximas ediciones.