Cuando los intelectuales 'tomaron' el frente de Torija

Hace 80 años una delegación del II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura visitó el frente de Torija y Brihuega, tras la Batalla de Guadalajara. • Entre ellos, poetas como Miguel Hernández, Herrera Petere o Rafael Alberti. • Este texto y las imágenes que le acompañan forman parte del capítulo 7 del libro Torija 1937. La otra mirada de la guerra, de Jesús Gálvez Yagüe y José Carlos Felipe Encabo (Intermedio Ed., 2017).


El político y el escritor que merezcan tal nombre, deben coincidir, por vías distintas, como hemos coincidido ahora los asistentes a este Congreso, con el impulso del soldado del pueblo. 

Juan Marinello (Cuba), Presidente de las Delegaciones Hispanoamericanas en el Congreso.


Al finalizar en 1935 el Primer Congreso Internacional de Escritores en París se acuerda celebrar el próximo en Madrid en 1937, pero nadie pensaba que en el citado año sería una ciudad sitiada y en guerra. La celebración de un congreso de estas características en la España republicana suponía una baza propagandística de primer orden y los responsables no desistieron de celebrarlo en la fecha prevista, si bien, por razones de seguridad, se inició en Valencia, aunque viajaron a Madrid y visitaron no solo la capital sino también diversos frentes y pueblos. El intelectual comprendió que estaba en juego la condición humana y, por consiguiente, su propia dignidad como persona. Sobre la tierra de España se estaban decidiendo los destinos del mundo.

Del 4 al 18 de julio se celebra en Valencia, Madrid, Barcelona y París el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Los congresistas visitarían Port-Bou, Barcelona, Valencia, Madrid, Gerona y recorrerían el frente de Guadalajara antes de marchar a París para las últimas sesiones. La clausura tendría lugar el 18, un año después de que los militares golpistas se rebelaran contra el orden constitucional.

Efectivamente, aquel domingo 4 de julio, vísperas de la batalla de Brunete, el Congreso era inaugurado por el presidente del Gobierno, Juan Negrín, en el Palacio del Ayuntamiento de Valencia. Por la noche asistieron a una representación, en el Teatro Principal, de 'Mariana Pineda', de Federico García Lorca, puesta en escena por Manuel Altolaguirre en homenaje a su autor y en la que Luis Cernuda actuó como don Pedro. Esa misma madrugada los congresistas recibieron la visita de aviones nacionales que, a modo de bienvenida a la inteligencia, bombardearon la ciudad.

Entre más de un centenar de participantes de todo el mundo, cabe citar, para dar imagen de su categoría intelectual y prestigio literario a Louis Aragon, André Malraux, Julien Benda y Tristan Tzara, de Francia; Bertolt Brecht, Heinrich Mann, Ludwig Renn y Anna Seghers, de Alemania; Alexis Tolstoi, Ilya Ehremburg, y Mijail Koltsov, de la URSS; W. H. Auden, Stephen Spender y Sylvia Townsend Warner, de Inglaterra; Malcolm Cowley y Langston Hughes, de EE.UU; Denis Marion, de Bélgica; Martin Andersen Nexo, de Dinamarca; Nordalh Grieg, de Noruega; Ambrogio Donini e Incola Potenza, de Italia; Jaime Corteçao, de Portugal; José Mancisidor, Octavio Paz y Carlos Pellicer, de México; Alejo Carpentier, Juan Marinello y Nicolás Guillén, de Cuba; César Vallejo, de Perú; Cayetano Córdova Iturburu y Raúl González Tuñón, de Argentina; Vicente Huidobro, Pablo Neruda y Alberto Romero, de Chile.

Y los españoles Rafael Alberti, José Bergamín, Corpus Barga, Rafael Dieste, Gustavo Durán, María Teresa León, Antonio Machado y Ramón J. Sender, así como los artistas y escritores firmantes de la Ponencia Colectiva leída por Arturo Serrano Plaja: Antonio Sánchez Barbudo, Ángel Gaos, Antonio Aparicio, Arturo Souto, Emilio Prados, Eduardo Vicente, Juan Gil-Albert, el poeta guadalajareño José Herrera Petere, Lorenzo Varela, Miguel Hernández, Miguel Prieto y Ramón Gaya.

El programa general del Congreso resultó ambicioso y extenso. El conjunto fotográfico recoge diferentes momentos del mismo y la prensa republicana (El Sol, La Voz, Ahora, Abc, Política, Crónica, La Vanguardia, Informaciones, El Noticiero Universal, Adelante, Frente Rojo, El Mercantil Valenciano, El Pueblo, El Mono Azul, Hora de España, Nueva Cultura…) informó detalladamente a lo largo de estos días.

Hacia el frente alcarreño. Miércoles 7 de julio

Al anunciarse el programa que las delegaciones debían cumplir, se fijaba para el día 7 de julio la asistencia a un tour por los frentes de combate, pero sin concretar la zona. La “sorpresa” de Brunete ayudó a definir el itinerario de manera que la visita pudiera realizarse sin poner en peligro la vida de los delegados. El corresponsal del diario Heraldo de Madrid escribe: Una representación de los camaradas que asisten al Congreso de Escritores Antifascistas ha visitado el frente alcarreño. Los compañeros extranjeros fueron obsequiados con una fiesta, al final de la cual desfilaron varios batallones en columnas de honor. La marcialidad y la alta moral de nuestros soldados mereció unánimes elogios”.

Una veintena de congresistas, pues, gira rápida visita al frente de Guadalajara y nos deja sus impresiones. La famosa fotógrafa alemana de origen polaco Gerta Pohorylle, más conocida como Gerda Taro, también estuvo presente, días antes de encontrar la muerte en el frente de Brunete. Ya conocía Torija: a mediados de marzo había recorrido las zonas conquistadas, circulando por carreteras estrechas, llenas de barro, con gran trasiego de camiones y carros de combate.

Hacía más de tres meses que la batalla de Guadalajara había acabado y, tras el bombardeo que sufrió en sus propias carnes, Torija intentaba recuperar la calma, pero nada era igual a los veranos anteriores al 36. Unos habían marchado a pueblos cercanos para evitar la primera línea del frente; otros, habían perdido todo o tenían sus bienes incautados. Así, las fuerzas políticas e intelectuales republicanas se volcaron para levantar la moral de quienes habían contribuido en la primera victoria de la República.

Cuando en la mañana del 7 de julio de 1937 apareció en la plaza una caravana de coches buenos, con señores muy importantes, el ritmo diario cambió por momentos. Pocos conocían su llegada pero la noticia corrió como la pólvora y los lugareños se reunieron a la sombra de las acacias. Los niños, en primera fila, en la explanada del juego de pelota. Sus caras expresan curiosidad y atención. La escena se desarrolla con un fusil en primer plano que deja patente el entorno de guerra. Todos dirigen sus miradas hacia la escalinata de la casa desde donde se alienta a las tropas formadas en posición de descanso. Un soldado sujeta el mástil y descansa en formación bajo un sol de justicia. Sobre sus hombros, viste cazadora de cuero a pesar de los rigores del verano y en su dedo meñique luce una sortija. Por un día la rutina diaria de Torija se había roto.

Se comentó que todos hablaron muy bien y eran personajes importantes. El nombre de Rafael Alberti les resultaba más conocido; no así otros, como Martín Andersen Nexo, presidente del Congreso, mezclado entre el público. La visita fue breve, tan solo unas horas, pero el estímulo para torijanos y tropas destacadas fue impresionante. Ya no estaban tan solos. Al final todo fue una fiesta. La marcialidad del desfile militar, al ritmo de clarines y tambores, supuso el broche final de tan importante visita.

Denis Marion, uno de los intelectuales belgas más activos y comprometidos con la República, director del periódico Combat, asistió al Congreso y viajó a Torija y Brihuega. De su extensa crónica, estas breves líneas dan idea de lo vivido aquel día:

VI. Guadalajara

Salimos a visitar el frente de Guadalajara. A la salida de Madrid, nuestro coche se detiene para recoger a dos milicianos que deben volver a su puesto después de un permiso de ocho días.

[…]

Después de haber dejado en su puesto a nuestros dos hombres, llegamos a Torija, pueblecito donde los milicianos están acuartelados y nos han preparado una comida frugal: tomates, cebollas, pepinos bañados en aceite y vinagre y algunos chorizos, todo regado con agua fresca y un vinillo delicioso.

El general H [Hans Kahle], que nos acoge, se excusa de la pobreza del menú, pero nunca una comida fue ofrecida con más cordialidad y degustada con más apetito.

Al salir a la plaza, un miliciano se acerca a mi mujer:

¿Hay franceses aquí?

Yo, responde ella para no complicar las cosas.

¡Qué suerte!, hace tiempo que no he encontrado un paisano. Tiene que venir a casa: nos alojamos siete camaradas con dos buenas viejecitas de aquí, nuestras “abuelas”.

En la pequeña casa adonde le lleva, le ofrece un vaso de anís y le muestra un singular trofeo de guerra: un armario lleno con botas claveteadas (“Y los compañeros tienen tantas como yo”, añade). Es el calzado que los italianos han dejado en el campo de batalla de Guadalajara, cuando se lo quitaron a toda velocidad para huir más deprisa en un terreno resbaladizo.

[…]

Desde Torija la delegación va al campo de batalla de Guadalajara, después a una trinchera de primera línea que se encuentra cerca de allí. Corre a lo largo de la cresta de un valle bastante ancho. Sobre la cresta de delante, la trinchera fascista se distingue con los gemelos. El valle es la tierra de nadie. Las dos posiciones son demasiado fuertes para que se las lleve uno u otro lado. Los dos ejércitos, separados por tres kilómetros, se limitan a golpes de manos. Todas las noches, una ametralladora, unas veces fascista, otra republicana, se pone nerviosa y empieza a disparar al azar. Finalmente, las ametralladoras de enfrente responden e intercambian algunas balas perdidas: aunque sea imposible por un lado y por otro apuntar, el hombre no consigue abstenerse de contestar. 

De allá vamos a Brihuega, vieja ciudad anidada en el hueco de un valle y cruelmente azotada por los bombardeos. Entre las casas en ruinas, una fuente sigue manando. Voy a beber: el agua está helada y tan buena que vuelvo dos veces aún, sin tener sed, sólo por el placer de volver a encontrar aquel sabor incomparable.

El ensayista, novelista y crítico literario Malcolm Cowley, corresponsal del diario The New Republic, es más explícito en la referencia de su recorrido. Recuerda el viaje y contempla, entre maravillado y sorprendido, un pueblo en calma después de los sucesos de marzo:

A la mañana siguiente del bombardeo en el centro de Madrid [día 6], veinte escritores salimos para visitar las líneas al noroeste de Guadalajara. Cada aldea por la que pasamos había sido víctima de un ataque aéreo. Las paredes estaban llenas de huecos y una de cada cinco casas había sido demolida por las bombas. La mayoría de los ataques habían sido durante la primavera cuando los fascistas trataban de vengar su derrota. Desde entonces el frente de Guadalajara gozaba de una calma que era casi modorra. Aparcamos muy cerca de las trincheras del frente. Éstas corrían hacia el borde norte de la meseta, hacia un valle en donde se veía el trigo dorado, hacia la tierra de nadie. Muy cerca de allí estaba el campo enemigo: otra meseta igual a ésta con trincheras semejantes. Ninguno de los dos bandos tenía armas pesadas que alcanzaran grandes distancias, así que la vida aquí era más segura que en Madrid.

A cargo de las tropas estaba el general Hans, un exiliado alemán amable y eficiente, cuyo verdadero nombre era secreto de Estado. Habla cinco idiomas y los emplea todos para hablar con los miembros de su estado mayor. Uno de sus asistentes es un francés que peleó contra él en Verdún. Hans nos dijo que el frente republicano y el fascista eran inexpugnables. El había trazado un ataque frontal después de la batalla de Guadalajara, desde la empinada colina y muchos de sus hombres murieron. 

Salimos para Brihuega, un pueblo que durante dos semanas había servido de cuartel a una división italiana. La carretera corría hacia el Este, frente al campo de batalla…

Se-U, escritor antifascista chino residente en París, también recuerda este día. En una entrevista para el diario La Voz, Antonio Otero Seco, famoso periodista republicano, le pregunta si ha visitado los frentes y  responde: “─Sí. Acabamos de regresar de las líneas posteriores a Brihuega. […] En el frente de Guadalajara hemos comprobado lo que ya nos habían dicho nuestros amigos españoles: la moral del soldado es verdaderamente admirable. ¿Cómo no esperar la victoria final del pueblo con estos antecedentes?”  

A mediados de noviembre de este mismo año, los más altos dignatarios del Estado -Manuel Azaña, Juan Negrín, Indalecio Prieto, José Giral, José Miaja, Vicente Rojo…─ también visitarían Torija y Brihuega [2]. 


[2] El capítulo 8 de 'Torija 1937. La otra mirada de la guerra' relata con gran profusión de datos e imágenes esta visita.