Cuentos con saltos, sobresaltos y miedos profundos

La contadora catalana Mon Mas cerró la XX temporada de los Viernes de los Cuentos con ‘Salta!’, una sesión con cuentos de miedo en la que mezcló humor, intriga y costumbrismo con espléndidos recursos actorales.


Hay miedos súbitos (de susto, con sobresalto) y hay miedos profundos, obsesivos y vitales, que producen un vértigo insalvable. La contadora Mon Mas saltó de unos a otros miedos en su sesión en el CMI de Aguas Vivas, con la que cerró la temporada del Viernes de los Cuentos (media entrada) del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil. Lo hizo en una sesión entretenida, en la que demostró que tiene personalidad y voz propia, mezclando humor, intriga y costumbrismo.

Mon Mas, que ya ha sido ‘inaudita’ en el Maratón de los Cuentos y que hace tres años abrió aquella edición de la temporada que este viernes cerraba con la compañía Som 3de3, llegó esta vez con ‘Salta!’, una sesión de algo más de una hora en la que las partes -repertorio y transiciones- funcionaron como un todo. A su habitual estilo arrollador (fantástico con los niños, como demostró también el sábado en su sesión familiar de la Biblioteca Pública) le puso momentos de mesura para relatar una serie de historias de misterio y de terrores cotidianos.

La sesión, que fue ‘in crescendo’, abrió con el tradicional cuento de ‘La Asadura’, transitó por historias familiares combinadas con fábulas mágicas y acabó con una divertida y desasosegante historia de misteriosas desapariciones de calcetines y un bonito remate con el cuento portugués ‘Enamorada del toro azul’.

Lo hizo, a pesar del título de la sesión, sin dar grandes saltos, con unas cuidadas transiciones que llevaban al público de uno a otro lado, de casa de los abuelos o de la piscina infantil del pueblo a un oscuro bosque (fantástica recreación del “paisaje sonoro” con el público) sin que el espectador fuese apenas consciente de estos desplazamientos.

Con un apoyo gestual espléndido, Mon Mas llenó el escenario de personajes muy logrados (Jordi, Pilar, Andreu), de no pocos espíritus, de ataúdes y escaleras de caracol y de bosques poblados de alimañas en la trepidante persecución de una bruja. Sus continuos apartes para introducir chascarrillos no atascaron un relato de unos hechos que vinieron a decirnos que, en realidad, no son los miedos súbitos –los del susto, los del sobresalto–los peores. Los peores son los otros, los terrores adultos: el miedo a lo desconocido (¿habéis mirado alguna vez dentro de un zapato?), el miedo a la soledad...

 

 

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