“La ficción es muy necesaria para contar la verdad”

La escritora Mónica Rodríguez, durante su encuentro con dos clubes de lectura en Dávalos. / Foto: R.M.

La escritora Mónica Rodríguez, Premio Anaya 2016, reveló algunos de sus métodos de trabajo durante varios encuentros con jóvenes lectores en la Biblioteca de Guadalajara, con motivo del Día del Libro.


La ficción tiene un poder extraordinario. A Mónica Rodríguez, escritora especializada en literatura juvenil, le ha permitido viajar a lugares imposibles. Como Macondo, una aldea tan remota que hunde sus cimientos en la imaginación del escritor García Márquez, o a un tiempo truculento ya superado como la Segunda Guerra Mundial.

Pero la ficción, además, es una llave maestra para conocer la realidad que nos rodea. “La ficción es absolutamente necesaria para contar la verdad”, asegura esta novelista ovetense que este miércoles mantuvo tres encuentros con lectores en la Biblioteca de Guadalajara, dentro de la programación organizada por el centro con motivo del Día del Libro, el 23 de abril. Por la mañana fue con alumnos de centros educativos y, ya por la tarde, con dos clubes de lectura de la propia biblioteca.

A ellos les dirigió las palabras más elogiosas: “Los buenos lectores hacéis que los libros sean mejores”, se arrancó en la charla vespertina en la que reveló algunos de sus secretos de escritorio. El primero, el trabajo esforzado, no quedarse a esperar la visita de las musas, sino aplicarse con disciplina en la redacción durante cinco horas por las mañanas, otro rato si se puede por la tarde y dos horas más de lectura.

No se es un buen escritor si antes no se es un gran lector”, dice esta escritora que anima a “imitar a los grandes, diría que incluso a copiarles”. Y confesó que el estilo propio se crea emulando diferentes recursos de los maestros de la literatura. En su caso confesó su deuda con escritores como John Banville o Gonzalo Moure.

De este último ha tomado una consigna: “Muchas veces, menos es más”. Es Rodríguez una autora de estilo depurado, que prefiere dejar muchos elementos de la narración en manos de sus lectores: “Que el lector ponga sus propios adjetivos, sin apabullar”.

En ‘Alma y la isla’, la novela con la que el año pasado obtuvo el Premio Anaya, aborda el drama de la inmigración y los refugiados sin dogmatismos, acudiendo a un tono absolutamente literario y apoyándose en elementos simbólicos. Narra la historia de un niño que se siente primero desplazado pero después atraído como un imán por una niña que llega a su isla y es acogida por su familia. Hay una química sencilla pero intensa entre ambos y hay un conflicto muy interesante en sus pequeñas cabezas. La autora ha buscado que los jóvenes lectores empaticen tanto con el uno como con la otra. El libro, que ya tiene su tercera edición, está suponiendo un éxito considerable que ha sorprendido incluso a la editorial.

Mónica Rodríguez no distingue especialmente al abordar un libro para adultos y para jóvenes. En otro de sus últimos títulos, ‘La partitura’, aborda un tema complejo al narrar la historia de un profesor de piano excesivamente volcado con una de sus alumnas, hasta el punto de resultar “un amor posesivo y obsesivo”. Se trata de “un libro duro, incluso para lectores adultos”.

En el encuentro de este miércoles sucedió que el libro se encontró con una joven lectora que buscaba historias más luminosas y la que le incomodó el tono más oscuro del relato. Ya lo dice la escritora asturiana: “A cada lector, su libro; y a cada libro, su lector”. Sin olvidar, además, de que un autor escribe un libro, pero que cada libro tiene tantas lecturas como lectores. Dicho de otro modo: “De la mitad del libro se encarga el escritor y de la otra mitad, el lector”.