“La humildad de Sampedro no era impostada”

Escritora y traductora, Olga Lucas compartió los diez últimos años de vida de José Luis Sampedro, que este 1 de febrero habría cumplido 100 años. • La viuda del autor de 'El río que nos lleva' fue también una activa colaboradora fruto de cuyo trabajo han sido varios títulos de autoría conjunta.


Es la depositaria de la herencia literaria de José Luis Sampedro, la persona a la que el escritor amó en la recta final de su vida (“el amor es posible a los noventa años, pero es un amor distinto, como un brasero en una mesa camilla donde se está muy calentito”, explicaba). Olga Lucas se convirtió en su “siamesa”, según reconoce en esta entrevista, para la que nos cita un martes de diciembre en su casa de Chamberí. La conversación se desarrolla en el apartamento de al lado, en una sala austera y sin otra decoración que unos grandes espejos y estanterías de metal repletas de carpetas con manuscritos. En algunas se descubren títulos ya emblemáticos como ‘Octubre, octubre’ y ‘El río que nos lleva’. La escritora y traductora (Toulouse, 1947) nos atiende en una semana de gran ajetreo: ultima actos de la programación del centenario y prepara la asamblea anual de la Asociación de Amigos de José Luis Sampedro. Para colmo, ha pasado unos días con la salud muy mermada, así que no suelta el pañuelo a lo largo de una charla que sobrelleva con muy buen humor. 

En Guadalajara acabamos de celebrar también los centenarios de Buero y Cela. Pese a que se llevaban sólo meses con Sampedro, da la impresión de que tanto por sus obras como por sus figuras públicas, aquellos eran escritores de otra época y Sampedro un autor mucho más moderno.

No extraña, sobre todo la comparación con Cela. Sampedro conectaba muy bien con la juventud y eso ha tenido que influir. Se hizo alguien más cercano por esto y por sus inquietudes sociológicas, psicológicas, medioambientales y acerca del devenir del mundo en estos tiempos de crisis y de transformaciones.

¿Cómo vivió el hecho de convertirse con más de 90 años en el referente de tantos jóvenes, a raíz del 15-M?

¡Él no tenía conciencia de ello! [risas]. Tuvo la suerte o la desgracia de que su popularidad aumentó en proporción inversa a sus fuerzas y entonces los últimos años eran los de un anciano acosado. Le querían para todo. Una vez se presentaron unos jóvenes a las once de la noche en casa, que querían hablar con José Luis Sampedro porque eran del 15-M. Les dijimos: ‘¿eso os da pie para presentaros aquí un domingo por la noche y esperar que os atienda?’ Él era muy vital. Siempre se debate si era optimista o pesimista. No creo que fuera ni lo uno ni lo otro. Era vitalista, creía mucho en la vida. Pero además la juventud lo quería mucho por su autenticidad. Y cuando hay una generación tan estafada, tan engañada, tan acostumbrada a que nadie diga la verdad... ven a alguien que dice la verdad y que vive como habla y lo aprecian.

En ese sentido fue ejemplar a lo largo de su longeva vida...

Su humildad no era impostada, era su manera de ser. No diremos que era austero, por las connotaciones que ha adquirido la palabra, pero sí que siempre llevó una vida sobria. Lo hizo cuando ganaba menos y cuando ganó más.

Sampedro ha sido un escritor más leído que premiado. Incluso el Nacional de las Letras le llegó tarde, en 2011...

No nos sorprende porque sabemos en qué mundo vivimos, pero es cierto que el Nacional se lo dieron porque ya entonces había una auténtica campaña para que le dieran algún premio importante. Los institucionales se le resistían, era el precio que pagó por su independencia. Mi interpretación es que no estaba ni en el lado de Prisa ni en el de El Mundo ni a las modas... cambió de editorial cuando le pareció bien. Era independiente y comprometido con su tiempo, no en el sentido de panfletario, sino con su lenguaje y con la vida que reflejaba en sus novelas.

Muchos jóvenes escritores le citan como referente también en lo literario. ¿Cree que está entre los más leídos de su generación?

No lo sé, porque para mí lo de la lectura en España es un misterio. Pero sí es cierto que es de los escritores más queridos. Tal vez ha sido el último representante de un tipo de escritura. Hubo un tiempo en que se puso de moda la escritura experimental y le decían despectivamente que era un autor decimonónico, pero es que él esto lo tenía a gala. De hecho sus referentes eran los decimonónicos, Thomas Mann, Tolstói y aquellos grandes escritores.

Nunca se dejó llevar por modas.

No. Luego en sus libros se adentraba en diferentes mundos, no tiene dos novelas iguales, aunque en todas estén presentes las grandes obsesiones sobre el tiempo, el amor, la muerte, la vida... pero cada una tiene su propio mundo, y adecuaba el lenguaje y la localización a cada historia.

¿Cuánto pesa, más allá de mantener unas ventas, la herencia del legado literario de Sampedro?

Es lo que más me ocupa y lo que más me preocupa. Las ventas no, porque un escritor fallecido no da dinero, en términos generales. Incluso los tres libros póstumos se han hecho con otro interés, no por los derechos de autor que me puedan proporcionar a mí, si no porque al ser Sampedro un referente, de los que andamos tan escasos, objetivamente creo que tiene que ser recordado y que sus valores están vigentes. Y cada vez que presento un libro y digo que tal vez sea el último, que el año que viene ya no hay más, la gente me dice que por favor hay que seguir, que para ellos resulta muy importante.

Reclaman una continuidad en la presencia de Sampedro que biológicamente ya es imposible...

Una vez iba por la calle y una señora que no conocía de nada me abordó y me dijo: ‘¿Es usted consciente de que es la depositaria del cariño que le teníamos a su marido? ¡Pues ahora la queremos a usted!

¡Qué bonito, pero qué peso!

Te cargan con una responsabilidad que es una carga, aunque por otra parte es muy bonito. Lo hago convencida, desde luego. Ahora bien, tampoco tienes la comprensión de todo el mundo, hay que asumirlo. En general, las viudas más jóvenes de artistas mayores hemos tenido mala prensa...

...alguna se la ha ganado a pulso, pero no es justo generalizar.

[Risas] Yo no hablo del origen de esta fama, sólo estoy describiendo el hecho... Y existe la tendencia a pensar así.

Ha publicado obra póstuma... ¿dejó mucho escrito, alguna sorpresa?

No, sorpresa no. Yo he publicado más notas y recopilaciones básicamente porque no quiero entrar en cosas que él haya dejado de otras épocas. Siempre digo que es un problema saber el motivo por el que un escritor que, como en su caso, jamás tuvo problemas de publicación desde su primera novela, no publicó él mismo un manuscrito determinado. Se supone que, de haber querido, lo habría hecho. Pero, por otro lado, hay otra manera de verlo: entonces, ¿por qué no lo eliminó?

Claro, podría haberlo quemado...

Es un marrón que nos queda ahí. En este caso, yo tengo la seguridad de saber lo que él pensaba y lo que quería o los motivos por los que algo no llegó a tiempo de publicarse durante los últimos diez años de su vida, en que fuimos inseparables. Ahí tengo la absoluta seguridad de que hago lo que él hubiera querido. Ahora, con lo que pasó en los años cincuenta, sesenta o setenta, ya no tengo esa seguridad. En su momento tuvimos la gran idea, tanto que no llegamos a materializarla, de sentarnos a sacar cajas y papeles y poner en un ‘post-it’ qué queríamos que se hiciera con cada cosa cuando él falleciera... Yo me hubiera quedado más tranquila. A él le pareció muy bien, pero como siempre había algo más urgente que hacer, pues esto otro no lo llevamos a cabo.

¿Se ha interesado alguna institución por estos fondos, como materiales de estudio?

Debería... Hay un proyecto que promovió todavía en vida de Sampedro la Agencia Literaria Carmen Balcells, pero con los avatares políticos la cosa cambia, se pospone... También ha habido interés desde Guadalajara de México para un centro que sería algo así como un Museo del Prado de escritores que pondría su obra al alcance de estudiosos... De momento lo tengo yo. Si lo hubiese entregado lo más seguro es que ahora estuviese en un sótano esperando a que algún esponsor pagase la digitalización. Y aquí, poco a poco, reinvierto los ingresos por derechos de autor en digitalizar muy caseramente estos fondos... Se han barajado ofertas, he visto verdadero interés, pero hasta ahora no hemos tenido un proyecto que sirva para la gente.

Lo que sí está en marcha es una Asociación de Amigos, con un museo en Alhama de Aragón.

El pueblo invitó en su día a Sampedro a hablarles de ‘La sonrisa etrusca’, estábamos en Jaca, íbamos a ir pero se puso enfermo y no pudimos. Me comprometí a ir yo... Entre medias Sampedro muere y, como me habían tomado la palabra, me invitaron y fui. Allí el alcalde me ofreció una planta de una casa-palacio para montar una exposición permanente. Me pareció el típico negocio que los americanos llaman ‘fifty-fifty’, porque las dos partes salíamos ganando, en nuestro caso para difundir la obra de Sampedro en un pueblo turístico. Lo que no imaginaba es que no habían pensado en el día de después: un pueblo de 1.100 habitantes no tiene presupuesto para mantener el museo. Tampoco yo lo había previsto. Durante el primer verano de visitas vimos que tenía éxito y pasado el verano creamos una asociación fundamentalmente como herramienta para contratar a una persona que mantuviese abierto el espacio durante todo el año. Se cubre con los donativos y las cuotas de socio y, donde no llegan, lo aporto yo.

Pero allí hay más actividad, además de mantener abierto el museo.

Sí, hacemos actividades y en otoño las Jornadas Octubre, Octubre. La asociación funciona, pero con pocos medios y a 200 kilómetros de Madrid. Ahora que hemos conseguido mantener abierto el museo, que era el primer objetivo, entramos en una segunda fase para lanzar la asociación a nivel nacional. Y nos hemos autoconstituido en comisión para organizar las actividades del centenario.

¿Cómo están orientando este Año Sampedro?

Ya que vivimos en una sociedad que celebra las cosas puntuales y les da más importancia que el día a día, es la excusa para llevar a cabo una serie de actividades que den relevancia a nuestro trabajo, difundir la obra del escritor y mantener viva su memoria. Ahora mismo somos un grupito de personas que hacemos lo que podemos con nuestros ahorros, pero obviamente necesitamos captar nuevos socios. El centenario nos va a dar esa visibilidad. Por eso no nos vamos a limitar a hacer un acto mediático, que lo habrá, sino que también haremos exposiciones itinerantes o iremos por las bibliotecas.

¿Han recibido llamadas de autoridades de Guadalajara para celebrar allí el centenario?

No. No sé si las habrá más adelante cuando empecemos a difundir más. Pero de Guadalajara están siempre ahí Ecologistas en Acción, Econoplastas, el Rincón Lento...

Sampedro se sintió un poco guadalajareño, sin haber nacido ni vivido en la provincia, que le considera un escritor más. Y él esto lo agradecía siempre públicamente.

Él siempre ha sido muy agradecido en todos los sitios donde ha tenido vínculos, luego las reciprocidades no siempre han sido las mismas, y generalmente más de la gente que las instituciones. Sampedro era la persona más agradecida que yo he conocido, pero es que los escritores deben ser conscientes de que son lo que son porque los leen. Con Guadalajara ha habido una relación especial, incluso vas por pueblos pequeños y de pronto te encuentras que hay un museo, una callecita o una escuela rural que llevan su nombre.

Cuando alguien como usted resulta depositaria de un legado, no sólo lo es de la obra, también lo es de estos vínculos...

Es tal cual, yo he heredado no sólo la gloria sino también las obligaciones: atiendo a las personas que él atendía, acudo a los lugares a los que él solía acudir... no tengo su sabiduría ni soy él, pero de lo que me piden, hago todo lo que puedo. Va en el mismo paquete y lo hago muy a gusto porque él lo hacía también a gusto.

En una entrevista en 2008, Sampedro me dijo que le gustaría que le recordaran como “un buen profesor de universidad y un escritor serio y formal”. No pedía demasiado, pero desde luego lo ha conseguido.

Sí. A menudo decía también que se había propuesto ser un buen escritor de segunda y que estaba orgulloso de haberlo logrado. La gente le decía entonces que no fuese tan humilde y él contestaba que genios hay muy pocos, que ser un buen escritor de segunda ya es mucha cosa.


Entrevista publicada originalmente en el número 14 de Cultura EnGuada, especial impreso de Invierno 2016/17. 

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