Cuentos con acento universal

Monika Klose ofreció un repertorio clásico de relatos de todo el mundo en su sesión ‘Fernweh’, donde mezcló humor, nostalgia y fantasía. • Fue la primera sesión del Viernes de los Cuentos en 2017, con tres cuartas partes de aforo completo en el CMI.


Los dramatismos y las pesadumbres del mundo, incluso la cosa más severa que es la muerte, pasan mejor con humor. Lo demostró Monika Klose en su sesión de los Viernes de los Cuentos desde el primer relato, sobre un pájaro, un ratón y una butifarra cuya convivencia amorosa queda rota por unos acontecimientos de desastrosas consecuencias. Al final todos mueren, pero el público ríe.

El mundo es un espectáculo de encuentros improbables que suceden y de fantasías desbordantes que existen, un escenario repleto de personajes sugerentes que se abre a los ojos del narrador y, así, a los oídos de un público que con Klose disfrutó de una sesión de narración oral pura, sin aditivos y con acento alemán. No era un fuerte acento alemán, pero sí un matiz suficiente para subrayar el exotismo de unas historias con las que la contadora fue saltando por el mapamundi de norte a sur y de sur a norte, de Alemania –por supuesto– a Turquía o Letonia, de Groenlandia a La India y a Japón.

Más de 300 espectadores respondió a la llamada del Seminario de Literatura para asistir en el salón de actos del CMI Eduardo Guitián de Aguas Vivas a la primera sesión de los Viernes de los Cuentos de 2017. La narradora germana afincada desde hace años en Barcelona había participado ya en los ‘Inauditos’ del Maratón de los Cuentos, pero aquí durante una hora tuvo ocasión de ofrecer una sesión extensa, ‘Fernweh’, que mezcla nostalgias y buen humor sin atrezzo y sin despegarse de la silla hasta prácticamente el último cuento.

Al relato inaugural del pájaro, el ratón y la butifarra le siguió otra historia sobre la muerte, en este caso hecha personaje. Hay que decir que el protagonista era ‘el muerte’, porque en alemán es un personaje masculino tan humanizado como para padecer apendicitis. En esta recta inicial, Klose visitó también a un sabio turco y subió al público a una caravana nupcial nipona que acabó trasladando a su protagonista hasta paisajes fantásticos.

En el ecuador de su sesión, Klose regresó a Turquía para dar la razón a la mujer del sabio y, a partir de ahí, desgranó las cuatro sensacionales historias que conformaron la recta final de la contada: en una bahía groelandesa contó una historia de amores imposibles hechos realidad entre la mujer esqueleto y un pescador extranjero; la de un matrimonio que llega al cielo y por tres veces desobedece a dios; y otra fantástica en La India de un rey inteligente con la que explicó las diferencias entre un sabio, un loco y un narrador de historias.

Ya en un extra después de los primeros aplausos del público, Klose redondeó su periplo por el mundo regresando a Alemania para contar una historia de ambiciones desmedidas, la de un pescador y su mujer a quienes un rodaballo hace realidad sus deseos. La encarnación del pez fue la única concesión actoral de Klose sobre las tablas, muy celebrada por el público, que a cambio se descubrió colaborando en la ceremonia con unos chapurreos en alemán. Diciendo no sabía muy bien qué, aunque eso diese un poco igual, porque a estas alturas estaba claro que el lenguaje de estos cuentos es universal. 

 

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