Marina Castaño revela la "otra versión" de Cela

"Pasé unos años muy felices en la Alcarria", dijo la viuda del Nobel ayer en una conferencia, invitada por el Centro Asociado de la Uned en Guadalajara que fue más un encuentro con amigos alcarreños. • Su ponencia 'Cela y Guadalajara' fue una "purga del corazón" donde dio "la otra versión, la que nunca me he molestado en detallar hasta ahora". 


La viuda del Nobel de Literatura Camilo José Cela mantuvo ayer en la Sala Multitusos del San José, invitada por el Centro Asociado de la Uned en Guadalajara, un encuentro con el público guadalajareño. Su conferencia 'Cela y Guadalajara' se convirtió más en una confesión íntima con "mis valedores", como ella los llamó. En primera fila, no faltaban grandes amigos como el pintor Jesús Campoamor y su mujer, Delia; habituales en las cenas que Cela y Marina ofrecían en su casa guadalajareña de El Espinar. También hubo grandes ausencias en la sala y en las palabras de la periodista gallega -"mi marido jamás pronunciaba los nombres de quienes fueron negativos en su vida y yo sigo la estela de quien me moldeó"-, pero sí hubo citas a amigas como la librera Ascen, una de las hermanas de la Librería Alcarreña de Miguel Fluiters, "prodigiosa, divertida y cachonda" y un alusión fugaz e incisiva a "esos pequeños mequetrefes a quienes en otro tiempo abrí de par en par las puertas de mi casa que ahora escriben libritos cutres donde me aluden con desprecio, movidos por una mano que mece sus huecas cabecitas".

Han pasado 15 años desde que Cela murió "pero los que estuvimos en la última etapa de su vida tenemos la obligación de continuar manteniendo su memoria porque recibimos mucho de su inmensa humanidad", afirmó Castaño. Hay muchas cosas que siguen inalterables como "las amistades, los cariños y las inquinas, los celos, las envidias... Así son los grandes personajes, despiertan grandes amores y grandes odios". Y hay otras muchas que quedan por contar. La viuda del Nobel hizo ayer "una purga del corazón" con el fin de dar "la otra versión, la que nunca me he molestado en detallar hasta ahora". 

Defendió, por ejemplo, que Cela y ella fueron dichosos: "Fueron diecisiete años fantásticos" aunque "difíciles". De ellos, algunos en la Alcarria y "muy felices". Primero en su casa de El Clavín, cerca de la capital. Más tarde, en una finca de El Espinar, que Jesús Campoamor creyó el hogar perfecto para la pareja.

Marina tenía 26 años y Cela, 68 cuando decidieron iniciar la convivencia, "una diferencia que en el día a día no se notaba". Llegaron a Guadalajara después de un episodio de salud importante del Nobel, que él creía "que era un cáncer" pero terminó siendo diverticulitis. "No teníamos dónde ir", se sinceró Castaño. Y pidió una excedencia de cuatro años en la televisión gallega, donde había ganado una plaza por oposición: "cuatro años porque ¿y si sólo era un pasatiempo para él?" Camilo le contestaría un día: "Marina, tú y yo somos inevitables".

"No teníamos dónde meternos pero teníamos grandes amigos" y uno de ellos fue Otero Besteiro, en cuya casa se alojaron primero. Cela recuperó su salud -bajó 20 kilos- y co-fundaría 'El Independiente', aunque la aventura no duraría demasiado. Marina buscaría entonces un chalet en El Clavín: "acostumbrado a vivir en un casoplón en Mallorca, hubo de conformarse en vivir en esa casa que era un disparate" pero allí fueron creando amistades y solidificando "nuestro amor férreo", basado "en el respeto y la felicidad".

El Nobel

Entre los acontecimientos que vivieron en su casa de El Clavín destaca el anuncio del Nobel de Literatura, que Castaño describió con bastante detalle: "a la una de la tarde del 19 de octubre de 1989 sonó el teléfono y así, arrimado a la pared para apuntalarse" Cela escucharía la noticia que le daban desde Estocolmo. A partir de ahí, se colapsó el teléfono con las llamadas de felicitación,  tantas que "el Rey tuvo que felicitarle por televisión". Aquella noche Marina compró fuegos artificiales para la fiesta: "el último en marcharse fue Manu Leguineche y los Campoamor, a las seis de la mañana", recordó.

El 10 de diciembre, una comitiva de amigos alcarreños partiría hacia Estocolmo, "el país de las velas". "En el avión, corrió mucho champán", dijo para iniciar después emocionada, el discurso que Camilo ofreció en la cena. Recordó el momento en que ella le vistió "como un torero" y el pasodoble que se marcaron los dos y que ha quedado inmortalizado en cientos de fotos.

El Nobel supuso un cambio grande en su vida: "era como la de los titiriteros, que van y vienen sin parar". Fueron años "agitados" y muchas fueron las novelas "que alumbró a mi lado". 

En Guadalajara también se casó por lo civil con Marina "pidiendo un favor a la jueza, para evitar alborotos y presión de la prensa" y seis años más tarde, tras conseguir la nulidad de sus primeros matrimonios, por lo religioso. "Cela decía si Dios existe o no existe, eso sólo Dios lo sabe. Con esto ya estoy profesando mi fe católica".

El manuscrito que distanció a padre e hijo 

La novela 'La familia de Pascual Duarte' le acarrearía fama internacional a Cela. Su codiciado manuscrito terminaría distanciando al padre escritor de su hijo, Camilo José Cela Conde, episodio que quiso contar la viuda del Nobel: "Aquel manuscrito se lo regaló Camilo a José María de Cossío, quien a su vez se lo regalaría al  único hijo reconocido, Camilo José Cela Conde, por petición expresa del Nobel, a su fallecimiento.

El famoso escritor tenía en mente crear una Fundación que reuniera todo su legado y su biblioteca con más de 50.000 volúmenes. Todo está en la Casa de los Canónigos de Iria Flavia, sede de la actual Fundación Camilo José Cela, presidida por Marina Castaño hasta 2011, que la entregó a la Xunta a causa del descenso de las donaciones por la crisis: "no podía seguir siendo una fundación privada y era de sentido común que el gobierno de la Xunta se hiciera cargo de su manutención asi que yo dimití como presidenta porque ya no era mi papel". 

Cela cedió el manuscrito de 'La familia de Pascual Duarte a la Fundación' pero "la ambición de la gente es ilimitada y Cela Conde quiso reclamar ese manuscrito", señaló ayer Castaño. El pretexto del hijo del Nobel, según la periodista, era "que había nacido una hija y que la quería dejar heredera de ese manuscrito". El Nobel y su hijo entraron así en un "pleito importante que provocó la ruptura definitiva de su relación en 1994", contó Castaño.

"Tan dolido estaba el padre ante un hijo que quería arrebatar uno de sus manuscritos más preciados, que el Nobel "ordenó" al entonces director de la Fundación, que "incinerara el manuscrito antes de que pase a manos de alguien que lo va a vender a los cinco minutos". Se había tasado, según Castaño, "en 100 millones de pesetas de la época, una cantidad muy sustanciosa para quien vive del sueldo de un profesor de universidad", en referencia al hijo del escritor. El manuscrito finalmente no pudo ser arrebatado a la Fundación. 

Para Cela Conde hubo más reproches ayer: "En estos actos que se han celebrado con motivo del Centenario de su nacimiento ha habido personas que se han arrogado con la titularidad de sus exposiciones, de sus conferencias y el que da la mano a las autoridades y a los asistentes a los diferentes actos, a los que sólo me han invitado a uno".  

Y al fin, paró: "creo que no es sano seguir hurgando en mis propias heridas y no se debe uno ensañar en un afán persecutorio contra quienes tuvieron la intención de hacer daño y que, de hecho, lo consiguieron a veces. Quiero terminar volviendo al presente y mirando al futuro con esperanza como él me enseñó", terminó emocionada una vez más, mientras el público la arropaba con sus aplausos.

El plagio del Planeta, Buero y el campo

En el turno de preguntas, hubo tiempo para hablar de un Cela escritor que "meditaba cada línea" y que "perseguía la perfección", de un Nobel que no se sentía "orgulloso de ninguna obra" y que pese a su éxito, "la que menos le gustaba era 'La familia de Pascual Duarte" y de un autor que al final, cambió hacia un estilo "más vanguardista" como probó 'Madera de boj', su última obra, "sin apenas comas y puntos."

Un espectador cuestionó si el Nobel conseguido por Cela evitó que el dramaturgo guadalajareño lo ganara, a lo que Castaño contestó entre risas: "Sí, pero Camilo José Cela no tenía culpa de ninguna clase, las cosas son así. Buero era dramaturgo y creo que sus caminos eran completamente distintos. Tenían buena amistad y creo que Buero Vallejo está en un lugar muy estimable. Dígame usted quién está más valorado que Buero en el Teatro Español". Castaño defendió, además, que al año siguiente de ganar Cela el Nobel, se lo concedieron a otro escritor de habla hispana, Octavio Paz: "es algo bastante insólito pero eso nunca se sabe".

El director de Uned Guadalajara, Jesús de Andrés, que presentó el acto, preguntó a la periodista por el famoso plagio del Premio Planeta, cuantioso galardón que ganó Cela por la novela 'La cruz de San Andrés' -una jueza vio "presunto plagio en octubre de 2010 de la obra 'Carmen, Carmela, Carmiña', de la escritora gallega Carmen Formoso, que se presentó al premio aquel mismo año-. "A Cela le afectó mucho", reconoció Castaño, pero ¿cómo es posible que un juez admita la demanda de una señora que escribe una cosita y que dice que Camilo José Cela ha plagiado su novela... pero señora, ¿de qué nos conocemos?¿cuándo yo he visto su novela? Yo, que estaba a su lado, sé perfectamente cómo escribía y de dónde sacaba sus argumentos", dijo Castaño con cierto desdén en referencia a Formoso.

De Andrés repreguntó: "¿Por qué un Premio Nobel se presenta al Planeta?" "¿Y por qué no?", le contestó cortante Castaño provocando la risa del auditorio.  

También hubo tiempo para algunas confesiones más: "Yo me enamoré de Cela leyendo 'Mazurca para dos muertos' aunque la novela que más me gusta es 'San Camilo, 1936' y a él, sobre todo, 'Oficio de tinieblas 5', que escribió encerrado en un biombo para no tener ningún factor de distracción". Y también recuerdos: "los momentos más maravillosos de mi vida los he vivido en El Espinar, con Marina", dijo Jesús Campoamor que le confesó el propio Cela, una noche en el jardín de esa casa, donde le anunció que se marchaba de Guadalajara. Su salud era frágil, era un riesgo vivir en el campo. Y no me equivoqué", zanjó Castaño.