García Marquina: "Morirse es vulgar pero abrumador"

El poeta Paco García Marquina presentó ayer en la sala Tragaluz su último poemario, 'Morirse es como un pueblo', un libro de once capítulos donde "burla a la muerte por escrito", con humor, amor y estilo sencillo.


A Paco García Marquina le ha dado por escribir sobre la muerte. Está en lista de espera, dice. Y por eso, ha decidido burlarla por escrito. Lo ha hecho en su último poemario 'Morirse es como un pueblo', editado por Vitrubio, un libro de portada negra y título en blanco, que presentó anoche en la sala Tragaluz de la mano de Siglo Futuro. 

El poemario, que fue presentado por el escritor y periodista Antonio Pérez Henares, está escrito con un estilo sencillo, muy entendible y aderezado con poemas de amor, sentido del humor, algunos versos en inglés y francés y referencias inequívocas al desenfrenado Bukowski o al humanista Shakespeare.

Anoche Marquina quiso compartir versos y risas con el público -muchos poetas alcarreños entre las butacas-, mientras todos saboreaban unos bombones 'de luxe' rellenos de crema de menta. Quizás, para ayudar a digerir mejor el momento; quizás, para difuminar ese sentimiento de "desolación" y de "tristeza" con el que el poeta admite empezar su poemario: "¡coño, que me voy a morir, voy a dejarlo todo!" El 'delirio' es pasajero, eso sí, y se pone estoico, como Sócrates: "pues voy a aprovecharlo". Y se ríe a carcajadas: "Igual que el poeta se enamora sin necesidad de tocar a nadie, igual puede cachondearse de la muerte".

"Estamos muriendo a cada instante", insistió anoche Marquina. "Estamos fabricando escombros desde que echamos el primer diente. La pérdida de la infancia es una de las mayores muertes. Este es un ciclo que no muere...", añadió confesando entonces que quizás, sea margarita o un pedazo de tela en otra vida. 

"Yo no sé si quien muere pierde el ser/o abandona un lugar. 
Quizás la muerte sea/un desahucio forzoso de este mundo/y más allá los seres sobreviven /en distinto acomodo, en un nuevo paisaje/donde volver a verse y a ser vistos.
En este raro mundo/quizás todo mi ser/sea un modo de estar".

Este juego "de nacer de la nada y volver a la nada", que es "muy especial" porque "cada uno tiene su muerte, eso es así", lo compara Marquina con un pueblo, "porque es un fenómeno vulgar y popular", aunque "abrumador". Y lo divide en once capítulos, escritos en segunda persona, en forma de diálogo con otra persona "silenciosa" que, en realidad, es él mismo. 

Tiene algo de despedida y también de valentía este poemario. Hay versos de amor, incluso uno escrito con mucha ironía por su mujer, la escritora Mª Antonia Velasco, hacia el "invento democrático de mayor calado" que es la muerte. Y versos para el "muerto de al lado", el vecino del cementerio, infinitas referencias a la naturaleza -no falta el vencejo "que sueña en el aire", afirmó 'Chani'-; y hasta un diccionario donde Marquina incluye términos como sepulcro, féretro y óbito.

"No es un responso", alegó Pérez Henares, en la presentación del poemario. "Todos sabemos que hemos de morir", pero "el libro me ha conmovido. Los versos de Marquina nos sonríen" y "siento profunda envidia de lo bien que escribe", una envidia transformada "en admiración".

Marquina demuestra en este poemario ser un lírico inteligente con gran sentido del humor que mira a la muerte de cara, tal vez porque él mismo, como contó anoche, ya estuvo muerto una vez -diez minutos en parada cardiorrespiratoria- y lo último que pensó entonces fue: "¿quién coño pone los aspersores en el jardín esta noche?" 

¿Y después? Después, " hubo fundido en negro". Si es que al final, "la muerte es deslucida".

 

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