Orea: "A Buero hay que reivindicarlo y leerlo"

El periodista, técnico de Educación de la Diputación, presenta este martes el libro 'Buero Vallejo y Guadalajara'. • A lo largo de 310 páginas rememora el vínculo del escritor con la ciudad que lo vio nacer. • "Buero ha envejecido muy bien y los productores no se han dado cuenta", afirma en una entrevista mantenida este lunes en el espacio semanal de Cultura EnGuada en la Ser. 


Es la historia de un amor profundo que a veces, parece un desamor”. Así fue la relación de Buero Vallejo con su Guadalajara natal, asegura el periodista Jesús Orea, técnico de Educación de la Diputación Provincial que este martes (18 horas) presenta nuevo libro en el San José, en el marco del Centenario del autor. 'Buero Vallejo y Guadalajara' repasa a lo largo de 300 páginas la relación del autor con la ciudad y la provincia: “le encantaban los castillos y en bastantes ocasiones, hizo visitas privadas a pequeños pueblos”, apunta Orea, que en el preámbulo del libro define al dramaturgo como un hombre “fundamentalmente bueno, honesto, culto, incluso sabio, de aspecto serio pero con vis cómica, si bien reservada a la intimidad, muy amigo de sus amigos y absolutamente leal a sus ideas de izquierdas, a las que jamás renunció”.

Buero llevaba a Guadalajara en el corazón. Lo dijo en público, durante la concesión de la Medalla de Oro de la Ciudad y cuando le nombraron Hijo Predilecto, recuerda Orea. “Buero dijo que su ciudad predilecta era Guadalajara”, algo que “define” a su juicio “la vocación de Antonio por esta ciudad. Ahora bien ¿Guadalajara con Buero? Ahí sí que podíamos matizar. Buero era una persona comprometida por sus ideales de izquierdas e, incluso tuvo una peripecia complicada en 1939 y se libró por la muerte casi por casualidad. Antonio no era bien visto precisamente por el régimen, que no quería tener nada que ver con un escritor con el estigma de comunista y rojo. De hecho en su sentencia de muerte se le acusa de propagandista rojo. En aquella época, se le consentía porque podía estar hasta bien tener a alguien que no había optado por el exilio pero digamos que la Guadalajara oficial no vio bien a Buero y él tampoco veía bien al régimen”.

"Guadalajara ha estado a la altura de las circunstancias"

¿No cree que el Centenario se ha olvidado de este aspecto?” “Es mucho más importante reconocerlo en su faceta de extraordinario dramaturgo que es lo que tenemos que reivindicar”, responde Orea, para quien “el teatro de Buero ha envejecido muy bien y los productores no se han dado cuenta. Ése debe ser el objetivo de este centenario, reactivar el interés por la figura de Buero. Yo lo reivindico pero no sólo como escritor. Yo leo a Buero con frecuencia y de verdad, se lee muy bien. Sé que tiene cierta fama de duro y su etapa simbólica es complicada de entender pero yo saco conclusiones de su teatro y si yo lo hago, lo puede hacer cualquiera”.

Orea considera, además, que la programación del Centenario que se ha hecho en Guadalajara “está a la altura de las circunstancias e, incluso, un poco más allá” y que con la “limitación de recursos que tiene un Ayuntamiento y una Diputación se ha programado un centenario interesante, se ha acudido a terrenos de cierta relevancia, no sólo se ha quedado en un acto por cumplir. Lo importante es el poso que dejan los Centenarios y espero que el centro que se va a crear en La Cotilla no se quede en el despacho de Buero Vallejo y cuatro cosas más, sino que sea el germen de un auténtico centro bueriano e, incluso, sede de su fundación, algo de lo que algunas instituciones hablaron el mismo día de su muerte. Y luego, el centro de documentación que ya está elaborando la Diputación, creo que puede ser un lugar de referencia”.

La Guerra Civil “dio a los Buero por todos los lados”, escribe Orea, quien dedica un capítulo del libro a este episodio histórico y trata en diferentes capítulos el paso por la cárcel del escritor y su condena a muerte, su clandestinidad y las reuniones con camaradas en las que surgirá “una actividad clandestina pro-PCE, realmente peligrosa en la España de aquella hora” y donde Buero, “por sus dotes como dibujante, cooperaba en la elaboración de sellos que solían servir para avalar a presos o para falsificar timbres en documentos o comisarías".

Antorcha y sus años "desérticos"

El libro de Orea arranca con apuntes biográficos y curiosidades como que se casó con la actriz Victoria Rodríguez en el barrio de las Letras madrileño, en la misma iglesia donde antes se habían casado Espronceda, Larra y Bécquer y donde se celebraron funerales por Jacinto Benavente y reposan eternamente los restos de Lope de Vega.

Cómo era la Guadalajara de 1916, con escasos recursos educativos y culturales, notas de la infancia y mocedad del escritor, su trauma por el incendio de la Academia de Ingenieros o los juegos infantiles de los que participó, como el escondite, la Dola (o Pídola), las Aguaderas o el Pasi-Misí, en la Concordia, “uno de los espacios urbanos preferidos por Buero para jugar”, son otros de los temas que aborda Orea en este libro, que tampoco olvida ni las primeras lecturas del niño Buero -Victor Hugo, Conan Doyle o Maurice Leblanc-, ni su teatrillo de juguete, sus tiempos de instituto -“no fue un estudiante brillante aunque mejoró sus notas con la edad”-, ni su influyente amistad con Ramón de Garciasol.

"En los años 50", explica Orea, "su vínculo con la ciudad se mantuvo a través de Antorcha, a quien apadrinó totalmente” e incluso, “dio alguna donación eventual”. Una de las aportaciones novedosas de este libro en este sentido, es un documento que corrobora los consejos que el escritor dio a Soledad Adrados y José Luis Martín, socios fundadores de Antorcha, para iniciar el duro camino del teatro. En esos apuntes “se ve la forma en que Antonio concebía el teatro, les dijo cómo iluminar, cómo ensayar, cómo elegir el reparto y los libretos...”, detalla Orea.

En los 60, habrá un “desierto” en la relación de Buero y Guadalajara: "cada vez venía menos y únicamente mantuvo vínculos a través de relaciones epistolares como amigos. Sería en democracia cuando volviera, aunque tarde, tras ganar el Premio Cervantes", puntualiza.  

Del eco que la prensa local hacía de los estrenos teatrales y el éxito de Buero también se ocupa este volumen, que en su parte final incluye las distinciones obtenidas por Buero Vallejo, su participación en el Maratón de los Cuentos o la construcción del Teatro Buero Vallejo, “que le hizo mucha ilusión”. Y es precisamente, eso, su "vigente teatro" el que debe reivindicar su figura: "sólo hay que revisarlo, ni siquiera adaptarlo. Es magnífico, profundo y serio. Por tanto, tenemos todo en la mano para que el Centenario deje un germen", finaliza.

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