La ‘rimoteca’ de Ajo

La artista inauguró la 20ª temporada de Viernes de los Cuentos con un espectáculo de micropoesía y música de la dj Judith Farrés para hablar del amor con sensibilidad, desgarro y humor.


Si la poesía anda por las calles, como dijo Lorca, la micropoesía se ha colado en las discotecas. El recital que ofreció ayer la siempre sorprendente Ajo para inaugurar el Viernes de los Cuentos (dos tercios de entrada en el CMI de Aguas Vivas) mezcló en la coctelera de sonidos de su colega Judith Farrés rimas, ecos, susurros y gritos desesperados con bases tecno y algún sugerente solo de clarinete, sumergiendo al público en una ‘rimoteca’ en la que recibió poemas mínimos como pétalos de rosas y aforismos afilados como cuchillos.

Los micropoemas de Ajo son verdades cortas pero inapelables. “Vendo agendas pequeñas para gente de pocos amigos… y me estoy forrando”. En su regreso a Guadalajara, la artista no sólo se hizo acompañar de la DJ Farrés, sino de su perrita, que se empeñó en participar en el espectáculo. Sus ladridos, como los comentarios de humor de Ajo (remató un momento histriónico con “os lo tenía que haber dicho al principio, pero soy muy exagerada”) fueron el contrapunto de una actuación medida al centímetro, aunque presentada con un aire de espontaneidad que deja una estupenda sensación de frescura.

La actuación guardó un magnífico equilibrio entre los versos de la micropoetisa y la música que la acompañaba, con sus subrayados tecno que le confirieron un ambiente ochentero. Ajo habló mucho de amor, de amor en B y de amor intermitente, de “amorrrr” que termina erre que erre; curó heridas con carcajadas, se rio de su sombra, fue mujer fatal y víctima melodramática y realizó alguna incursión de carácter más político, como su irónica y brevísima historia de la humanidad, de esclavos a clientes, a un milímetro de retornar a los orígenes. Guardó un minuto de silencio por los besos que no acaban en tus labios y cantó, contó, recontó y suspiró cada vez que ponía un punto y aparte a sus versos.

En la recta final, tras plantear un microproblema matemático y una versión de Huidobro, lanzó las predespedidas (“me voy a la cama que tengo mucho que soñar”, “no olvidéis ponerle pruebas al infinito para ver si resiste”) y al completar una hora de espectáculo (dijo que habían sido tres y media, pero que “la micropoesía se hace muy corta”) se marchó –ahora sí– con una despedida definitiva y contundente como un puñetazo, más inesperada aún por llevar la firma de Gloria Fuertes. Aquello sonó como una advertencia: ya es temporada 2016/2017 en los Viernes de los Cuentos, así que tengan cuidado: la poesía anda suelta.

 

 

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