El filandón de los viernes

El ciclo de narración oral para adultos Los Viernes de los Cuentos cumple 20 ediciones, convertido en un referente del género en todo el país. • La iniciativa surgió de manera casi espontánea en el Infantado, por una treintena de aficionados a los cuentos. • Los narradores coinciden en que Guadalajara es una plaza de primera para el género.


Los filandones (o fiandones, o hilandorios) son reuniones para contar cuentos que en algunos lugares de León, Galicia y Asturias –aquí sería calechu– hacían las gentes al caer la noche, sobre todo las mujeres mientras tejían. Tiraban de uno y otro hilo y aquello acababa convertido en un “hilandón”. Tenía algo de aquelarre y de círculo para las confidencias, de repliegue del clan en torno a sí mismo y de vuelta a los orígenes en la cueva, en torno al fuego.

En el lunes 28 de febrero de la agenda de 1994 de la exdirectora de la Biblioteca Pública de Guadalajara, Blanca Calvo, hay marcada una anotación: "poner los carteles de la Noche de los Cuentos", que se celebraría el viernes siguiente, 4 de marzo. No es ni siquiera seguro que fuese esta la fecha de arranque, pero es el único y más lejano rastro –no quedan fotos ni papeles– de unas reuniones casi privadas que, con un espíritu muy similar a aquellos filandones del norte, acogió al filo de la medianoche, y durante más de tres años, la Biblioteca en el Palacio del Infantado.

Allí los aficionados al género, casi todos ellos componentes del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil que organizaba el Maratón de los Cuentos, tiraban del mismo hilo que el recién nacido festival. Una treintena de personas acudía algunos viernes a la sala de la vieja hemeroteca para sentarse en corro y compartir entre amigos, a la luz de las velas, una queimada, unos dulces y muchas historias. Era su propio filandón, una Noche de los Cuentos que se convocaba los viernes y que acabaría adoptando este mismo nombre: Viernes de los Cuentos.

Aquella chispa prendió. Las contadas crecieron en número de público, se hicieron quincenales, cambiaron su nombre por Viernes de los Cuentos y de ellas surgieron voces referentes hoy en el género, como la de Pep Bruno, que recuerda perfectamente la primera sesión, en la que un joven que escribía relatos para concursos contó en público por vez primera. Lo hizo con ‘La ola y la ráfaga’, que ha mantenido desde entonces en muchos de sus repertorios. “Era un ambiente muy propicio, me encontré muy cómodo”, rememora. “No voy a decir que aquel primer Viernes fue para una epifanía, pero sí un punto de partida”. Pep Bruno regresó a cada cita, practicando en algunas ocasiones lo que aquel grupo llamaba ‘cuenting’, contar improvisando. Y al cabo del tiempo, la afición se convirtió para él en su actual oficio, en el que lleva más de veinte años: “Soy hijo del Viernes de los Cuentos, fue mi escuela”, reconoce. En su blog tiene una entrada contando su relación con esta programación.

Aquellas sesiones un tanto informales se institucionalizaron en 1998, cuando el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil puso en marcha esta temporada de narración oral para adultos que se ha acabado convirtiendo en pata indispensable de la programación cultural arriacense. La exdirectora de la Biblioteca y actual presidenta del Seminario de Literatura, Blanca Calvo, recuerda que la idea inicial fue sacar las contadas de aquella vieja sala a la calle. Se probó antes en el bar El Globo, pero después de unas cuantas tentativas se decidió buscar un centro público. Y los cuentos llegaron hasta el salón de actos del Centro Cívico.

Si hubiese sido por aquellas primeras sesiones, lo habríamos dejado. A veces sólo había quince personas, pero esta es la prueba de lo importante que es el tesón para llegar a obtener buenos resultados”, relata Blanca Calvo, que reconoce que fue en el Cívico donde la iniciativa se consolidó definitivamente.

Varias ubicaciones

La voz se corrió, el público fue acercándose para quedarse y aquellas quedadas para escuchar cuentos de profesionales un viernes por la noche desbordaron todas las expectativas. En octubre de 1999 se puso en marcha una nueva temporada, pero aquel arranque demostró que hacía falta un local que pudiese dar cabida a más de 150 personas y, después de una búsqueda concienzuda, la temporada desembarcó en noviembre en el Salón de Actos del Instituto Brianda de Mendoza, donde más tiempo ha permanecido.

La primera función allí corrió a cargo de Tim Bowley con su traductora Casilda Regueiro. “Estaba repleto, ha sido probablemente lo más impactante que he visto con los Viernes, porque el cambio fue un éxito sin más publicidad que el boca a boca y el aviso en los medios de comunicación”, recuerda Calvo. Se pasó de 160 a 300 espectadores con el mero cambio de ubicación. El Brianda ha albergado la mayor parte de las sesiones que los más fieles tienen por antológicas. Y la afición allí siguió creciendo.

Sólo la necesidad de un aforo todavía mayor hizo que la programación tuviese que buscar de nuevo destino hace tres años, esta vez en el Salón de Actos del CMI de Aguas Vivas, con capacidad para 400 butacas y algunos cuantos espectadores más de pie al fondo y en los laterales cuando hace falta, que no son pocas veces. Lejos de dejarse público en cada mudanza, estos cambios de ubicación suman siempre nuevos espectadores.

Un referente nacional

La temporada de los Viernes se ha convertido en un serial de citas periódicas para el público aficionado a la narración oral, que cubre así el vacío entre maratón y maratón, de junio a junio. Como dice Pep Bruno, “el Viernes mantiene la palabra caliente y viva en los corazones y las orejas del público”. Pero, sobre todo, es un punto de referencia para los profesionales que se suben a un escenario que para ellos tiene un significado muy especial, comparable a lo que sería una plaza de toros de primera.

Contar cuentos en Guadalajara es como para un torero ir a Las Ventas”, explica la artista alcarreña Marta Marco, que recuerda que son muchos los profesionales que hablan de “la excelencia de un público de Guadalajara muy educado en la escucha, que ha hecho callo escuchando”. Lo confirma Pep Bruno: “Para nuestro oficio es uno de los sitios de mayor relevancia en el que puedes estar, resulta un premio pero también es un gran compromiso”. Aunque hay salas privadas de similar categoría, como la Harlem en Barcelona, ninguna iniciativa pública de narración oral se puede situar a la misma altura.

El año pasado, en la antesala de la 20ª temporada, el Seminario de Literatura programó a muchos artistas locales. Abrió la temporada el propio Pep Bruno, en la que ya era su cuarta actuación en estos Viernes, y narró la alcarreña Estrella Ortiz, una de las voces pioneras y más respetadas en el gremio. Pero, además, el Seminario dio la primera oportunidad en esta programación a otras dos artistas de casa: Gracia Iglesias y Marta Marco.

Esa actuación fue clave, ha marcado un antes y un después en mi carrera”, asegura Marco, quien, a pesar de su experiencia también en teatro, nunca se ha enfrentado a una cita tan complicada. “Sólo con pensarlo me ponía de los nervios”, asegura en referencia a la simple idea de contar en un Viernes de los Cuentos, cuando ya lo había hecho durante diez años para niños o, también para el Seminario de Literatura, en los Monucuentos del Maratón.

La llamada del Seminario de Literatura supuso todo un reto para el que incluso llegó a considerar la opción de retrasar su aparición a una edición posterior. Al final, creó un espectáculo a propósito para esta cita, se enfrentó a todos los temores (lo que le costó quedarse sin voz días antes del estreno) y acabó firmando una fantástica actuación en el CMI ante nada menos que 480 espectadores. “Me sentí muy arropada”, confiesa.

La fuerza de la costumbre

La llegada de profesionales convocados por el Seminario de Literatura alimenta también el circuito de cuentacuentos de la provincia. En torno al Viernes de Guadalajara suelen actuar también en Azuqueca, llamados por su biblioteca para el jueves anterior, el sábado en La Hora del Cuento de la Biblioteca de Guadalajara con repertorios infantiles y a veces incluso en los pueblos de la arquitectura negra con su ‘Cuentacuentos del Ocejón’. De modo que un mismo narrador llegado para la programación del SLIj puede llevar a cabo cuatro contadas en torno a esta fecha. Se trata de unas sinergias que el narrador Pep Bruno anima a incentivar desde las administraciones -apunta, por ejemplo, a la Diputación- y que multiplican los efectos positivos de la temporada arriacense a la hora de convocar figuras y crear afición.

Este viernes 14 de octubre en el CMI de Aguas Vivas queda inaugurada la XX temporada de los Viernes (lo es si se cuenta la que guarda este mismo formato). Al escenario de estos filandones volverá uno de los clásicos, como Quico Cadaval, mientras la iniciativa se sigue abriendo a nuevas tendencias como la micropoesía de Ajo, que actúa este viernes.

Pero para celebrar un aniversario tan redondo habrá, también, dos sesiones como las de antaño, las que Blanca Calvo llama “la prehistoria de los Viernes” y que están en el germen de estos más de veinte años de trayectoria. “Los guadalajareños no tenemos unos genes especiales que hagan que nos gusten más los cuentos que al resto de personas, en realidad es un trabajo que ha hecho durante más de 25 años el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil, un grupo de personas que merecen respeto y admiración por cómo han programado pensando en el largo plazo”, explica la actriz Marta Marco. Las celebraciones de este año son, en realidad, la cosecha que sembraron en aquellos filandones.

 

 

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