Libros para chuparse los dedos

El Rincón Lento presentó este sábado cinco libros en un acto convertido en menú literario con cinco autores y pequeñas editoriales, Volapük, Palabras del Candil, Pez Sapo, Inventa o Poesía Eres Tú.


Fue una presentación múltiple de libros, pero dispuesta como un banquete. A las siete de la tarde, la mesa estaba puesta, con su mantel, sus copas y sus servilletas. Quien recibió a los comensales fue la coordinadora de Cultura EnGuada, Elena Clemente, que se encargó de ir dando paso a cada plato y de resumir en una breve introducción la original propuesta de El Rincón Lento. “Quién no se ha tragado el cuento, quién no ha devorado un libro, qué novela o qué poema no ha dejado un gusto dulce o amargo”, se preguntó Clemente, jugando con los dobles sentidos entre la literatura y la alimentación.

Leer se asocia a la lentitud, a la tranquilidad; parece hasta raro coger un libro y degustarlo con sosiego, en estos tiempos donde las nuevas tecnologías y las redes sociales lo inundan todo y nos sumergen en una especie de vértigo e inmediatez que, a veces, marea demasiado”, continuó, para hacer un guiño a las pequeñas editoriales como Volapük, Palabras del Candil, Pez Sapo, Inventa o Poesía Eres tú, que el sábado presentaban algunos títulos: “Y es verdad que en la actualidad, los pequeños editores, como los que han editado los libros que hoy presentamos, suponen una esperanza”.

El aperitivo corrió a cargo de Maite Cabrerizo, periodista que convirtió su amarga experiencia en el paro en unas páginas rebosantes de poesía y rebeldía publicadas por Poesía Eres Tú, en una reivindicación de “los amores sin maquillaje que no salen en los diarios”. En ‘Un buey enorme pisa mi lengua’, título prestado de una frase de Agamenón, la autora transita de lo clásico, como Ovidio, a lo moderno, como Barón Rojo, según confesó en una presentación con dos atractivos montajes audiovisuales.

Me vi en el otro lado y me dije que tenía que hacer algo”, explicó ayer al relatar su experiencia como desempleada, en la que quiso ejercer, a su manera, “el derecho a la pataleta”. Con una visión humana del drama de la crisis económica, rebosante de poesía, Cabrerizo asegura que “es un libro contra los bueyes que pisan lenguas”.

Tras el aperitivo, sólo aparentemente liviano, llegó el entrante. El fotógrafo Iván Casuso presentó ‘Lo que yo te contaría’, un título propio del proyecto editorial Inventa Ediciones, que mantiene con Juan Trenado, para promocionar a artistas noveles. En su caso, mostró una cajita de postales, poemas visuales realizados en fotografía que se acompañan de un título evocador y de una definición.

El propio Casuso repartió varias de estas postales entre los asistentes para que jugasen con los dobles sentidos, los juegos de apariencias y las metáforas allí contenidas, con resultados a veces sorprendentes. Un caracol que deja atrás su concha y sube sobre una piedra enorme es una hipoteca, mientras que un reloj de muñeca con una brújula en la esfera es “Regreso” y tiene por definición “Darse cuenta”. Como el propio artista dijo, se trata de “fotografía conceptual y muy minimalista” con la que se intenta contar cómo es nuestro mundo a un personaje que aún no lo conoce porque estaría por llegar.

Primer y segundo platos

El primer plato lo sirvió una chef con mucha experiencia en los fogones. La narradora oral Estrella Ortiz habló de su libro ‘Contar con la poesía’ -ya presentado en la Biblioteca Pública y publicado por Palabras del Candil- en el que hace una reflexión sobre los orígenes de la narración oral ligados a las formas originarias de poesía y a los métodos poéticos que se pueden utilizar hoy en este género.

La poesía está hecha para sonar, para decir y para ser escuchada”, explicó Ortiz, que insistió en el carácter compartido de una poesía que a veces, sobre todo a raíz de la hegemonía de la literatura escrita, se ha asociado con la lectura intimista y solitaria. Pero además de hablar de su ensayo, la alcarreña también leyó poemas de Pessoa o Alberto Manguel, rescató algún recorte de prensa con versos y mostró uno de sus proyectos más recientes, los poemas en tela que está publicando con la firma artesana Totopo Brown.

El plato fuerte, al menos el materialmente más consistente, llegó con el libro ‘Viento’ de Javi Caballero, una larga narración que es “un homenaje a los que han luchado por la libertad”, en la que entremezcla la historia de un miliciano y maqui, “un vencido que no se siente vencido”, con la de un activista social de nuestro tiempo.

El libro, publicado por la editorial alcarreña Volapük, contiene además un anexo de más de 30 cuentos republicanos, escritos a partir de testimonios que reunió el autor en su amplio proceso de cuatro años de documentación y recogida de testimonios para la novela. Caballero leyó emocionado un fragmento en homenaje a su madre, que asistió a la presentación, y reivindicó los principios libertarios presentes también en la novela.

Para el postre hubo que pasar por la churrería. Dos de los siete componentes del proyecto Sr. Churrero, Ricardo Hierro y Javier Yohn Planells, explicaron la naturaleza de un proyecto multidisciplinar e interactivo. Tienen más de 400 cuentos escritos a catorce manos, a razón de uno diario, a partir de una imagen que les envía algún cliente. El resultado está colgado en la web, aunque también hay una selección de relatos publicados en papel, en el libro ‘Cuentos como churros, Edición Gourmet’.

Hemos querido bajar la literatura del pedestal”, indicaron en su presentación, en la que explicaron que todos meten mano a cada cuento, que firman de manera anónima como Sr. Churrero: “Huimos de la autoría”. Entre tanto, les surgen situaciones de “tensión”, porque la inmediatez y la propia visión de cada cual a partir de la imagen que sugiere el relato puede dar lugar a resultados no siempre previstos por el cliente: “El otro día nos pidieron un cuento para regalar a una novia y nos salió un relato sado”.

Los churreros fueron los encargados de cerrar el original ciclo de presentaciones propuesto por el Rincón Lento en su local transfigurado en restaurante en el que sentó bien la combinación de géneros tan variados durante hora y media. Y aún saciados con un menú tan generoso, todavía hubo quien del público echó algunas páginas a la tartera, para seguir degustando en casa. La experiencia tiene todas las papeletas para repetirse: dejó un estupendo sabor de boca.

 

 

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