Secretos del Maratón de Cuentos

La llegada inesperada de la escritora Carmen Martín Gaite fue una de las sorpresas de los 25 años de un Maratón que ha tenido mil y una situaciones memorables. Desde un apagón a unos recién casados que fueron a hacerse fotos al Palacio y acabaron contando su propia historia de amor en el escenario.


» ¿Cómo surgió el Maratón? Tal vez no sea un secreto propiamente dicho, pero conviene empezar por aquí para quien aún no lo sepa. En 1992 Blanca Calvo era alcaldesa y para dinamizar la Feria del Libro que se estrenaba entonces en Guadalajara pensó en alguna actividad original: hubo un pasacalles de cuento, pero también un maratón de narración que se marcó como reto entrar en el Libro Guinness. La bombilla se les encendió a Blanca Calvo, a la bibliotecaria de Azuqueca, Eva Ortiz, y a la contadora Estrella Ortiz a partir de una contada espontánea que había surgido entre varios expertos de un congreso, unos años antes en el Infantado. A partir de ahí la imaginación echó a volar, con el trabajo de algunos técnicos y la colaboración de personalidades de la cultura que respondieron al llamamiento como Buero, Garciasol, Andrés Berlanga, Jose Luis Sampedro... “Si ellos no hubieran creído en esto, no estaríamos ahora cumpliendo 25 años”, recuerda Calvo. 

» Cela no contó... Quien no estuvo en esa edición fue Cela, que entonces ya vivía en Guadalajara. Existe el rumor de que envió un cuento para compensar su ausencia, pero no es cierto. Calvo recuerda que tenía uno publicado en Destino titulado ‘Las orejas del niño Raúl’, que ella misma ha contado alguna vez: “Es un niño que tiene las orejas de distinto tamaño y está todo el rato midiéndoselas para ver si es verdad. Entonces su padre le encarga que lleve unas gallinas a una granja y el niño lleva a cada una en un brazo, pero no puede dejar de tocarse las orejas y... al final se le acaban marchando”. Calvo admite que le preguntó alguna vez a Cela por qué no participaba, pero el Nobel siempre le derivó a su esposa, Marina Castaño, que le llevaba la agenda: “debía de estar muy cargada porque nunca encontró el momento de venir”.

» ... y Buero contó demasiado. El dramaturgo alcarreño Buero Vallejo y su mujer, la actriz Victoria Rodríguez, respaldaron con su presencia la primera edición de la cita cuentista. Pero sus amables intervenciones, todo sea dicho, no son recordadas precisamente como las más amenas de la historia del Maratón. Cuando menos, por extensión...

» Una boda de cuento: Unos recién casados que acudieron a hacerse sus fotos de boda al Palacio un sábado al mediodía se encontraron el Patio de los Leones lleno de sillas en pleno festival... y la organización del Maratón les cazó al vuelo ‘obligándoles’ a contar: “Les subimos casi en volandas, pero lo hicieron de buen agrado. No se les ocurría nada, así que terminaron contando su historia de amor”, rememora Calvo.

» La memoria: En el Maratón no se lee, se cuenta de memoria. Recuerda la presidenta del Seminario que una vez quiso ella recitar el poema ‘Ítaca’ de Kavafis, pero no fue capaz: “aunque en la ducha me salía bien”, bromea. Lo contrario le ocurrió el año pasado a Jon Chenta, de 11 años, que recitó un poema de dos folios de Ramón de Campoamor de memoria, “sin vacilación ni defecto en la dicción, precioso. Me levanté y le dije ¡bravo! a la cara. No fui la única”.

» El apagón: En una edición, se fue la luz. El apagón sucedió mientras contaba el narrador Israel Hergón. Despúes, siguieron en latín y griego narradores de la Escuela de Cuentacuentos de Madrid... la gente respetó a los contadores y dio luz con sus móviles. Lo importante era el cuento.

» Famosos sin cuento: Desde el Maratón se han lanzado muchas ‘cañas de pescar’ escritores y nombres destacados de la cultura: Saramago, Romay, Labordeta, Carlos Hipólito, Ana Mª Matute... el mayor competidor ha sido siempre la Feria del Libro de Madrid, que coincide en el tiempo y les deja agotados.

» ¿Quién lo organiza?: Contrariamente a lo que muchos piensan, no es la Biblioteca como tal, aunque participa activamente. O no exactamente. Quien lo hace es el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil, con sede en la Biblioteca, nacido en 1982 a raíz de este centro y presidido por quien fuera su directora durante tres décadas, Blanca Calvo. Existe, pues, una gran proximidad y entre sus voluntarios siempre ha habido muchos bibliotecarios, pero el Seminario es una asociación propia que promueve la animación a la lectura con actividades como sesiones de narración oral, en las que se ha convertido en un referente internacional.

» Las cifras: Muchos son los voluntarios, los cuentos, los contadores. Los primeros suman unos 250 cada año. Las historias en estos 24 años han sido unas 14.500 y el número de contadores, más de 19.000.

» ¿Cuánto cuesta?: Cerca de 80.000 euros. Gran parte de ese dinero se lo llevan los equipos técnicos: iluminación, tarimas, el 'trust' que hay que poner en el Palacio para no estropear la piedra... y los viajes de los profesionales que vienen. “Desde luego no se podría hacer sin la ayuda de los 250 voluntarios”, remarca Calvo. Los años que participan en un proyecto europeo, como este, se permiten hacer “alguna cosa extra”. Este año, sobrepasa los 100.000 euros “porque nos comprometimos a hacer conferencias y unos talleres de expertos en poesía”.

» Momentos mágicos: Son más que las 1.001 noches”, afirma Blanca Calvo. Los ha habido protagonizados por niños, como los que contaron un cuento de estos de ¿quieres que te lo cuente otra vez? Y no sabían salir del lazo (risas)”. También los hay protagonizados por narradores como el francés Ze Jam Afane: “hace muchos juegos con la garganta y al borde de lo ridículo, pero no le da miedo. Cada vez que ha venido al Maratón, me abre algo especial...”, explica Calvo. “Y Kapilolo, narrador sudafricano, cuando contó en la lengua originaria de los bosquimanos, el ‘¡xun’, que tiene siglos de antigüedad”.

» Una invitada inesperada: La sorpresa más impactante en estos 25 años de Maratón fue la visita de la escritora Carmen Martín Gaite: “vino sin avisar”, recuerda Calvo. “Le impactó tanto el ambiente, el respeto, la escucha... que se quedó en el claustro alto pensando qué iba a contar y contó su propia historia: una persona mayor que estaba cansada y a la que le habían dicho que se había muerto la palabra. Ella estaba muy triste porque la palabra era su vida y un día, un amigo joven la fue a buscar. Madrid estaba vacío porque había un partido de fútbol, pero llegó a un Palacio encantado donde comprobó que la palabra no había muerto. Se ponían los pelos de punta. La gente se preguntaba: ¿es Carmen Martín Gaite? No estaba anunciada y no nos lo podíamos creer casi. Ella fue, creo, quien habló por primera vez de la fiesta de la palabra”.

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