“Las bibliotecas ofrecen una vida social enriquecedora”

La directora de la Biblioteca Almudena Grandes de Azuqueca, Eva Ortiz, se jubila este martes después de 32 años al frente del centro. De los 300 usuarios y 3.000 libros de 1984 a los 13.000 carnés y 76.000 ejemplares actuales, el centro ha crecido de manera sensacional, también en programas que no cesan para todos los públicos. De hecho se marcha repartiendo dos guías de lectura, una para bebés y otra de detectives para adultos. Nos ha abierto las puertas de la coqueta Casita de los Cuentos que lleva su nombre y charlamos con ella sobre su trayectoria y su visión del oficio.


En una jubilación, ¿procede dar la enhorabuena?

¡Claro! Son 32 años de trabajo muy satisfactorio, estoy muy orgullosa de lo que he podido hacer en este tiempo, he trabajado muy a gusto y me he creído esto del fomento de la lectura… ¡así que claro que sí! Lo que pasa es que ahora empieza una etapa diferente de la vida, y lo hago también con mucha ilusión. Haré todas esas cosas que me apetecen, pero ya iré viendo cómo: poco a poco…

Supongo que es momento de balance y que las reacciones de cariño de la gente importan mucho en un trabajo tan vocacional, más allá del sentimiento de satisfacción personal…

En este camino me he encontrado con mucha gente y nos hemos hecho directamente amigos porque en este tipo de trabajo conoces muy en profundidad a mucha gente…

No es sólo un trato profesional al uso.

No, se produce una relación diferente, muy entrañable. Ha habido de todo, pero pesan más los buenos recuerdos. Es cierto que me da pena jubilarme y cierto vértigo, por el hecho de empezar otra etapa y dejar atrás esto, pero a la vez pienso estar en contacto y no me voy para siempre, dejo aquí muchos amigos y seguiré viniendo, voy a estar.

En su caso el homenaje no se hizo a esperar a la jubilación y ya lo tuvo hace dos años, cuando se abrió la Casita de los Cuentos que lleva su nombre y cuya inauguración fue una fiesta en su homenaje.

Sí, aquello fue impresionante, pero a la vez me dio mucha vergüenza. Recuerdo cuando me lo vino a comentar el entonces alcalde, Pablo Bellido, que habían pensado abrir la Casita de los Cuentos y ponerle mi nombre.

¿Se ruborizó?

Sí. La verdad es que yo llevaba mucho tiempo buscando espacio para ampliar la biblioteca infanti y pensaba que un parque era un sitio ideal porque allí los niños van a jugar pero también pueden aprovechar para ir a leer o para hacer actividades. El Ayuntamiento se tomó muy en serio la propuesta y fue una gran satisfacción. Pero la inauguración fue increíble porque salió gente de todos los sitios, hubo un pasacalles con Caperucita y el lobo… Me encantaron el desfile, los cuentos que se hicieron en la casita y cómo desde entonces se ha ido configurando ese espacio.

¿Se va con sensación de una etapa bien cerrada o deja muchos asuntos pendientes?

De lo que yo he podido hacer para enriquecer la biblioteca está todo más o menos cumplido. No obstante creo que hace falta espacio para los jóvenes, porque hemos puesto en marcha para ellos un proyecto nuevo, el Pasaporte Cultural, que está funcionando muy bien y por eso mismo necesitan espacios. La biblioteca infantil y juvenil hasta 14 años se nos ha quedado pequeña para la población que hay en Azuqueca y, además, los jóvenes entre 13 y 17 años están en una época de transición que demanda un espacio propio, por ejemplo para hacer trabajos en grupo. El Ayuntamiento tiene constancia de ello y supongo que lo tendrá en cuenta. Me voy con la pena de que esto le quede ya al siguiente, que se lo tendrá que pelear.

¿Entre sus planes futuros está seguir vinculada a la biblioteca?

Sí, hacemos cosas que no me quiero perder. Llevamos siete años haciendo unas jornadas de animación a la lectura con padres y educadores de la que ha salido también un encuentro los martes para contar, y un día al mes en la Merienda de Cuentos. Están también los clubes de lectura… De alguna manera voy a seguir ligado a todo esto, pero no voy a decir que estaré aquí todas las semanas porque, de momento, no quiero asumir compromisos demasiado grandes y sí mantener el contacto.

A lo largo de 32 años le ha tocado desde poner en marcha la biblioteca hasta consolidarla…

Se inició en una dependencia del polideportivo, donde estuve cuatro meses, y luego se inauguró el centro cultural y nos vinimos. Cuando llegué fue muy ilusionante ver el nuevo espacio. Desde aquí intenté que se involucraran los lectores. Hicimos muchas cosas, sobre todo con los más jóvenes, como el inicio de los clubes de lectura, pequeños debates con chavales de séptimo y octavo, encuentros con escritores para ellos, un periódico que se llamaba ‘El diluvio cultural’ que lo tirábamos con gelatina…

Para una localidad en pleno crecimiento como Azuqueca, con gente llegada de fuera, ¿fue importante el componente social del centro?

Sí. Además era un municipio gobernado por el Partido Comunista, que tenía una idea de cultura muy participativa, que se intentó poner en marcha desde la biblioteca, con actividades para todos los públicos, encuentros con autores... Cuando se inauguró el centro cultural  casi toda la actividad la generaba la propia biblioteca, porque entonces no había ni siquiera un técnico de cultura.

La Biblioteca de Guadalajara ha sido una referencia en todo el país. En Azuqueca, por la proximidad, ¿han tenido la sensación de estar a su sombra?

No. Como dice una compañera mía, jugamos en otra división si nos comparas con Guadalajara, como nos ocurre a nosotros a su vez con las bibliotecas de otros pueblos. Allí hay 40 trabajadores y aquí cinco, el presupuesto allí es equis más que aquí… Yo lo que creo es que ambas bibliotecas hemos estado cerca, que [la exdirectora en Guadalajara durante más de 30 años] Blanca Calvo y yo hemos trabajado conjuntamente en muchas cosas como las jornadas de animación a la lectura que allí se hacían a través del Seminario, donde yo también estaba… Ha sido una referencia para nosotros, pero no nos hemos sentido el hermano pequeño. En otros casos nosotros hemos hecho cosas que allí no han hecho.

Y ha habido sinergias, como aprovechar la presencia de narradores profesionales en Guadalajara.

Eso es. La idea es compartida, que sea una biblioteca participativa y compartir proyectos, como uno europeo que se hizo en Guadalajara. Pero también hemos trabajado con las bibliotecas municipales porque siempre estamos a caballo de una y otras.

Guadalajara y Azuqueca han sido referencia en narración oral, hasta el punto de que se sigue creando una cantera interesante…

En Guadalajara, donde yo vivía, teníamos un día o dos viernes al mes en que, cuando cerraba la biblioteca, nos dedicábamos a contar cuentos allí entre nosotros. Así empezó por ejemplo [el narrador profesional] Pep Bruno, que ahora sin embargo viene aquí a Azuqueca a contar un viernes al mes, en la Casita de los Cuentos, metiéndoles a su vez el gusanillo a muchos jóvenes que ya constituyen una nueva generación de narradores.

La narración oral, que fue una herramienta para animación a la lectura, se ha convertido en Guadalajara en toda una institución con estos 25 años de Maratón, los Viernes de los Cuentos o los ciclos paralelos en los pueblos.

Que haya gente joven contando cuentos un viernes por la noche resulta muy gratificante, cuando lo normal es que estuviesen haciendo cualquier otra cosa…

jugando al futbolín, como poco…

¡Como poco! Hay pocos sitios donde la narración ha calado tanto entre los jóvenes como aquí, más incluso que en Guadalajara, donde hay mucha gente, pero no siempre tan joven como en Azuqueca. Es un logro impresionante.

En Azuqueca han batallado mucho contra el canon de préstamo bibliotecario, además con la colaboración del Ayutnamiento.

Sí, puso un recurso, pero el tema sigue aún en los tribunales. Nosotros en la Biblioteca pusimos una pancarta que todavía se puede ver. A nivel regional la idea es que los ayuntamientos paguen y que a los pequeños, si no pueden, se lo sufrague la Junta. Pero, en el fondo, estamos pagamos los ciudadanos por unos derechos de autor que ya se pagan cuando se adquiere el libro. Si hubiesen recurrido más ayuntamientos no estaríamos donde estamos ahora.

¿Se está notando la recuperación de la crisis en el cese de recortes en las bibliotecas?

Ha llegado con cuentagotas. Con la Junta seguimos igual, cinco años sin ayudas para libros ni para actividades culturales y multimedia… Por parte del Ayuntamiento este año en los presupuestos se ha incrementado bastante la partida para compra de materiales y actividades. Pero siguen quedando aspectos pendientes como en personal: para hacer actividades tiene que haber profesionales.

La gente ve que aunque hay recortes se siguen haciendo muchas cosas. Es un arma de doble filo, porque se crea la sensación de que no hace falta tanto ese dinero si no se notan los recortes…

Pero sí se notan. Estos años se ha comprado mucho menos material y el préstamo, por ejemplo, no crece tan exponencialmente como venía sucediendo. Sí hay mucha programación, pero en muchos casos como bicicuentos o la Merienda de Cuentos, con voluntarios, en plan altruista.

Y el pasaporte cultural para los jóvenes.

Ese es un proyecto muy bonito que se puso en marcha el año pasado y que en su segunda edición sigue buscando que los jóvenes tengan el gusanillo de la cultura, relacionando cultura y educación con actividades que se hacen dentro del horario escolar y otras fuera. Es un programa muy interesante en el que participan en cine, teatro, exposiciones, encuentros con escritores, talleres de bloggers, de vídeo con smartphones… Aquí hemos hecho también tres maratones de poesía, con ciento y pico chavales en la Casa de la Cultura recitando, algo que no es fácil. No son actividades muy costosas, con la idea de que tengan un librito al que se le va poniendo sellos donde los jóvenes pueden mejorar su nota académica o tener acceso a pistas deportivas o para ir al cine, se trata de dar motivaciones.

¿Afrontan las bibliotecas en estos tiempos un papel fundamental en la alfabetización digital?

En Azuqueca hemos tenido un aula de internet con 30 ordenadores y al principio se le dio muchísimo uso, con cursos con un monitor a través de la Junta. Luego la administración regional cesó esta actividad y el aula se usó menos. Por falta de espacio se trasladó al Foro Joven, donde el Ayuntamiento sí lleva a cabo actividades similares. Digitalizar fondos en una biblioteca municipal no es necesario, porque la labor de conservación es menor y el préstamo de ‘e-books’ se lleva a cabo a través de la red regional, con los 21 días… pero se gestiona desde la región, no intervenimos en qué títulos se compran, viene dado, y la verdad es que no se usa todavía mucho. Ahí tenemos menos que hacer desde una biblioteca municipal. Pero es que además la biblioteca tiene que ser algo más que llevarse el libro en préstamo: ver las novedades expuestas, tener guías de lectura, ver revistas, que el propio bibliotecario te haga el préstamo…

¿Cómo imagina la biblioteca del futuro?

Yo espero que sigan siendo un punto de encuentro. La sociedad tan individualista que tenemos, de meternos en internet en casa aislados y tenerlo todo a mano, te impide al final tener una vida social, que siempre es muy enriquecedora y la biblioteca pueda proporcionarla. Uno puede leer en casa, pero hacerlo en público te aporta muchas cosas, es algo que no sabe quién no lo ha descubierto. Hace años esto era un pueblo y para quien llegaba de un lugar grande le resultaba tremendo. Me consta que hay mucha gente que dice: ¡qué hubiese sido de mí sin el club de lectura! Las bibliotecas deben seguir conservando algo de eso, leamos en libro digital o no… Aparte de que haya libros, como los álbumes o los cómics, que siempre apetecerá más leerlos en papel. Muchas cosas cambiarán, claro, pero espero que esa labor se mantenga.

Que haya bibliotecas virtuales, pero no sólo sean eso…

Espero que sigan siendo un espacio de encuentro.

 

 

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