Juan Gamba: el vendedor de palabras

Volvió a llenarse el salón de actos del CMI en una nueva sesión del Viernes de los Cuentos. • La noche fue para Juan Gamba, que hizo reir mucho al patio de butacas con historias de finales imprevistos, con princesas, amor, cigarras rockeras y misterio, cuentos que beben de los clásicos y de la tradición oral moderna. 


"Vendo, vendo, vendo palabras. Y si no me creen, arránquenme la cabeza". Ese era el objetivo -descolocar, abrir sesos- de este Viernes de los Cuentos, que volvió a llenarse para ver al narrador Juan Gamba. Actor, clown, juglar, Juan Berlanga -su nombre real- nos toca de cerca por ser hijo de los escritores y periodistas Enriqueta Antolín ('La gata con alas'), fallecida en 2013, y de Andrés Berlanga, oriundo de Labros y autor de 'La Gaznápira' y 'Sucesos', que siguió el espectáculo desde el patio de butacas. 

Anoche, Gamba hizo reir y mucho con una contada de hora y cuarto que sorprendió con finales inesperados, con personajes con mucha personalidad, versiones de clásicos, sucesos de la tradición oral moderna, cuentos multiculturales... princesas que querían vivir su propio cuento contando -surcando- los mares infinitos, lejos del tedioso palacio, atractivos piratas, judíos, cristianos, musulmanes, lobos, conejos, animales mil, caperucitas, bellas durmientes y cenicientas, filosofía, entendimiento y paz.

Ya lo predijo Gamba: vendo palabras. Y así fue. Las fue vertiendo poco a poco, con aderezos de clown, con historias de amor, relatos tan breves como el amor que describen, una versión argentina de 'La cigarra y la hormiga', protagonizada por una cigarra rockera de éxito, con jeans rotos y una Harley Davidson. Y una hormiga, preocupada en laborar y que, finalmente, protesta del mismísimo Samaniego, su creador.

Gamba hizo viajar del calor al frío con un par de historias. Hasta un Norte lejano donde el enfrentamiento era habitual -maestros, curas, religión, filosofía- y donde los papás noeles se descubrían mujeres. Y consiguió la carcajada con la peripecia -casi un chiste- de tres amigos infieles -cristiano, judío y musulmán- que, llegados a un gran río, pidieron ayuda a su Dios para cruzarlo. Y, acto seguido, con el cuento de otra divinidad que propició riquezas a un hombre pobre y carpintero, que aprendió pronto la lección.

La contada terminó con un homenaje a los cuentos de miedo. 'El lobo ha vuelto' permitió que el público -hasta ese momento pasivo, atento escuchador- formara parte de una historia de noche sin luna donde desfilaron los tres cerditos, la madre cabra y los siete cabritillos, Pedro y Caperucita y donde el lobo reivindicó su bondad, contando mil cuentos.

Ya lo predijo Gamba: se trataba de descolocar. Y lo consiguió con una contada donde tan enriquecedores fueron las narraciones -dio voz a cada uno de los personajes- como las intersecciones, bien hiladas, que iban cosiendo el final de un cuento con el principio del otro, como si todos fueran hijos de la misma contada. Gamba resultó un sastrecillo valiente, un Aladín con una lámpara maravillosa, un vendedor de palabras que terminó siendo un gran contador de historias, un apetitoso marisco que se arrancó la cabeza él mismo para descubrirse con energía y placer ante un público de cuento.


La próxima cita del Viernes de los Cuento será el 15 de abril con la narradora Ana Griott, que presentará 'Cuentos de la Griott'.