El atlas de la abuela Rotundifolia

La narradora alcarreña Estrella Ortiz presentó en el Viernes de los Cuentos, ante un auditorio abarrotado, su nuevo espectáculo ‘La vuelta al mundo en (unos cuantos) cuentos’, donde repasa diferentes tradiciones orales. • Su famosa bruja coronó la actuación con un libro transparente cuyas páginas pasó con la colaboración entregada del público.


Mateo nació hace sólo tres días y, aunque él todavía no lo sabe, tiene una suerte inmensa. Porque a los niños les gusta que sus abuelas les cuenten cuentos, pero es que Mateo es nieto -agárrense- de la Bruja Rotundifolia. Algunos que en Guadalajara ya peinan (¿peinamos?) canas han crecido escuchando ocasionalmente los cuentos de Estrella Ortiz y su personaje en las contadas infantiles. Ambas regresaron ayer a los Viernes de los Cuentos y empezaron con esta bonita confesión personal.

Así que la sesión de anoche tuvo dedicación especial para el pequeño Mateo, pero también para los padres de Estrella, que la vieron desde la primera fila. Ortiz propuso al público hacer una receta de ensalada de naranjas con miel de la Alcarria. Pero, en realidad, los tres frutos que descansaban en el banco como único atrezo y que quedaron inmóviles durante toda la actuación fueron sólo la excusa perfecta para dar una vuelta al mundo.

Porque el protagonismo, más que de las naranjas, fue de un atlas. El atlas de Estrella Ortiz guio los pasos de una expedición hacia las fuentes de la narración oral. Los pasos se perdieron por los paisajes de los esquimales, por el primer cuento egpcio, en busca de las serpientes que han mutado en dragones a lo largo y ancho del mundo, por los palacios de los sultanes y las cabañas de las familias pobres en África que se llenan de luz, palabras y sueños. Y se adentraron en la noche de los tiempos, aquellas que encierran la explicación de enigmas tan desconcertantes como el motivo por el que los calvos miran tanto el cielo estrellado.

Los Viernes de los Cuentos atravesaron anoche el ecuador de su temporada con una nueva actuación guadalajareña. Tras el paso meses atrás de Pep Bruno, Gracia Iglesias y Marta Marco, esta vez fue la maestra del oficio Estrella Ortiz quien estrenó un nuevo espectáculo, pensado especialmente para la ocasión. ‘La vuelta al mundo en (unos cuantos) cuentos’ ofrece un recorrido a través de los orígenes de la narración oral en la que Ortiz, que es también teórica del género, pone en práctica sus indagaciones a través de las tradiciones, los métodos y los subgéneros de la tradición oral. Lo hace fiel a su estilo, tan reconocible, que apela al lado más inocente del espectador (ese que siempre está dispuesto a la sorpresa) y que tira de versos y juegos de palabras para retorcer el lenguaje y sacarle su jugo. Como si fuese el zumo de unas naranjas.

La sesión dejó un goteo ágil de poemas y cuentos breves, incluido el más antiguo de los cuentos escritos (en un papiro egipcio), no pocas historias de ingenio o de deseos ‘infelizmente’ cumplidos con finales impactantes, una fábula de Esopo, alguna animalada, un “sulso” pero “pecable” ejercicio de retórica, un cuento acompañado del ‘timbrófono’ de Rotundifolia y, entre otros, la lectura del magnífico poema de género cambiado de Jesús Lizano, para desembocar en el cuento de las tres naranjas de la dicha y del amor. Un relato que ha dado la vuelta al mundo con sus muchas versiones en países de tradiciones muy diversas. Lo que demuestra que los frutos de la narración oral tienen proyección universal.

Después de una hora de actuación, Estrella Ortiz se retiró tras recibir los aplausos del respetable, pero regresó para unos particulares bises. La sesión acabó con la artista, más Rotundifolia que nunca, jugando a ser aquella directora de orquesta que siempre quiso ser, dirigiendo al público con su batuta como si, en realidad, fuese una varita mágica que abre y cierra su enorme libro transparente. La coreografía funcionó a las mil maravillas, mientras por las páginas imaginarias desfilaban caracoles, ardillas, grillos, hipopótamos, lechuzas y otros animales. Los adultos se esmeraron en la tarea, dando palmas y coreando el “tris tras tiquitiquitiqui tras”, con la misma entrega con que lo haría un grupo de escolares fascinados. Lo llevamos en los genes: en Guadalajara todos somos un poco nietos de la Bruja Rotundifolia.

 

 

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