Los días que se fueron

La actriz guadalajareña Marta Marco compartió historias queridas e imaginadas en la sesión de enero del Viernes de los Cuentos. • El CMI de Aguas Vivas se quedó pequeño y mucho público siguió sentado en los pasillos o en pie una hora de deliciosos recuerdos musicados con brillo por José Manuel Pizarro.


Las palabras esdrújulas, los recuerdos de abuelos, las greguerías, el paraíso, los cuentos lejanos (los que ocurren lejos), una canción o dos o tres, unos besos, un sí cuando el otro dice no, las líneas de un diario, la música, el amor y su revés... todo eso cabe en una misma maleta de recuerdos. Y todo eso tiene su banda sonora también. La narradora guadalajareña Marta Marco lo envolvió todo con su dulce voz anoche, en la sesión de enero de un Viernes de los Cuentos que hizo pequeño el salón de actos del CMI. Desde el suelo, de pie, desde la butaca, los oídos de los espectadores viajaron a China, con la encantadora Lina Hao; al mismísimo paraíso, sin serpiente y con Eva y Adán, descubriendo las mieles del amor y a la historia del calculista Nasrudín, personaje mítico de la tradición popular sufí, que logra resolver una herencia de 39 camellos.

Son cuentos que a Marta Marco la encantaron desde siempre y que quiso compartir con el público guadalajareño en su bautismo en el 'Viernes de los Cuentos': "si conozco a más de medio aforo", dijo nada más empezar, bajando hasta el foso para dejar una maleta con pasatiempos -cuentos, ovillos de lana- para combatir el (posible) aburrimiento. No hicieron falta.

Esta cajita de música y palabras que tituló 'La Noche' se fue hilando sola. Con un viaje multicultural primero que hizo parada acto seguido en confidencias de abuela y nieta y a recuerdos personales de cuando Marco fue niña y se hacía preguntas -algunas cursis, confesaría-. ¿Por qué los hombres tienen hombros y las mujeres no tenemos mujeras?¿por qué si existe la gravedad, el abuelo está en el cielo? ¿tú crees en Dios, abuela? Greguerías y juegos de palabras que dieron paso a la semblanza sugerida de un abuelo que quizás, no propició recuerdos pero cuyo diario, lleno de poesías y momentos felices, sí propició que la imaginación volase hasta convertirlo en "un dandy" encantador del que era imposible no enamorarse.

En este punto, Marco pensó que ya estaba bien de mirarse al ombligo. Que era mejor hablar del amor que sufrieron y desearon otros, del momento en que otros aprendieron a decir adiós y a encajar dolorosas despedidas, de los deliciosos atascos en carretera que duran lo que duran las primeras citas o las imperfectas caricias de las primeras noches, de los primeros discos, los cafés, los celos, las discusiones y el sexo que apuntala las reconciliaciones, la tostadora, el despertador, el zumo de naranja y de cómo todo, al final, se lo acaba tragando la rutina. Los días que se fueron.

Y esos manantiales de versos y palabras los musicó en todo momento y con tino el multiinstrumentista José Manuel Pizarro. Él puso voz y sonoridad a las historias de Marco que le prestaron Gloria Fuertes, Gabriel Celaya, Nietzsche, Goethe, Winnie the Poo, la actriz María Pedroviejo y el director teatral Andrés Beladíez, la hermana de Marta y la propia Marco, que se despidió "pobre y dichosa al mismo tiempo", con la canción de amor de una brújula en un mundo esdrújulo y un deseo compartido: "si la realidad es gris ponerla verde. Necesitamos que trabajéis, poetas. Que al corazón le llega poca sangre".