La doble vida de los objetos

Gracia Iglesias y Pedro Chaín hilaron una serie de cuentos a partir de artículos de uso cotidiano que se pueden encontrar en unos ‘chinos’. • Una contada alcarreña en una plaza de primera, el Viernes de los Cuentos, con tres cuartas partes del aforo repleto.


Gracia Iglesias y Pedro Chaín montaron anoche sobre el escenario su bazar de los cuentos. Le quitaron el velo de la realidad a las cosas cotidianas y descubrieron en ellas sus chispazos de literatura, con un repertorio variado y una combinación de narración oral, canción y mímica.

Con su puesta en escena de ‘Cosas que pasan cuando vas a por pan’, la polifacética artista alcarreña Gracia Iglesias dio un salto como contadora a una plaza de primera –el Viernes de los Cuentos lo es- y lo hizo acompañada de Pedro Chaín, que demostró sus dotes vocales y condujo las transiciones entre cuento y cuento, en un espectáculo que llenó tres cuartas partes del aforo del CMI de Aguas Vivas.

La contada se abrió con un bonito baile de objetos por parte de los dos protagonistas, que tiraron de mímica y delicadeza, y que arrancó con la propuesta de la noche (ir a comprar el pan a unos ‘chinos’) y una breve historia servida por una “lámpara maravillosa”. De eso trataba la sesión: de las cosas que encontramos en una típica tienda regentada por personal asiático y de cómo, cuando uno va a comparar el pan –metáfora del quehacer cotidiano donde las haya- puede encontrar multitud de artículos en venta que proponen una historia fabulosa, que abren una grieta entre la realidad por la que colarse en historias fantásticas y una posibilidad de conocer la doble vida que –como algunas personas–, también tienen los objetos que nos rodean.

Chaín, cuyos momentos estelares llegaron en los pasajes musicales, se encargaba de dar paso a cada historia de Gracia Iglesias: un paraguas, unos zapatos de tacón de mujer, un espejo, una olla o un par de sombreros de paja y de mago inspiraban cuentos en los que los artilugios cobraban vida... para reencarnarse en seres queridos ya fallecidos o en animales de un zoo, para dar a luz nuevos objetos; para hacer dichosas a gentes pobres pero honradas o, todo lo contrario, para que al protagonista le sirvan otra copa. Pero también dentro de un huevo de gallina puede haber, incluso, una sorpresa escondida. Si es que hay huevo…

Durante casi hora y media, Iglesias y Chaín ofrecieron un repertorio interesante y equilibrado, aunque tal vez el cosido entre unos cuentos y otros pudiera ser mejorable en algunos pasajes. La sesión, en la que Iglesias se fue creciendo con el paso de los minutos, acabó con un dulce final servido por Gianni Rodari con aroma de mermelada y con un remate, a modo de bis, sobre un cuento de un sabio y un comerciante: un bonito modo con el que Gracia Iglesias se confesó agradecida ante el público. Nos fuimos sin comprar el pan, pero nos regalaron unos dátiles.

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