Luisa Etxenike: "La literatura debe tener una mirada hacia su tiempo"

Hablamos con la escritora Luisa Etxenike (San Sebastian, 1957), profesora de la Universidad del País Vasco, que mantendrá un encuentro este miércoles en el Centro Asociado de la Uned en Guadalajara a propósito de su nuevo libro 'El arte de la pesca', una reflexión artística sobre la violencia donde mezcla novela y poesía.


La escritora Luisa Etxenike ha unido en 'El arte de la pesca' (Ed. El Gallo de Oro, 2015), novela y poesía juntas. Ese mestizaje hila una cruda historia de violencia, en parte también de memoria. Son 90 páginas que además enriquece con la música del compositor vasco Borja de Miguel. El de esta tarde será un encuentro con una escritora interesante que defiende, entre otras cosas, la ecología lingüística, que la literatura ayuda a ser más felices y más fuertes contra la adversidad y que la cultura no es una actividad del tiempo libre sino lo que nos hace libres todo el tiempo.

Etxenike, directora del festival 'Un mundo de escritoras' y de un taller de escritura creativa es además, Premio Euskadi de Literatura 2009 por 'El ángulo ciego', protagonizada por el hijo adolescente del escolta de un político vasco, asesinado por ETA y en 2007 recibió la distinción de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de manos del gobierno francés.

¿Qué ha querido contar en 'El arte de la pesca'?

La historia de violencia que sufre un niño cuando es pequeño y que después, contará cuando ya es un joven. Es también una historia de esas violencias que suceden en el ámbito doméstico y que, por lo tanto, permanecen ocultas. La vida transcurre normal y por debajo de esa primera capa de la vida está la segunda capa. En esa primera capa de la vida, un abuelo enseña a su nieto a pescar; en la segunda capa de la vida, ese abuelo violenta y abusa brutalmente del nieto. El niño, a través de lo que significa pescar, el anzuelo, la lucha del pez...va dando palabras a la comprensión de lo que le sucede, va desarrollando una técnica para defenderse. Es una reflexión artística sobre la violencia y de cómo se pasa de la condición de víctima a la condición de resistente también.

La metáfora de la pesca, que incita a pensar en la paciencia, en la quietud o la tranquilidad, quizás sirva también para aminorar el impacto que produce leer un relato de estas características.

Sí. Hay en la pesca algunos elementos que me parecen interesantes. Por ejemplo, cuando vamos a comprar un pescado  -yo vivo al borde del mar, y compro mucho pescado- y vemos a los peces que están vivos o casi vivos, nos alegramos de que estén tan frescos... digamos que los peces son los únicos animales a los que vemos agonizar y agonizar complacidos porque es una señal de que esa carne que nos vamos a llevar a casa está fresca. A partir de esa imagen que es casi insoportable cuando se piensa bien, también hay en la pesca lo que usted decía, la placidez, la tranquilidad, la paciencia, el aire libre, cosas que son positivas y que permiten al pescador, en este caso el abuelo, la cobertura, podríamos decir. Y por debajo están las reflexiones que hace el niño, que ve la pesca no desde el lado del pescador sino desde el lado del pez.

El arte de la pesca es mucho más que un libro. Su presentación se asemeja a un poemario y tiene música.

Primero porque, efectivamente, es una historia muy mestiza y quería que esos planos distintos se contagiaran a la forma del libro. Tiene un componente narrativo importante que se va desarrollando como si fuera una novela comprimida pero al mismo tiempo, cada uno de los fragmentos son independientes, como escamas de un pez. Cada una es suelta, es brillante pero juntas componen el tejido que hace el pez. Al mismo tiempo, quería que fuera un libro ilustrado pero sabía que no iba a ser con imágenes porque la segunda historia es una historia que va muy implícita, muy debajo del agua, y si ponía dibujos que la revelaran, estaba matando el propio proyecto. Quería algo concreto y al mismo tiempo, abstracto, como la música. No todos los fragmentos llevan partitura. Son como gotas que van cayendo en sitios muy específicos y van punteando con un dramatismo particular. Para un lector que sepa leer música, podrá sonar en su cabeza la música que está leyendo. Para quien no sepa leer música he puesto un código QR, de manera que se puede descargar en el teléfono móvil la partitura que ha compuesto para la ocasión Borja de Miguel, que es un artista vasco que vive en Marsella.

Este libro no es algo aislado tampoco. Tiene mucho que ver con su novela 'Los peces negros'.

Efectivamente. Escribí hace diez años una novela que incluía esta historia entre otros elementos. Por eso también quería que fuera un libro muy distinto. Y ahora estoy escribiendo una obra de teatro para continuar la exploración y en ella escribiré cosas que no están en ninguna de las dos etapas anteriores.

Dice usted que uno de los retos de los escritores del siglo XXI es hacer algo diferente, singular y novedoso. ¿No cree que esto contrasta con los gustos del lector mayoritario, como los best-sellers, la novela histórica o la intriga?

Sucede como en todos los órdenes de la vida. Efectivamente, los lectores pueden buscar en un determinado momento unos libros para cubrir una serie de apetencias pero eso no impide que algunos libros más fáciles no puedan convivir con otras obras. Yo concibo la literatura en su vertiente artística y como cualquier otra disciplina, tiene que tener una mirada hacia su tiempo. Escribir ahora como se podía escribir hace cincuenta o sesenta años, que no se reflexione sobre la responsabilidad del tiempo en que nos ha tocado vivir, me parece poco interesante. Como creadora y a los lectores creo que también. Yo reflexiono mucho sobre la forma. Vivimos en un mundo saturado de imágenes, de mensajes y, precisamente, la forma artística y literaria tiene que encontrar un espacio expresivo que parezca recién nacido. Es mi ambición y espero que los lectores lo compartan.

A propósito de esa saturación a la que hace referencia, que también ocurre en la información, ¿cree que las nuevas tecnologías han influido para bien o para mal en la escritura, en la literatura?

Decía Confucio que se pueden conocer las virtudes de un hombre observando sus defectos. Con las nuevas tecnologías e internet pasa eso. Nos permite una conectividad extraordinaria y alimenta la ambición de saber y llegar lejos, y al mismo tiempo, tiene la cruz de la inmediatez, una especie de prisa por escribir algo y enseguida, publicarlo. Tengo un taller de escritura y lo veo. La obra de arte es esfuerzo, contraste, reflexión y en ese sentido, si se confunde la forma con el fondo, o el instrumento con el contenido, como pasa a veces con las nuevas tecnologías, iremos mal. Dicho esto, están permitiendo alcanzar públicos antes imposibles, el intercambio y la conexión con otros artistas... en ese sentido, sí creo que pueden ser un grandísimo aliado de la creación artística.

Usted es autora de los escasos estudios -aún inéditos, aunque accesibles en redes sociales- que existen sobre la faceta literaria de Manu Leguineche. ¿El escritor revela algo nuevo respecto a esa faceta más conocida de cronista?

La literatura a diferencia del periodismo, que está conectado con la inmediatez, se puede permitir la eternidad, por decirlo de manera ambiciosa. El Leguineche escritor de literatura es un Leguineche humanista, preocupado por esas facetas eternas del ser humano, en las que ya no se está tan pendiente del tiempo y el espacio sino donde hay una conexión de ser humano a ser humano. Sus obras más literarias están llenas de esa ambición por romper fronteras y creo que en estos momentos en el que el mundo se divide y asistimos al resurgimiento de fronteras, materiales o simbólicas, su mirada me parece extremadamente valiosa.