La Biblioteca de Guadalajara: una fábrica de sueños

El Maratón de los Cuentos, el máximo exponente cultural de la ciudad, no puede entenderse sin la Biblioteca Pública, antes en el Infantado y ahora en Dávalos. De allí partieron los clubes de lectura, unas reuniones literarias pioneras en España que estuvieron en el germen del Maratón, y que todavía hoy arrastran a más de 700 usuarios. Exposiciones, conferencias, talleres, sesiones de narración oral, mercadillos solidarios y hasta grupos para hacer los deberes conforman el grueso de una actividad que convierte a esta biblioteca en el mayor motor de la cultura hecha por la gente en Guadalajara. • Con motivo del Día Internacional de las Bibliotecas, cada 23 de octubre, recuperamos este reportaje que publicamos originalmente en el número de papel de Cultura EnGuada de junio.


Cuenta Blanca Calvo que una prueba del amor de los guadalajareños hacia la Biblioteca Pública es que cuando recibimos visitas de fuera les llevamos a verla. Como si fuese un rincón de la casa o una propiedad familiar. Para la exdirectora del centro durante tres décadas, gestos así -son muchos más- denotan el cariño correspondido entre los vecinos de Guadalajara y una institución que ha buscado y ha logrado convertirse en un edificio con los muros de cristal y con sus puertas y ventanas abiertas de par en par. Un palacio para todos –antes, el Infantado; ahora, Dávalos- donde se pueden tomar prestados libros, por supuesto, pero donde también se disfruta de encuentros con escritores, donde se puede exponer por vez primera, donde los niños hacen los deberes y los más mayores estudian la selectividad, donde cualquiera puede conectarse gratuitamente a internet, o solidarizarse con Perú, o contar los primeros cuentos, y los segundos cuentos y perder la cuenta de los cuentos que han sido escuchados. La biblioteca, al menos en Guadalajara, no es un mero depósito de libros a disposición de la ciudadanía, sino un potentísimo trampolín de iniciativas culturales.

Del Maratón a los clubes de lectura, o al revés

El Maratón de los Cuentos que se celebra cada año es sin duda el evento que por sus gigantescas dimensiones y su repercusión internacional demuestra con más fuerza la capacidad que ha tenido la Biblioteca Pública para convertirse en una institución capaz de alumbrar una actividad ingente con muy poco presupuesto y con el apoyo siempre incondicional de los guadalajareños. Porque sólo así son posibles sus milagros: el extraordinario milagro del Maratón, que es tan grande, pero también otros tantos más pequeños que se descubren al flanquear el portón de entrada de Dávalos, como el de la acogida que dan los clubes de lectura a los recién llegados a la ciudad o la amable respuesta de tantos usuarios cediendo las revistas a las que están suscritos cuando la Junta recorta el presupuesto que impide seguir nutriendo la hemeroteca.

Los pequeños y los grandes milagros están conectados. Porque el Maratón no se podría entender sin los clubes de lectura, que hoy son, como dice el director Jorge Gómez, “un auténtico movimiento social en la ciudad”, con sus 25 grupos -y creciendo- y sus más de 700 integrantes. Si constituyesen una asociación cultural como tal sería, de hecho, la mayor de la ciudad. Pero es que los clubes, un fenómeno hoy habitual en las bibliotecas de toda España, nacieron precisamente en Guadalajara. “Siempre he tenido claro que al lector hay que cazarlo con un lazo”, recuerda ahora Blanca Calvo, que creó con una colega madrileña esta suerte de tertulias en torno a un libro como un modo de fomentar la lectura y de situar áreas de luz en las oscuras dinámicas de funcionamiento de estos centros.

Hay que recordar que las bibliotecas eran, cuando Calvo llegó a Guadalajara en 1981, lugares predestinados para estudiantes, expertos e investigadores, en los que la burocracia a menudo dificultaba el acceso a los ejemplares. “El bibliotecario era casi un obstáculo, ese señor encargado de que no consiguieses obtener el libro que buscabas”, bromea Gómez. La labor de Calvo en Guadalajara, luego continuada en otros puntos del país, pasó por ampliar horarios, derribar mostradores, eliminar ficheros complejos para facilitar el encuentro entre el lector y los libros y convertir los viejos estantes con volúmenes en centros públicos mucho más próximos al concepto de casa de la cultura. 

La animación a la lectura

Esta labor democratizadora coincidió con cierto renacimiento de la literatura infantil y juvenil. En Guadalajara, como en otras ciudades de Cantabria o Andalucía, se constituyeron grupos para encuentros de animación a la lectura con editoriales y autores. “El objetivo era traer a la gente a la biblioteca, el lector tenía que traspasar el umbral”. Se iniciaron así talleres y seminarios a la par que se pusieron en marcha los clubes de lectura. Calvo contaba su experiencia allí por donde paraba -congresos, reuniones del sector- y la idea cundió también en otros muchos puntos de España. El cambio de método producía nuevos embriones de lo que más tarde serían locuras impensables.

Por allí andaba, ya en los inicios, Estrella Ortiz dando vida a su Bruja Rotundifolia. Y en 1985 Guadalajara acogía el primer encuentro de animadores a la lectura, que reunió a más de 300 personas y que se repetiría durante toda una década (excepto la edición de 1992). Estas reuniones profesionales, con sesiones teóricas y lúdicas, están en el origen del Maratón. Porque en una de ellas, dedicada a la narración oral y con expertos de la talla de Aurelio Espinosa, se decidió animar las jornadas con un experimento: contar cuentos en torno a temas concretos en cinco rincones del Palacio del Infantado escogidos para la ocasión. Los organizadores aún no lo sabían, pero estaba a punto de nacer el Maratón de los Cuentos.

Los milagros no se entienden sin las casualidades. Algunas de ellas resultan bastante improbables, como la carambola que sucedió en el Salón de Plenos de 1991 que acabó invistiendo como alcaldesa a Calvo, que formaba parte del grupo más minoritario (IU). La bibliotecaria se vio con el bastón de mando. Preocupada como regidora por dinamizar la Feria del Libro que se celebraría en la Plaza Mayor, pensó con algunas colaboradoras en diferentes fórmulas. Y fue entonces cuando rescataron aquellas sesiones de narración en el Infantado del Encuentro de Animadores a la Lectura. Lo demás ya lo han contado en incontables ocasiones: la opción por un único escenario central, el contacto con el Guiness, el apoyo con su presencia de escritores de la talla de Buero Vallejo o de José Luis Sampedro, la asistencia de escolares tras una ronda con los colegios... Ahora sí: estaba naciendo el Maratón de los Cuentos.

Aquella primera edición fue organizada por el Ayuntamiento, pero no la siguiente, ya con José María Bris como alcalde y con Calvo de vuelta a su despacho de la Biblioteca. Fue entonces cuando el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil dio el paso al frente. Uno de los brazos más potentes de la institución se encargaba de obtener la subvención y organizar un evento que hoy en día arrastra a unos 200 voluntarios, también de otras asociaciones que hacen sus maratones paralelos. Aún con el Seminario, la biblioteca seguía siendo, en cualquier caso, el motor del que se nutría toda la maquinaria, sobre todo los trabajadores y los integrantes de los clubes.

La iniciativa, con el tirón mediático del récord, pero con su gran disposición para absorber cabezas y manos dispuestas a colaborar, fue creciendo. “Siempre estuvo abierta a las ideas de la gente”, reivindica Calvo. Pero la fórmula era la misma que se ha venido aplicando durante tantos años, y no sólo en junio sino durante todo el año: ese “afán por salir a la calle a capturar a la gente”, un concepto en el que igual tenían cabida nuevas iniciativas de narración oral como los Viernes de los Cuentos que dos fiestas en el parque de la Concordia en la que los bomberos bañaban en espuma a los niños o talleres en principio tan poco literarios como hacer punto o cursos de cocina de microondas cuando el electrodoméstico empezó a llegar a los hogares. “Queríamos lanzar a la ciudadanía el grito de ¡la biblioteca está aquí, venid!”.

Esta conexión en la calle se ha convertido a la postre en una de las señas de identidad del centro. “Es un ser vivo, un foco de cultura, seguramente sea una de las instituciones mejor valoradas de la ciudad y que todos sentimos como propia, porque desde niños participamos en los clubes de lectura y luego ya seguimos de mayores”, asegura la presidenta de la Asociación de Amigos de la Biblioteca, María Antonia Cuadrado.

Sólo así se explica, tal vez, el retorno que la propia biblioteca ha obtenido cuando en los tiempos de recortes ha solicitado la colaboración de la ciudadanía: como que haya padres dispuestos a ir por las tardes para mantener un grupo en el que los niños puedan hacer los deberes. “Es importante señalar que esto que nos parece aquí habitual, en realidad no lo es”, subraya el actual director, llegado de Ciudad Real. Sólo aquí, por ejemplo, los coordinadores de los clubes de lectura son también voluntarios. “Y si no lo fueran sería imposible mantener nada menos que 25 clubes de lectura”, añade. “Esta biblitoeca es así porque hay muchos esfuerzos pequeños de la gente”. Una visión que, no obstante, plantea ciertos dilemas: “Te puedes preguntar si no estamos cubriendo así labores que debería llevar a cabo la administración. Pero lo cierto es que, aunque tenemos que dar un servicio cada vez mejor, no somos una compañía telefónica y necesitamos añadir algo de vivencia a la gestión en la biblioteca, que la gente lo sienta como propio”, reflexiona Gómez.

Una programación estable y abundante

El Seminario de Literatura Infantil y Juvenil, con su trayectoria, su capacidad de arrastrar voluntarios y su mayor capacidad para movilizar presupuesto -con hasta 70.000 euros de ayuda anual del Patronato- lanza los eventos más potentes nacidos al calor de la Biblioteca: el Maratón y los Viernes de los Cuentos. Pero la programación cuenta además con la colaboración de otro de los brazos fundamentales que tiene hoy Dávalos: la Asociación de Amigos de la Biblioteca, nacida en 2006, que dispone de 325 socios y que complementa las programaciones de la propia dirección del centro y del Seminario con convocatorias como conferencias y encuentros con escritores, talleres de informática, cursos de yoga y clases de pilates o la organización de los dos mercadillos solidarios que se hacen en primavera y otoño en torno al Día del Libro y al Día de la Biblioteca, donde se venden ejemplares a un euro para costear el porte de un envío de fondos excedentarios a un proyecto de biblioteca en Perú o, en el último año, para colaborar con Cáritas. Y, entre tanto, los socios alimentan su propio amor por la cultura con excursiones a museos o al teatro en Madrid.

Todo esto, como es marca de la casa, mantiene los dos comunes denominadores que aparecen casi siempre en estas actividades: el origen reside en los clubes de lectura y el espíritu pasa por la cultura de base, alejada de los grandes espectáculos, “haciendo mucha actividad con muy poco dinero”. En este caso, apenas se trata de una ayuda anual de 400 euros del Patronato y de las cuotas de los socios, 10 euros invariables desde 2006.

Pero es que la necesidad hecha virtud de estirar presupuestos es también compartida con la dirección. La biblioteca recibe sólo 10.000 euros para actividades. Con esta cantidad ínfima, lo mismo que cuesta mover un cuadro de un museo para llevarlo a una exposición, Dávalos mantiene durante toda la temporada clubes de lectura y talleres, citas puntuales como la Noche de la Biblioteca, los actos para niños y mayores del Día del Libro en abril, la Hora del Cuento de narracioó oral infantil cada mes, los grupos de deberes, los talleres de los sábados, Villacuentos cada último viernes del mes, exposiciones y conferencias y actividades extraordinarias en las vacaciones de verano y navidades. Y siempre con acceso gratuito.

Para nosotros esta es una labor pedagógica, que a lo mejor casi no se nota, pero que es muy importante”, indica Gómez, para quien tan importante como alimentar el Maratón es seguir creando cantera, de ahí los talleres de narración oral con profesionales o la nueva actividad de narración oral infantil que ha puesto en marcha, Villacuentos, para que se lancen espontáneos que acudan a la sala infantil en familia. “Hay que sembrar semillas, luego no sabes cómo crecerán, pero para nosotros es muy importante ese trabajo del día a día”.

Aquí es precisamente donde se mantienen vivos los vasos comunicantes entre el palacio y los usuarios. La clave de tantos milagros pasa una y otra vez por seguir nutriendo esta colaboración. Gómez ha tenido muy claro, tras llegar hace a Dávalos, que la fórmula exitosa de conexión entre el centro y la gente debe seguir vigente: “La idea es mantenerlo y, en lo posible, dar nuevos impulsos”. No es casual que en el acto central del Día del Libro el protagonismo fuese para los clubes de lectura, que salieron a recitar un fragmento de un libro que salvarían de una hoguera en una actividad de ‘personas-libro’ que seguramente tenga continuidad en un taller en los próximos meses.

El principal valor: la gente

El patrimonio amasado durante años es un tesoro: “Aquí tenemos mucha gente de muchos perfiles distintos, no sólo gente de la cultura sino ciudadanos en general, siempre muy implicados y con ganas de colaborar de forma desinteresada”, afirma Gómez. “Desde que he llegado, una de mis obsesiones es que no se pierda esa red de personas con la que contamos, es un regalo”.

El Maratón, con toda su inmensidad, es sólo la punta de iceberg de todo un movimiento cultural que tiene su epicentro en Dávalos. “El Maratón es una fiesta maravillosa, pero la Biblioteca siempre está ahí”, reflexiona Calvo. “Es un igualador social, que sirve para quien va porque no puede comprar libros, pero que tiene muchas otras funciones, podría llegar a ser incluso una agencia de colocación de trabajadores, una asignatura que me ha quedado pendiente aquí”.

El concepto moderno de biblioteca supera, incluso, el de casa de la cultura. Hay un componente social mucho mayor que destacan tanto Calvo como Gómez cuando hablan de la capacidad de hacer comunidad, visible en ese caso especial de quienes llegan por vez primera a la ciudad o con la labor de ayuda a los inmigrantes que acuden allí para obtener acceso gratis a internet. Dice Calvo, aludiendo a una experiencia de la biblioteca norteamericana de Queens, que las bibliotecas pueden incluso salvar vidas. También, lo sabemos bien en Guadalajara, pueden ser fábricas, incansables fábricas de sueños.

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