Reconstruyendo a Manu Leguineche

Un curso de verano de la UNED ha retratado al periodista y escritor a partir de varios colegas que le conocieron, desde Javier Reverte y Gervasio Sánchez a Rosa María Calaf. • Los amigos guadalajareños reivindican la necesidad de recuperar su legado a través de la reedición de sus libros, la puesta en marcha de la cátedra universitaria y la apertura de la casa-museo en Brihuega.


Cuando el periodista Manuel Leguineche murió el 22 de enero de 2014, había soplado 73 velas de cumpleaños, pero en realidad había vivido muchísimas vidas, había dado varias veces la vuelta al mundo –hasta en sentido literal– y había publicado más de cuarenta libros. Incluso había fundado dos agencias de noticias. Pero, sobre todo, había encarnado como nadie en España el mito del periodismo romántico. A pesar de eso, Guadalajara ha tardado dos años y medio en rendir el merecido tributo al incorregible nómada que un día decidió echar raíces en los jardines de La alcarria, primero en Cañizar y luego en Brihuega.

Este homenaje, o lo más parecido a ello, ha sido el curso de verano celebrado esta semana en el Centro Asociado de la UNED de Guadalajara en 'Manu Leguineche, periodismo y literatura'. Tres jornadas en las que las voces de varios colegas que le conocieron bien han trazado los principales rasgos de su personalidad y de su obra periodística y literaria, en una defensa de su figura que ha culminado con la contundente reivindicación en la clausura del periodista alcarreño Pedro Aguilar, amigo de Leguineche y director del curso: “Tenemos la asignatura pendiente” de garantizar el legado de Leguineche a través de la apertura de la casa museo, de la reedición de sus libros –hoy casi todos descatalogados– y de la puesta en marcha de una cátedra ya anunciada por parte de la Universidad de Alcalá.

Las intervenciones de los ponentes han constituido un anticipo en esta tarea de reconstrucción del mito. Han estado presentes todos los Manu, cada uno de los muchos Leguineche que los participantes conocieron: el niño, el amigo, por supuesto el reportero de guerra, “el espíritu generoso con los jóvenes”, el jefe de la tribu, el “periodista inabarcable” y el profesional incorruptible, el viajero intrépido pero “desastroso”, el enviado especial “que amaba la vida al mismo tiempo que el riesgo”, la “biblioteca andante”, el coleccionista de recortes de periódico, el guerrero en su descanso de “la capital mundial del silencio”, el tipo humilde que era “orgulloso y ambicioso, pero no vanidoso”, el degustador de chuletones, anchoas y caviar, el hincha del Athletic de Bilbao, el catador de vinos, el jugador de mus, “el militante de la ternura”, el teórico de las pequeñas cosas, el “ecologista del lenguaje”, el relator de “la palabra justa” y del “dato preciso”, incluso el tímido que podía cenar dos veces en la misma noche para no hacer un feo a dos anfitriones distintos.

Se marchó a vivir la historia”

Al joven que discutía sobre la historia de Estados Unidos, que intentaba explicarse los movimientos de la Guerra Mundial y que memorizaba párrafos enteros de los libros de Hemingway le dio por “marcharse a vivir la historia”. Y así lo hizo. “Viajó siempre con la noticia como excusa”, recuerda su amigo el también periodista y escritor viajero Javier Reverte, que precisa que Manu casi siempre fue donde había un conflicto bélico, intentando explicar lo que sucedía desde el mismo teatro de operaciones: “Creo que le gustaba la guerra porque es el escenario donde se juega todo, la vida y la muerte”.  Y lo contó empapándose del ambiente, pisando la calle y estudiando el contexto, cada uno de los contextos: leyendo libros de historia y los periódicos locales, pero además hablando con el taxista y con el peluquero, durmiendo en el hotel nás barato, acudiendo a husmear a las puertas de las iglesias.

Tenía la sagacidad para buscar las historias humanas en los grandes acontecimientos”, recuerda uno de sus discípulos, Raúl Conde. Según otra alumna ya veterana, la televisiva Rosa María Calaf que cerró el miércoles el curso, Leguineche ha sido “el pionero”, con unas maneras de trabajar que hoy están en desuso y que transmitían ciertas dosis de leyenda de las que el reportero jamás alardeaba. "Tenía la vista y el olfato del cazador de historias que le permitían siempre adelantarse", subraya Felipe Sahagún, analista internacional y profesor en la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense.

Imposible no comparar la profesionalidad y los modales del maestro con las prácticas que imperan hoy en el gremio. “Hemos sacralizado el periodismo que él odiaba”, desliza Juan Cruz. “Hoy en día -apunta Calaf- sería imposible un reportaje como el que hizo por la Europa del Este para TVE” cuando cayó el Muro, 5.000 kilómetros en furgoneta hablando con alemanes, checos, búlgaros o rumanos. “La ética siempre es importante, pero ahora deberíamos reivindicarla especialmente”, demanda Elsa González, presidenta de la Federación de Asociaciones Españolas de Periodistas (FAPE). “Por muchos países era más fácil viajar hace cincuenta años, en plena Guerra Fría, que ahora”, añade Gervasio Sánchez, que por esta causa ha desechado su idea inicial de emular el recorrido que Leguineche hizo en ‘El camino más corto’, con motivo del medio siglo de la publicación. “Es imposible, salvo que asumamos unos riesgos increíbles”.

El reconocimiento de la profesión por un trabajo incansable, acertado e intachable desde un punto de vista ético ha sido unánime. No sólo se convirtió en el referente y en el más grande, sino que lo hizo sin codazos, incluso con generosidad: “Es de los periodistas que más han ayudado a otros periodistas”, asegura uno de sus más viejos amigos, su colega Víctor Márquez Reviriego. Y para prueba de ello, la sentida historia que contó el lunes Jesús Picatoste, a quien Leguineche acogió en su casa cuando se divorció: de allí nació una amistad todavía más intensa, con la épica de algún viaje compartido. “Como compañero era el número uno”, subraya Elsa González, exvoz de la Cope.  

La verdad de la tierra”

Y después de tantas vueltas, La Alcarria. El descanso del guerrero, pero también el centro mismo del mundo entre los caseríos de Gernika y las montañas del Serengeti. El escenario perfecto para el equilibrio entre “el hombre que va al exterior y el hombre que va hacia dentro”, en palabras del periodista Juan Cruz, editor de ‘La felicidad de la tierra’, “un libro sobre el tiempo” por cuyas páginas desfila una galería de personajes que señalan la importancia que siempre, en sus libros de reportero y también en los más literarios, tuvo el vínculo con las gentes del a veces solitario Manu. “Tenía la verdad de la tierra y la tierra son las personas”: los filósofos a los que tanto citaba, pero también los campesinos.

Insiste en ello el poeta García Marquina: “Manu le puso letra al campo y contó lo que pasaba”. Y aquí su literatura más personal, su “ensayismo de tipo aforístico”, conecta de lleno con sus libros sobre historia o de conflictos internacionales. Y lo hace con mucho oficio, como destaca Arsenio Escolar, el director de 20 Minutos, con casa en Cañizar: “Tenía la habilidad para crearte con dos detalles un perfil de alguien real”.

Fue en estos años cuando trató a sus amigos de Guadalajara, como el director del curso Pedro Aguilar, que relata la forma en que el maestro de los corresponsales se implicó con causas locales como la oposición al proyecto para construir una cárcel en Torija o su interés por los acontecimientos de la comarca, por supuesto la Batalla de Guadalajara que se libró en el territorio donde fijó sus dos casas alcarreñas. “Se la conocía de memoria”, asegura el veterano periodista alcarreño José García de la Torre.

Se puede hablar incluso de un “alcarreñismo militante”, como dice Raúl Conde, que en uno de los coloquios resaltaba la abundante relación bibliográfica de Leguineche con la provincia, más allá de los dos libros que más directamente relatan su experiencia alcarreña, el último de ellos, ‘El club de los faltos de cariño’, y ‘La felicidad de la tierra’, el libro más alabado en estos días de homenaje y remembranzas. “En Guadalajara se zambulló en el paisaje y el paisanaje y Guadalajara pasó a formar parte de su cosmosivión”, subraya Conde.

La experiencia convertida en conciencia”

Fue la escritora vasca Luisa Etxenike quien se encargó, al filo de la clausura del curso, de dar consistencia a la inmensa y sólo aparentemente dispar obra del Manu reportero y del Leguineche escritor de estos últimos años, los que, en su opinión, denotan la “modernidad” del escritor porque son “los más inmunes a la cruel indiferencia que el tiempo pone sobre la escritura”.

No hay un salto insalvable entre los libros del reportero que viaja a las trincheras y la literatura reposada hecha en La Alcarria. Dice Etxenike que el impulso del reportero a viajar alrededor del mundo es el mismo que late en el posterior “viaje del alma”. Por eso, si en el pórtico de apertura de ‘El camino más corto’ Leguineche recuperaba la cita del filósofo alemán Hermann Graf Keyserling según la cual “el camino más corto para conocerse a uno mismo es dar la vuelta al mundo”, toda su trayectoria sería coherente con este estímulo inicial: el niño que se apasiona por la historia y el joven periodista que tendrá para siempre a Delibes como “maestro” y “pasaporte” será el mismo que, ya en su madurez, muestre esa “transformación” en sus dos últimos libros. En realidad, se ha completado el recorrido: “el conocimiento del exterior le ha llevado al conocimiento interior”. Con otras palabras: “su vida ha sido un viaje larguísimo para convertir la experiencia en conciencia”.

Brihuega acabó por ser el último destino del camino más largo. El curso de verano paró el lunes por la tarde en el jardín de la Casa de los Gramáticos en la que vivió el maestro los últimos años. Fue un acto extremadamente emotivo que tal vez suponga el punto de partida para retomar la tarea pendiente. Guadalajara, sólo a Manu se le debe, tiene ahora la encomienda de custodiar el legado y de reconstruir el mito de un periodismo romántico que sirve de inspiración a las crías de la tribu.


Apuntes tomados con ilustraciones y nubes de conceptos por la periodista vasca Begoña Marañón Unanue sobre tres de las citas del curso de verano:



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