De la guasa de Cádiz a los espíritus de Guanajuato

El XIX Festival de Narración Oral volvió al Moderno con cuatro actuaciones variopintas que dieron muestra de otras tantas tradiciones variopintas. • La nota alcarreña la puso Estrella Ortiz, mientras que los Pimienta dieron una exhibición de repentismo cubano.


El XIX Festival de Narración Oral volvió al Moderno después de tres años de actuaciones “en la puñetera calle”, con cuatro sesiones llenas de público que disfrutó y rió con los versos cantados de Showmanceros, los improvisados al alimón por los repentistas cubanos Alexis y Axel Díaz Pimienta -padre e hijo-, con el paseo poético entre árboles que combinó cuentos y versos de la mano de Estrella Ortiz y la remembranza de historias del octogenario Sshinda, que viajó desde México para dejar una pizca del rico y amplio repertorio de cuentos que describen un universo rural con abundante presencia de lo sobrenatural.

SSHINDA: LAS BRUJAS DE GUANAJUATO

La ‘estrella’ de la noche quedó para último lugar. Llegado desde México, el viejito Sshinda, apelativo cariñoso de Gurmensindo España Olivares, habló durante más de una hora sobre las historias que aprendió de su abuelo, desplegando un universo poblado de fantasmas y diablos, tan próximo a las realidades rurales españolas y, a la vez, repleto de particularidades de su mundo. Pudo hablar toda la noche, porque el octogenario tenía cuerda para llenar toda la noche del sábado en el Maratón, pero acopló su repertorio a una muestra de varios cuentos conducido –y a menudo, reconducido– por su colega Gabriel Medrano de Luna.

Parece Sshinda tocado por el don innato de la narración de toda la vida. Se mostró muy feliz de compartir sus historias con el público de Guadalajara y empezó relatando la historia de la llegada de unos españoles para fundar cinco pueblos a principios del siglo XX. Tardó en entrar en materia y se dispersó un tanto en los inicios, con un estilo tranquilo más típico de las hogueras familiares que de un espectáculo en un teatro, pero una vez empezó a desgranar historias desplegó un universo fantástico con familias importantes, diablillos, mujeres fuertes, chamanes… Demostrando una precisión increíble para recordar las fechas y nombres propios que le transmitió su abuelo, quien vivió 114 años.

Dejó momentos fantásticos, como la descripción de la vez que vio a una bruja verdadera (sin escoba y sin alas, pero volaba) como las que chupaban la sangre a los bebés, sirvió muchas risas al recordar lo que le pasó al hombre que perdió a su mujer al apostarla y cómo ella venció al demonio y sobrecogió también con la historia del cuartito de la muerte. Con un tono casi monocorde, Sshinda en realidad estaba compartiendo unas historias asombrosas, como lo eran también la del circo de los magos húngaros u otra más divertida sobre el mestizaje entre los españoles y las indias. En un mundo en que la cultura cada vez tiene más hechuras de impostura, Sshinda representa la humildad y la autenticidad. Se mostró confiado en volver en otra ocasión, pero también invitó a todos los presentes a ir a visitarle a su casa en Guanajuato, donde estará encantado de dejar aparte su labor como fabricante de juguetes para seguir compartiendo los lugares y sus leyendas.

SHOWMANCERO: CHIRIGOTA POÉTICA

Pero quien abrió la sesión fue Showmancero, con una sesión divertidísima. En ‘Alma andaluza’ ganan las coplas, cantadas cual chirigota de Cádiz. Su universo mezcla poesía sencilla con humor desternillante y música y aborda temas que se prestan a esta diversión cantada: el amor, los cuernos, la empatía, la matrona que te ayuda a parir, el día de la Comunión en el que la niña pierde la inocencia… siempre, eso sí, con mucho corazón. “Educar desde la poesía”, que dirían con salero Andrés Ramírez y David Medina, los dos componentes de esta agrupación callejera del Carnaval de Cádiz.

Después de las coplas, llegaron los cuplés carnavaleros, que “deconstruimos como Ferran Adriá hasta dejarlos sin estribillo”. En sus letras, hubo referencias a la exalcaldesa gaditana, Teófila Martínez, que recibieron el aplauso unánime de la sala. La chirigota poética volvió a arrancar risas, las mismas que volverían a brotar con la sevillana final –dedicadas al bebé que ronca y a su familia– y la que tuvieron que regalar como bis ante los insistentes aplausos del público.

LOS PIMIENTA: EL REPENTISMO CUBANO  

No abandonaron los versos los repentistas cubanos ‘Pimienta’. Alexis Díaz Pimienta y su hijo Axel –esta vez sí consiguió el visado que le impidió actuar en la pasada edición del Viernes de los Cuentos– realizan un ejercicio francamente lleno de dificultad: “el pimientismo” o improvisación poética, “una rara enfermedad que se contagia”, predijo Alexis padre. Ambos se midieron, como en un duelo simpático, en la labor de improvisar espinelas (tipo de estrofa de diez versos). La verborrea se mezcló con los lapsus mentales y cada repentista auxilió a su interlocutor en esta especie de juego asombroso con el vocabulario.

Después, llegó el turno del público, un más difícil todavía. Un concurso de décimas-espinelas a pie forzado donde los Pimienta habían de terminar una estrofa de este tipo con una frase que aportaba un espectador elegido al azar. Un verso para empezar o terminar, ya sea “un paraguas de colores” o “en un lugar de la Mancha” o “un elefante vendí”. Alexis quiso rizar el rizo e invitó al público a decir no sólo la primera frase sino también la última con la que finalizarían las estrofas. Un ‘más difícil todavía’ que superaron pese a la dificultad supina que supone el repentismo. Y si no, prueben: comiencen una estrofa con “Anoche ví tres lobeznos” y termínenla con la frase “entre el bosque con rumor”. Lo dicho: un milagro asombroso llamado repentismo.

UN PASEO POR EL BOSQUE CON ESTRELLA

Con sobriedad, sentada en una banqueta en mitad del escenario, Estrella Ortiz recibió el cariño de un auditorio que llenó el Moderno y la aplaudió con entusiasmo en una muestra de reconocimiento absoluto a su maestría. Con su habitual combinación de poesía y prosa, la narradora alcarreña propuso un paseo entre bosques y arboledas con versos susurrados de Lorca, Gloria Fuertes, Salinas o Ramírez Lozano y cuentos con golpes finales de humor o de lirismo.

Empezó Estrella contando la historia de un hombre que se hacía el muerto y de cómo su mujer no lo lloraba, siguió caminando entre los árboles del cementerio para adentrarse en la mitología de los sauces y de los pinos y llevó al público entre almendros y álamos. “Los árboles significan”, aseguró. Hay señales en la naturaleza que evocan historias trágicas vividas en el Olimpo o en un banquete de la Madre Tierra. Desde un epigrama de Monterroso sobre un cruce de destinos hasta fantásticas narraciones de un manzano mágico cuyos frutos en vez de caer por maduros echaban a volar, la sesión de Estrella avanzó entre la frescura del verdor hasta desembocar en un cuento sobre la carcoma que, igual que con los árboles, acabó también con su contada entre las dentelladas lanzadas por el público: “¡ñam, ñam!”.  

REGRESO AL MODERNO

Así se esfumó el mismo bosque que Estrella Ortiz había plantado entre la penumbra de unas tablas que la estaban esperando desde hacía tiempo. Ha sido sin duda una de las artistas alcarreñas que más ha reivindicado la reapertura del teatro que cerró en el verano de 2012 y que ha reabierto con gestión municipal tras un proceso de movilización ciudadana.

La reivindicación la hizo desde la organización Susana Martínez, encargada de presentar a los artistas del Festival y además presidenta de la Asociación de Amigos del Moderno: “Es un teatro que hemos recuperado entre todos, nos lo hemos ido ganando”, y agradeció a Ortiz su implicación: “Muchísimas gracias a Estrella y a quienes han hecho posible que este teatro se vuelva a abrir”. Una vez en escena, Estrella expresó su emoción: “Aunque vivo de la palabra, hay cosas que no puedo explicar con palabras”.  

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