46 horas, con sus dos noches, en el bosque del Infantado

Hasta 1.346 personas han contado 765 cuentos durante 46 horas y media, en una edición marcada por la ausencia del alcalde Román y el estreno de una Noche de Estrellas Estrelladas, en la primera jornada.


Se acabó el Maratón de los Cuentos, con sus dos noches en vela, que han dado como resultado una de las ediciones más fructíferas de este casi cuarto de siglo de vida: hasta 1.346 contadores (muy cerca del récord de 2012, con 1.425) se han subido al escenario principal para contar una de las 765 historias que han sido relatadas en el Infantado durante 46 horas y media desde que quedó inaugurado, por vez primera sin intervención del alcalde –como es tradición– y hasta el cierre de la Banda Provincial de Música, que regresaba como institución para poner el colorín colorado después de tres años sin hacerlo.

Ha sido un Maratón de los Cuentos que se ha aproximado a sus bodas de plata (cumple 25 años en 2016) con la participación de cerca de 200 voluntarios para hacer posible la contada ininterrumpida con un amplio programa de actividades de calle y en otros escenarios que ha mantenido el formato habitual. Con la novedad de una Noche de Estrellas Estrelladas que, previsiblemente con algunos cambios, parece que ha venido para quedarse. La edición presente ha tenido sus particularidades en la guasa gaditana, la improvisación cubana y las profundas raíces chilenas y mexicanas que han quedado trasplantadas en Guadalajara.

Hemos tenido la colaboración de las nubes y de cientos de voluntarios”, ha remarcado la presidenta del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil, Blanca Calvo, que ha remarcado en la despedida de este año, justo antes de una prolongadísima ovación, “no sólo la calidad de quienes cuentan, que la hay, sino el papel de los escuchadores, algo que sorprende mucho a quienes vienen de fuera”.

Hay dos maratones: el de noche y el de día. Aunque se parecen, aunque el bucle de historias jamás cesa en el escenario principal del Infantado, lo cierto es que en el maratón que hay bajo el sol, la ciudad cuenta (y mucho), mientras que en el que hay bajo la luz de la luna, la ciudad, generalmente, escucha.

Las noches del Maratón

El Maratón nocturno ha vuelto a abarrotar las butacas del Infantado tanto el viernes como el sábado cuando, a medianoche, comenzaron a desfilar por el escenario los profesionales que habían actuado y contado en diferentes puntos de la ciudad y de la programación a lo largo del día.

De noche surgen algunos de los mejores cuentos regalados por los profesionales de la palabra dicha, como Alberto Sebastián con una extraordinaria historia de una suegra y un burro; Pablo Albo con la delirante historia de un río en una calle de Alicante; Marta Marco con su fantástica contada-cantada en palabras esdrújulas o las divertidas historias de Cristina Verbena y del verborreico Félix Albo con decenas de golpes de humor y un precioso final sobre la desmemoria.

Cuando el retraso en el horario es notable se producen ciertas sorpresas, como agrupar a los tres narradores gallegos -Quico Cadaval, Soledad Felloza y Celso Sanmartín- que, en la noche del sábado, saltaron a las tablas para contar tres historias extraordinarias en géneros muy dispares. Pero el tiempo que se abre a partir de medianoche es también la hora en que llegan los narradores de otras tradiciones como el japonés Yoshi Hioki, el peruano El Wayqui o los andinos de Chilecuenta con sus historias tan vinculadas a la naturaleza de los lugares donde viven… Otros, sin venir de tan lejos, tienen sus propios idiomas, como Rubén Martínez, que contó un ‘Encuento y encanto’ con unas divertidas onomatopeyas.

Suele ser también en noche cerrada cuando en el escenario principal suceden los momentos especialmente mágicos de cada edición, con las butacas abarrotadas de público. Esta vez algunos de los más celebrados correspondieron a los invitados del Festival de Narración Oral como el dúo de chirigotas Showmancero que salió disfrazado de vaqueros y contó con música una desternillante historia del Oeste (de Cádiz), o la exhibición de repentismo de los cubanos Alexis y Axel Díaz Pimienta, padre e hijo, que improvisaron versos a partir de frases dichas por la gente o de aquello que veían que sucedía en el auditorio. Sus colegas de Festival también salieron: Estrella Ortiz recitó tres poemas que se había olvidado en el Moderno -y dejó en el aire un “mi corazón en el tuyo” antes de marchar- mientras que el viejito mexicano Sshinda se llevó el aplauso más cariñoso tras relatar una historia después de saltar el Atlántico para estar en Guadalajara recibiendo un merecido homenaje por cuanto atesora sobre tradición oral de su país.  

En plena madrugada del sábado, y entre cuentos en inglés y castellano o las versiones en diferentes lugares del mundo de una misma leyenda (que trajo el profesor José Manuel Pedrosa) los de casa también saltaron al escenario para contar una historia tan disparatada como divertida de un bosque que daba árboles pero que sufría el acoso de un político incapaz con barba, gafas y una característica pronunciación de las ‘eses’, contado por Juan Berzal de Ultramarinos de Lucas. También hubo que esperar para escuchar las fantásticas historias de la Compañía del Saco riojana, con mención especial para el relato de lo que una vez le aconteció a un peregrino alemán en Santo Domingo de la Calzada.

Maratón en el zaguán

Es nocturno el maratón más íntimo, en el que quienes se quedan tienen derecho a alguna de las mantas que la organización reparte para combatir la bajada de temperaturas de este año. Se está como en casa y alguien, incluso, hace llegar un pastelito mientras se escucha otro cuento más. El de la noche es el cuentacuentos que mezcla la somnolencia y el silencio sepulcral para dejar a las historias a un paso de un universo onírico. No falta quien, incluso, acaba por caer rendido entre los brazos de Morfeo.

El recogimiento se celebra también en el Infantado con el cambio de escenario a toque de corneta, con los cincuenta o setenta valientes que resisten en la noche desfilando hacia el zaguán, más frío pero también más íntimo. Mientras la ciudad duerme, el Maratón continúa. Y lo hace con algunos de los momentos más canallas.

Los sábados del Maratón tienen siempre los ‘cuentos mínimos’ y, desde este año, a los viernes le ha crecido una Noche de Estrellas Estrelladas. En los Cuentos Mínimos los narradores profesionales y los espontáneos saltan al escenario para contar a un ritmo frenético, a cien (historias) por hora. Un ir y venir que da lugar a un centrifugado de golpes de humor, imágenes poéticas, toques picantes y comentarios canallas. Allí se pudo escuchar a Blanca Calvo relatar qué elemento (o en este caso, ‘elementa’) es más duro que el diamante, o disfrutar de decenas de microrrelatos como los que Pep Bruno publica cada noche en Twitter, pero de viva voz, y de los desatinos de unos pocos y de los aciertos espontáneos de la mayoría… Este sábado no faltaron además de Pep, incondicional de este formato, Estrella Ortiz –con amplio repertorio de naranjas en el mar–, el repentista Alexis Diaz Pimienta en una enésima sesión de repentismo (contó improvisando versos hasta en el bar El Favorito), la serie temática ceñida al bosque de Carlos Alba o el repentino repentismo de Elena Pérez emulando a su colega caribeño.

Pero la noche del viernes estaba hasta ahora huérfana de un plato fuerte. Y esta vez se ha estrenado la Noche de Estrellas Estrelladas. Una sesión en la que trece narradores profesionales contaron a partir de trece retos entre los que había imágenes, refranes, palabras obligadas o música, lo que obligaba a continuas improvisaciones. Arrancó con Domingo Chinchilla hilando una historia en la que tenía que incorporar palabras forzosamente (como cagontó, arbolado, cocedero… en un viaje a Escocia que resultó muy peculiar). Hubo traducción del vasco, reto musical para Pepepérez, un abecedario para Mon Mas… y hasta un magnífico cuento a partir de un artículo de Elena Pérez. La iniciativa ha llegado para quedarse porque es “ingeniosa y divertida”, según asegura Blanca Calvo tras una primera valoración también con varios narradores, aunque a partir de esta experiencia pionera se depurarán las pruebas y se introducirán cambios para favorecer la integración de los aficionados junto a los profesionales.


Fotos: R.M.

El Maratón diurno

Al margen del maratón nocturno, el que casi nadie ve, hay otro gigantesco en un ir y venir de gentío por las puertas del Infantado. El Maratón de día arrancaba con la tradición truncada este año del cuento inaugural y se desperezó con cierta lentitud en la tarde del viernes, para dar paso a la primera tarde de invasión de asistentes en el monumento más emblemático de la ciudad y a la primera noche de cuentacuentos. El Liceo Caracense acogía el estreno de los 'inauditos', profesionales contratados por vez primera, mientras que la ambientación se hacía notar ya en el Jardinillo con los puestos de libreros y asociaciones allí reunidos.

Si el viernes era, como siempre, la recta inicial del gran festival de la palabra, el sábado el Infantado volvía a ser el habitual epicentro de la ciudad, ahora ya con toda intensidad. Lo fue durante todo el día, pero especialmente al caer la tarde, cuando las actividades de calle desplegaron un ambiente envidiable, esta vez con el protagonismo para el pasacalles circense de Huaja Malabares y la actuación en los Jardines del Infantado de Klandestinos con su repertorio habitual que puso una nota de charanga a clásicos del pop y el rock.

El XIX Festival de Narración Oral regresó al Moderno pero quien prefirió teatro al aire libre también lo tuvo. La propuesta vino de la mano de la compañía alcarreña Ultramarinos de Lucas que presentó su último espectáculo 'Little red and the riding hood', su versión de Caperucita Roja con tres finales a elegir y un magnífico Luis Orna de protagonista. Esta vez, eso sí, no fue en inglés sino en castellano. Los jardines de Palacio estaban repleto de niños y papás. El buen tiempo acompañó y el público quiso darse paseos por el mercado de artesanos y libreros. Hubo quienes prefirieron pasar también unas horas charlando con amigos en la taberna donde se servía comida, mojitos y hasta limonanas.

Y en la parte expositiva, la Sala Azul del Infantado acogió una propuesta de papiroflexia bellísima, donde Javier Cantoblanco recreó en papel a los personajes y los escenarios de cuentos conocidos como 'El flautista de Hamelin' -las ratas 'corrían' por el suelo-, 'El soldadito de plomo', 'Blancanieves' o 'Rapunzel', entre otros títulos. Cantoblanco logra crear un discurso nuevo, lleno de color y originalidad, de estas historias clásicas poniendo el arte detallista de la papiroflexia al servicio de las historias.

El domingo, recta final

La segunda noche, cuando acaban los ‘cuentos mínimos’ la claridad ya asoma por la puerta cuando se escapan los más trasnochadores –si no esperan al chocolate tradicional con que se premia la resistencia– o la llegada ya de los más madrugadores. El domingo hay un protagonismo merecido para los clubes de lectura: desfilan por el escenario los rostros habituales del Maratón, los mejores amigos de la Biblioteca Pública, los incondicionales de cada cita a los que esta vez se ha sumado el director del centro, Jorge Gómez, que ha vivido el Maratón durante todo el fin de semana y se ha estrenado como contador en la mañana del domingo.

La jornada diurna pone el acento en la participación, que este año, ya en la recta final de domingo, ha contado en sus últimos compases con el retorno como tal de la Banda Provincial de Música, que tras el conflicto laboral abierto hace tres años en Diputación no había tocado como tal (sí lo habían hecho algunos de sus músicos). Ha regresado mermada de efectivos y con integrantes ausentes que siguen demostrando que, en comparación con la formación que hubo, esta es una banda mutilada. Pasaban las tres y cuarto cuando la formación, dirigida por Nuria Matamala, intepretaba ‘Viva la música’ y seguía con ‘La Bella Durmiente en el bosque’, con ocho piezas que, una vez más, ha provocado varias estampas de baile animado en el Patio de los Leones.

Al margen de la asistencia del director de la Biblioteca, el de este año ha sido un Maratón sin autoridades, pero con una participación que lo ha situado a un paso del récord que se obtuvo hace dos años. El cuento final del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil, a varias voces y despidiendo uno por uno los árboles que durante más de 46 horas han desfilado por este maratón, ha puesto fin a este evento gigantesco de noche y de día que va camino de los 25 años de trayectoria. Tal vez por eso el último de los árboles del cuento final ha sido el del Árbol del Infantado que “no muere nunca” y lleva en sus hojas movidas por el viento las historias hasta todo el mundo.


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 Fotos: R.M./E.C.

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