Los ‘cuentos-tuit’ de Pep Bruno, en versión ‘gran selección’

El cuentista y escritor alcarreño edita ‘Cuentos mínimos’ en Anaya, con cincuenta de estos microrrelatos ilustrados por Goyo Rodríguez y que, en conjunto, conforman un todo coherente y delicioso. 


Palabras que alimentan un mar lleno de sirenas, hombres de agua y mujeres de azúcar, cosas de andar por casa que explican la compleja aritmética del cosmos, objetos mágicos y objetos que delatan una ausencia o espíritus que se sientan en la mecedora… los ‘Cuentos mínimos’ que acaba de publicar Pep Bruno en Anaya son pequeñas rendijas en la realidad por las que colarse para ingresar en mundos remotos, descubrir lugares de fantasía o conocer personajes tan variopintos como un hombre araña que teje calceta, un ciclista incansable o una hormiga que quiere pasar un invierno fuera de su hormiguero.

El narrador oral profesional y escritor afincado en Cabanillas ha publicado una recopilación con cincuenta microrrelatos que nacieron como tuits y que ahora ven la luz en papel, con ilustraciones (reunidos de dos en dos) de Goyo Rodríguez. Cada noche, Bruno publica en su cuenta de Twitter un microrrelato con la etiqueta #CuentoPB, en un proceso en el que lleva ya casi tres años (del que ya hablamos en un reportaje de 2013). Pero, más allá de su origen, el resultado del libro que ahora ha visto la luz habla por sí mismo, porque la reunión de todos estos pequeños cuentos conforma un discurso propio.

Dice el escritor que, tras un acercamiento inicial a las redes sociales por cuestiones laborales, acabó por encontrarles algunas posibilidades nuevas relacionadas con la propia literatura, “más creativas, como la de escribir un cuento en un tuit”, una suerte de “gimnasia diaria” que le obliga a “dedicar un tiempo cada día a imaginar”, a la vez que se divierte con el doble reto de escribir relatos tan breves y con tanta frecuencia, según explica el propio Bruno en un anexo al final del libro.

Cargados de nostalgias o de ironías, con fantasías o situaciones cotidianas pero curiosas, estos pequeños relatos no son versos sueltos ni imágenes poéticas aisladas, sino que reúnen en apenas 140 caracteres –a los que obliga el formato de la red social– toda una historia, la narración de un suceso o un acontecimiento, a veces incluso con su presentación, nudo y desenlace habituales en los relatos más largos, aunque aquí condensados en un ejercicio de depuración máxima.

El resultado de esta compilación es un libro que invita a continuas relecturas, a ser abierto por cualquiera de sus páginas, una auténtica delicia para adultos y niños, porque la suma supera de largo a cada una de sus partes.