Dávalos rescata 150 libros de la hoguera

Expone títulos censurados, prohibidos o quemados a lo largo y ancho de la historia y el mundo y los presta con una ficha que explica su peripecia. • Cada usuario se lleva una chapa con la leyenda “yo leo libros prohibidos”.


‘Tres con Tango’ es un álbum ilustrado infantil que cuenta la historia de dos pingüinos de aspecto simpático, con comportamientos cariñosos y un tanto peculiares. La particularidad de Roy y Silo consiste en que forman pareja aun cuando ambos son varones, a diferencia de lo que ocurre con el resto de los ejemplares de la especie que vive en el zoo de Central Park en Nueva York. Su historia, que es real según una nota en la última página, fue trasladada hace diez años al formato infantil por Justin Richardson y Peter Parnoff, con ilustraciones de Henry Cole. Pero el cuento, desde entonces, se ha enfrentado a numerosas acusaciones por fomentar ante los pequeños lectores formas poco ortodoxas de vida en pareja, e incluso de familia, porque el Tango del título es un pequeño pingüino que nace de un huevo adoptado por los protagonistas.

Aunque este libro infantil ha recibido numerosos premios, entre ellos el Notable Children’s Book de 2006 por la ALA, y su lectura muestra más bien un caso especial pero tremendamente ‘humano’ y aleccionador, ha estado prohibido en pleno siglo XXI en muchas bibliotecas y de hecho encabeza las listas de reclamaciones y peticiones de prohibición que publica la Asociación Americana de Bibliotecas. Esta censura lo eleva a la categoría de algunos clásicos de los índices de libros prohibidos de ayer y de siempre como los relatos del Marqués de Sade, ‘Los versos satánicos’ o los trópicos de Henry Miller, así como abundante literatura política.

La Biblioteca Pública de Guadalajara expone desde este martes 150 títulos de libros prohibidos, censurados o incluso llevados a la hoguera, en una iniciativa que se enmarca en los actos del Día del Libro y que anima a los usuarios del Palacio de Dávalos a que conozcan estas historias y lean estos libros cuya lectura en alguna ocasión fue tabú, pecado o delito. Por cada préstamo, el usuario se lleva a casa una chapa en la que presume: “Yo leo libros prohibidos”.

Todo género de libros

“Aquel que desee formar una buena biblioteca, debe escoger exclusivamente sus libros en el Índice de Libros Prohibidos”, recomendaba el escritor decimonónico José María Blanco White. Como si siguiera este mismo impulso, Dávalos se jacta de una colección envidiable y ha situado sus 150 libros en la mesa de recomendaciones de la entrada a la biblioteca, junto a la sala infantil y en la galería de la segunda planta.

Allí hay clásicos universales como ‘El Ulises’ de Joyce, ‘Madame Bovary’ de Flaubert, ‘Rojo y negro’ de Stendhal o ‘La Odisea’ de Homero, libros de autores prohibidos por el franquismo como Miguel Hernández, Ramón J. Sender o Lorca o perseguidos por el nazismo y el estalinismo como Stefan Zweig y Aleksandr Solzhenitsyn. Y con ellos libros prohibidos en la Cuba de los Castro, de la China de Mao o de la Argentina de las dictaduras, por poner sólo algunos ejemplos de un campo muy abonado y que tiene sus títulos emblemáticos como ‘Los versos satánicos’ de Salman Rushdie, condenado en 1988 a pena de muerte por el Ayatollah Jomeini al considerar que el libro era una burla inadmisible. Cada ejemplar va acompañado de una ficha adherida a la portada donde se cuenta su particular andanza con los enemigos de su lectura. 

Pero quizá lo que más llama la atención en este catálogo de libros prohibidos rescatado por la biblioteca son los títulos dedicados a los niños, objeto a menudo de controversias incomprensibles. No sólo está el cuento de los pingüinos de ‘Tres con Tango’, también hay otros casos de censura tan estrambóticos como la impulsada en ciertos ámbitos a uno de los libros de la serie ‘¿Dónde está Wally?’ porque entre el batiburrillo de personajes de una lámina dedicada a la playa aparecía una señorita haciendo top-less.

Casos así, pero también otros, demuestran que no siempre las prohibiciones las llevan a cabo regímenes autoritarios por razones de sometimiento político o fanatismo religioso. A veces la censura se produce en sociedades con sistemas democráticos (ocurrió con ‘Las uvas de la ira’ de Steinbeck, acusado de comunista), cuando no es la corrección política la que anima censuras y persecuciones. Fue el caso de ‘Tintín en El Congo’, segundo título de la saga de Hergé, al que se ha venido acusando de racista y colonialista, o de ‘Ningún beso para mamá’ de Toni Ungerer, criticado por los círculos feministas. Pero hay más: desde el eterno ‘El Principito’ de Saint-Exupery que la dictadura argentina consideraba que debía ser prohibido porque fomentaba una “ilimitada fantasía” hasta el ‘Diario de Ana Frank’, que ha tenido sus detractores como lectura ilustrativa para los niños con su relato en primera persona de la persecución nazi a los judíos.

“Un hilo infinito”

“Es un hilo infinito del que no paras de tirar”, explica el director de la Biblioteca, Jorge Gómez, que está viviendo su primer Día del Libro –en Dávalos los actos se prolongan durante casi todo el mes de abril– y que ha apostado por esta temática para esta edición. El acto central del día 23 reunirá a ‘personas libro’, con una puesta en escena inspirada en la novela ‘Fahrenheit 451’, de Ray Bradbury, cuyo título hace referencia a la temperatura a la que arde el papel y cuyas páginas cuentan las peripecias de unos activistas que asumían como misión salvar libros de las llamas.

Es la historia que se ha vivido en muchos países y siglos, como relatan diez paneles didácticos en la segunda planta del palacio, donde se da cuenta de que ha existido censura previa –en España instaurada por los Reyes Católicos en 1502, en Suecia eliminada de manera pionera en 1766–, prohibiciones por motivos políticos y religiosos (con capítulo especial para el Índice de Libros Prohibidos de la Inquisición) o se narra el ‘Bibliocausto’ iniciado en la Alemania de Hitler con una gran quema en el Babelplatz de Berlín el 10 de mayo de 1933. Estas notas históricas están rematadas por una frase de Heine: “Allí donde se queman libros, se terminan quemando también personas”.

De momento y como fenomenal aperitivo para el Día del Libro, Dávalos anima estos días a sus usuarios a pasear entre libros con historias apasionantes y a llevarse alguno de los volúmenes a casa para disfrutar de unas lecturas que en otros países o en otros momentos de la historia algunos lectores no pudieron tomar entre sus manos por subversivas o por indecentes. No tengan miedo y confíen en Oscar Wilde: “Los libros que el mundo llama inmorales son los libros que muestran al mundo su propia vergüenza”. Pasen y lean: el ‘infierno’ les espera.

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