Bocados de emociones

Pep Bruno publica ‘Buñuelos de huracán’, un álbum ilustrado por Carla Besora sin apenas texto, con formato de caja de dulces, repleto de sensaciones y detalles y con una curiosa historia previa a su publicación.


Logró meter huracanes en buñuelos de viento. Quienes los comían cerraban los ojos y con cada bocado soñaban naufragios y aventuras”. Así empieza la última historia que ha publicado el narrador oral y escritor alcarreño Pep Bruno, un cuento con una fuerza arrolladora que, como la caja de pandora, estalla entre las manos del lector, al que la onda expansiva le traslada en un tsunami de emociones hasta islas desiertas en las que volver a celebrar el ritual de la vida, pero que también le ofrece la oportunidad –cuando pruebe las milhojas mágicas– de dejarse embargar por románticos atardeceres.

Quien tiene un dulce así tiene un tesoro, nos viene a decir el cuento. ¿Quién no gozaría de la posibilidad de elegir entre un estado de ánimo con la mera opción de probar un buñuelo de huracán o una milhoja de otoño? Ambos dulces despliegan aquí todo su potencial literario, como si fuesen greguerías.

Dice la editorial A Buen Paso que ‘Buñuelos de huracán’ supone “un viaje surrealista, en el que el lector atento encontrará ecos no sólo de sus comidas, sino de sus lecturas y del mundo que le rodea”. Añade el escritor Pep Bruno que en esta historia ha logrado “la máxima depuración, decir mucho con muy poco”. Y hay también un regusto romántico a la literatura de aventuras, desde las andanzas de don Quijote hasta las más evidentes de los naufragios de robinsones, y a evocaciones clásicas como la magdalena de Proust o la manzana de Eva.

Por estas y más razones, ‘Buñuelos de Huracán’ es seguramente el libro más curioso de Pep. Lo es por el formato rectangular, que se presenta como una caja de bombones, pero también porque apenas hay dos frases escritas en sus casi 30 páginas. En realidad, más que redactar al uso, el escritor ha hecho un ejercicio de guion de las escenas que se desarrollan ante la curiosa mirada del lector, porque la historia se desenvuelve visualmente.

Un cuento a partir de un tuit

En realidad, este cuento tiene mucha historia. Desde la primavera de 2012, Bruno publica un cuento tuit en su cuenta @pep_bruno. Uno de ellos contuvo la semilla de esta otra publicación en la editorial A buen paso.

Un tanto cansado de que muchos usuarios cortasen y pegasen diferentes contenidos de su web y su blog sin pedir permiso, el alcarreño señaló que estos estaban bajo Licencia Creative Commons. Entre los contenidos a enlazar con la licencia encontró algunos de WebosFritos.es, para lo que pidió permiso a sus autores Susana y Jesús, que a cambio le pidieron un cuento tuit. Pep Bruno lo escribió, y tuvo tanto éxito en Twitter que también lo publicó en Facebook.

Es aquí donde entró en escena Arianna Squilloni. Nada más leer el microrrelato, la editora de A buen paso vio que aquella historia mínima contenía todo un álbum. Encargó el guion a Pep y la ilustradora Carla Besora hizo el resto, que no es poco, con un estilo que el escritor alcarreño califica de “fino, concreto y con gracia”: hay multitud de ilustraciones que se pierden en muchísimos detalles. Los dibujos salpican las páginas como si fuesen notas musicales sobre una partitura.

Entre las muchas curiosidades de unas páginas repletas de ecos evocadores hay una que le hace especial gracia al autor: el primer ‘desnudo’ de su obra, que suma ya casi una veintena de títulos. Pero hay mucho más, desde islas desiertas con forma de buñuelos hasta un simpático perrito que salta de escena en escena. Pero lo mejor es que cada lector sea quien viva su propia experiencia y quien pruebe estos bocados de emociones.

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