Criado de Val, el profesor que celebró el Buen Amor

El paisaje familiar de Hita y su entusiasmo por la obra del Arcipreste del siglo XIV se fundieron en la figura del lingüista, artífice del Festival Medieval, jornada de época pionera en su género. • Recordamos qué opinaba este erudito sobre literatura clásica, el lenguaje moderno, el Festival o el paisaje alcarreño.


Desde que se llega hasta que se sale de Hita, te sientes sumido en pleno teatro y en plena magia medieval. Cuando veía el cerro de Hita pensaba que tenía la escenografía perfecta: no había fábricas ni comercio, no entraban los coches… no es que esté en contra de ello, pero para volver a la Edad Media hay que situarse en la Edad Media”.

El paisaje de los entornos de Hita y de Rebollosa, el pequeño pueblo de su padre en el que veraneaba el pequeño Manuel, invitaba a las ensoñaciones históricas. Más tarde, los ecos medievales resonaron con más fuerza en el futuro profesor Criado de Val, cuando se entusiasmó con la lectura del ‘Libro de Buen Amor’, escrito por un paisano que vivió en las tierras de su familia 600 años antes. Hita constituía el encuadre ideal. “Tenía unas formidables condiciones como escenario medieval, era perfecto, pero también su nombre por la relación con el Arcipreste Juan Ruiz”. Contado como lo contaba el profesor, fallecido este jueves a los 97 años de edad, el Festival Medieval de Hita era un sueño predestinado a convertirse en realidad.

En dos ocasiones entrevisté a un ya nonagenario doctor en Filosofía y Letras de la Complutense, en mayo de 2008 con ocasión del nombramiento como Hijo Adoptivo de Castilla-La Mancha y, dos años después, con motivo de las 50 ediciones del Festival Medieval de Hita. “La mejor oportunidad que me ha dado la vida es el Festival”, fue el titular de una de ellas. Con una conversación siempre lúcida, pausada, amable y salpicada de golpes de buen sentido del humor, el profesor repasaba anécdotas vitales, recuerdos sobre la cita de época por excelencia del calendario provincial y reflexiones acerca de los clásicos de la literatura de ayer, pero también sobre el lenguaje que nos gastamos hoy.  

Nuevas tecnologías y refranes

Casi cien años dan para mucha vida y mucha obra. En su caso, la obra son muchas obras: algunas de teatro, las que se llevan a cabo en cada edición del Festival y que ya engrosan las hemerotecas, con 55 ediciones de ‘las fiestas de la endrina’; otras, las obras que se amontonan en las bibliotecas, con decenas de títulos sobre lingüística y literatura, sobre todo medieval. Le interesó muy poco el panorama editorial contemporáneo: “Yo estoy metido en otro mundo, pero no juzgo la literatura moderna porque la leo muy poco. Mi impresión, en todo caso, es que los novelistas de hoy están faltos de fe, de esa fuerza que impulsa hacia lo intelectual y trascendental que da sentido a la vida”.

Pero su acercamiento a los clásicos nunca fue el de un erudito aislado en busca de fantasmas del pasado entre las paredes de un archivo. “Muchos han estudiado la lengua como un fósil, pero yo no soy un arqueólogo, sino un lingüista, aunque un gramático sin gramática: la lengua es algo tan vivo que si no fuese así no sería tal; a mí no me interesan los fósiles, sino los seres vivos”, mantenía, con un enfoque que aplicaba también como divulgador en el famoso programa de televisión 'El espectador y el lenguaje'.

El profesor daba prueba de su visión del asunto al comentar algunos aspectos del habla que le preocupaban, como su alteración a causa de las nuevas tecnologías: “He investigado los puentes entre la ciencia y el lenguaje y es cierto que los mensajes de móvil de los jóvenes y otros usos de la lengua auguran un futuro muy malo para el lenguaje de creación; pasa con los anglicismos”, afirmaba. “No puedo tener buen pronóstico; en el futuro vamos a tener un uso masivo del castellano, pero peor”.

Lo mismo ocurría cuando atendía a aspectos como la pérdida de los refranes en el lenguaje actual: “están pasando un auténtico calvario, son frases hechas unidas a experiencias que antes sí resultaban vitales y ahora no”, explicaba. “Tenían relación con una vida próxima al campo, un entorno que ahora ha cambiado; como ya no vive la referencia ideal del refrán, ya no se entienden muchos de ellos”.

Una vida ligada a un libro

Pero lo suyo siempre fueron los clásicos. Y, de entre todos ellos, quien más horas de estudio ha concentrado ha sido su paisano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, que en el siglo XIV firmó el ‘Libro de Buen Amor’. “La obra fue un ‘best-seller’ en su tiempo, traducida incluso al gallego-portugués, porque no es de difícil lectura, aunque necesita paciencia, saborearla, y hoy no hay tiempo para eso ni demostramos tanta atención a la calidad de la lengua”.

Criado de Val elogiaba “el sentido del humor tan cordial, refinado y dominador de la palabra” que hay en este clásico, con un verbo que ni siquiera estuvo al alcance de otros como Quevedo, “más áspero e irónico, demasiado irónico”. Porque, como poeta, Juan Ruiz “dominó el lenguaje como nadie lo ha vuelto a hacer, nadie lo ha vuelto a utilizar con su misma gracia”.

Nunca se le agotaban las alabanzas al hablar de este clásico medieval. “El Arcipreste tiene un amplísimo campo expresivo”, aseguraba hace siete años. “Al leer sus versos comprendemos que no sólo fue un gran poeta, que lo era, sino que también fue un gran músico”. En su opinión, el mejor de su centuria. Es un libro, por tanto, exquisito pero también divertido: “El ‘Libro de Buen Amor’ es una obra con un gran sentido del humor y que juega con ese mismo humor, ya que al final de cada pasaje el autor incorpora una travesura inesperada” y que hace dudar al lector, “que se queda sin saber muy bien la idea que al final quería transmitir el poeta”.

Aunque dedicó muchas horas a investigar la figura del Arcipreste, lo cierto es que siempre reconoció que los avances habían sido muy tímidos: “Estamos como al principio, no sabemos quién era. Sabemos que suya fue la autoría del ‘Libro de Buen Amor’, pero no hay quien dé un paso más. Por alguna razón se escondió de sus contemporáneos, que no dejaron nada registrado pese a lo conocido que era”, rememoraba el profesor en 2008: “Lo único que existe es un documento en el que se le cita como testigo de un pleito”.   

Todos los caminos llevan a Hita

Muchas veces ha contado Criado de Val que su impulso fue hacer un festival discreto, nada ambicioso si se compara ahora con más de medio siglo de trayectoria y su título como Fiesta de Interés Turístico Nacional, que aspira incluso a más. “En ninguna cabeza cabía que el Festival cumpliese cincuenta años”, dijo a las puertas de la 50 edición. En aquel balance sólo había motivos para estar satisfecho por los objetivos colmados e incluso rebasados: “Ha cumplido la intención de hacer un teatro total, maduro, consumado y abierto al futuro, para demostrar hasta qué punto los siglos XIV y XV adelantan el siglo de Oro”.

Por teatro total, Criado de Val entendía las representaciones en su sentido más literario, pero también los espectáculos más llamativos, como los duelos entre caballeros o la cetrería. “Eso también es teatro, porque durante unos días, afecta a todo en Hita, el tiro con arco, las cenas y comidas que aquí se han estrenado y se han llevado luego a otros lugares, el apoyo de los botargas…”. Decano de festivales y precursor de una auténtica moda, los festivales y jornadas de época que han cundido por todo el país, el Festival de Hita no se entiende sin su fundador y alma mater. Aun así, nunca buscó un protagonismo excesivo ni fue amigo de chupar cámara. Parecía más a gusto entre bambalinas.

El profesor, que dedicó su última obra a la caminería, defendía siempre que Hita se situaba en una encrucijada literaria. Allí se cruzaron los trayectos del ‘Libro de Buen Amor’, por supuesto, pero también del Cid en su cantar y de Don Quijote y su imitador de Avellaneda, de múltiples referencias de un género tan español como la picaresca… “Está en el eje literario de la gran vía a Zaragoza, la estrada mayor pasaba por allí, pero también el Camino Real”. No es de extrañar que el festival hiteño no sólo haya tenido referencia en sus representaciones a la obra del Arcipreste, sino también a lo más destacado de la literatura clásica europea: La Celestina, los siete infantes de Lara, La Divina Comedia, Fausto, la Canción de Roldán…

Los caminos son la esencia misma de España, porque es un país caminero, toda su vida y su historia ha sido ir, ir, ir… caminar, comunicarse, y ese es nuestro destino en un país fronterizo”, subrayaba en una entrevista reciente para un reportaje televisivo. En su caso, sin duda, todos los caminos confluyen en Hita.

Una trayectoria reconocida en Guadalajara

Ha dicho el alcalde de Hita, José Ayuso, que hace unos días el profesor seguía teniendo en mente los preparativos para la próxima edición del Festival de Medieval de julio. Tal vez por su longevidad, pero también por su persistente labor en Hita hasta el último momento, los reconocimientos no pararon de llegar para este profesor casi centenario. Él lo compensó cantando alabanzas de Guadalajara: “En estas tierras residen las claves de España, son la salsa la ensalada que es Castilla”.

Criado de Val ha recogido todo tipo de galardones en Guadalajara, desde el siempre pintoresco Su Peso en Miel peñalvelero hasta los más solemnes, como los de Hijo Adoptivo de Castilla-La Mancha y de la Provincia. “Los premios me los dan los amigos”, ironizaba con la mezcla de buen humor y humildad con que se dejaba retratar en las entrevistas. “No me desbordan los premios fácilmente, pero los agradezco mucho; me satisfacen, pero yo sigo sin alterar mi ruta, que la tengo bien marcada”, decía también a propósito de los homenajes que le rindieron en la cincuenta edición del Festival.

Una de las anécdotas más curiosas que ha recordado Criado de Val en sus entrevistas tiene que ver, cómo no, con el Festival, concretamente con una representación del ballet del ‘Triunfo de la Muerte’ con música de Cristóbal Halffter. El bailarín protagonista salió de noche hacia el campo disfrazado con el clásico traje negro de esqueleto y se cruzó con una pareja de Hita. Ella le preguntó: “¿Quién es usted?”, a lo que él respondió: “Soy la muerte”. “¡Ah, bueno, menos mal!”, replicó entonces ella, restando importancia a este inesperado encuentro con ‘la huesuda’. A sus 97 años, posiblemente a Criado de Val tampoco la muerte le habrá pillado por sorpresa. Pero Guadalajara pierde a una figura imprescindible de su cultura.