Coleccionistas de fábula

Disponer de un buen repertorio de cuentos para contar se parece bastante a tener una valiosa colección. Tal vez por ello no resulta extraño que los cuentistas alcarreños Estrella Ortiz y Pep Bruno coincidan en tener algunas llamativas colecciones, sus particulares tesoros vinculados a un oficio en el que entre ambos suman medio siglo de trayectoria.


Están acostumbrados a levantar reinos extraordinarios en el aire y a convocar con el único poder de su voz a monstruos, hadas, fantasmas, enanos y gigantes, a todo el reino animal si la fábula lo requiere. Para contar hay que haber leído mucho, coinciden los narradores orales alcarreños Estrella Ortiz y Pep Bruno. Las lecturas se acumulan como colecciones, más que almacenarse o guardarse se atesoran. Y de ahí surgen sus sesiones: acaban de cumplir treinta y veinte años en el oficio de contar historias para niños y mayores. Pero además de recolectar lecturas, tan intangibles, también tienen sus propias colecciones de otras cosas más tangibles como las láminas de sus propios cuentos y de libros eróticos, en el caso de él; de caracolas, árboles, postales selladas o puntos, en el caso de ella. 

La afición de Estrella Ortiz por las caracolas viene de lejos. Desde hace años colecciona no sólo los objetos que le regalan los fondos marinos, sino todo cuanto se relaciona con ellas y, sobre todo, poemas. Su antología personal reúne versos de más de cincuenta autores, tan diversos como Rubén Darío, Alfonsina Storni, Benedetti, Gloria Fuertes, Lorca o Lope de Vega. Algunos de estas composiciones son apenas unas mínimas gotas en el inmenso océano de la literatura: “Encendí un caracol / para oír la hora del mar”, escribió, por ejemplo, Javier España.

En junio, coincidiendo con el Maratón de los Cuentos, la artista alcarreña inauguró una exposición en la que podían leerse algunos de estos poemas, pero que también ofrecía composiciones visuales propias -poemas visuales- y de algunos amigos y que se dejaba acompañar de un pequeño libro llamado ‘Cuaderno de Olas’.Para presentar el libro Estrella Ortiz cuenta también con una sesión de narración en torno al mismo tema: conchas, caracolas que son poemas, relatos, ecos literarios... Su colección funciona a modo de cajón de sastre marino de la que igual ha emergido una sesión de cuentos que un libro y una exposición.

La historia de Estrella con estos frutos del mar no es anecdótica. En realidad, representa muy bien su forma de trabajar. Dijo Walter Benjamin que “aprender es coleccionar”. Y Estrella Ortiz se define precisamente como “una coleccionista innata”. De sus lecturas recoge citas, poemas, leyendas y conforma toda “una colección inmaterial” que puede convertirse más tarde o más temprano en el punto de partida –pero también en el de llegada, o en una salida en plena encrucijada– para todo género de creaciones.

Como ha ocurrido ahora con las conchas y caracolas, hace ya una década otra de estas ‘obsesiones’, esta vez en torno al punto, dio forma a un amplísimo proyecto con Elena Revuelta que tuvo exposición en el Buero Vallejo y en el que participaron también algunos colegas, porque Ortiz entiende el arte como un ejercicio de incitación a la creación que no acaba en la mera exposición de unos trabajos. Ya en aquel proyecto, que resultó para ella obsesivo -celebró su ‘punto’ final- hubo poemas al uso pero también caligramas, un manifiesto ‘puntillista’, poemas visuales y poemas objeto. 

Entre sus varias colecciones, Estrella Ortiz tiene dos cajas llenas de tarjetas postales que ha recibido a lo largo de su vida desde cincuenta países diferentes. Ese material nunca se ha convertido en carne de exposición, ni ha brindado una sesión de narrativa. En cambio, tiró de ello para escribir un artículo para la desaparecida revista Platea. Ortiz admite que colecciona sin saber exactamente dónde puede desembocar cada ‘inventario’.

Otra de sus recopilaciones tiene que ver con la figura de un ave, el mirlo, de extraordinarias connotaciones literarias. Ahí caben diferentes versiones del poema tradicional de la mirlita de autores como Lorca hasta un poema reciente que ha encontrado nada menos que de Bertolt Brecht. Lo mismo ocurre con los árboles, tiene decenas de citas, leyendas, cuentos... todo un bosque. Y bosque es el tema del Maratón de este año, así que... quién sabe.  

Las láminas de Bruno

Su colega Pep Bruno, que tantas veces se ha confesado también discípulo de Estrella, admite que tiene una forma de trabajar más espontánea. Coincide en que “la vida te lleva y te trae” y a raíz de algún hecho vital puede desencadenarse un trabajo en torno a un asunto particular. Y ahí siempre está la opción de indagar para levantar un repertorio.

Le ha ocurrido, por ejemplo, con el cuento tradicional, que hace diez años comenzó a explorar a fondo. Pero también con la literatura erótica: en su búsqueda de un repertorio para un público adulto, empezó a interesarse por el género. En un arcón tiene lo que, siguiendo la tradición de los libros prohibidos por la Inquisición, llama su “infierno”, aquellos que ya en tiempos se leían con una sola mano: la amplia colección de títulos eróticos contiene algunas joyas de literatura clásica e incluso algún ejemplar de ediciones limitadas.

Pero sin duda su colección más extraordinaria la conforman las láminas que decoran un colorido rincón de su casa con dibujos originales de los quince álbumes infantiles que ha publicado: desde el primero, ‘Cuento para contar mientras haces un huevo frito’, hasta ‘Un monstruo’ y ‘Escarabajo en compañía’, editados este año y de los que también tiene ya sus láminas originales.

 Todo empezó en 2002 con un regalo de una de sus más frecuentes colaboradoras en los libros infantiles, Mariona Cabassa, y desde entonces cada vez que edita uno se hace con una ilustración de alguna de las páginas, casi siempre haciendo un desembolso en ello. Las hay con y sin firma, con dibujos idénticos a los que aparecen en los libros o que varían en algunos detalles, con multidud de matices como en la ilustración de ‘La siesta de los enormes’ o con alguna curiosidad, como el orden invertido respecto del cuento de ‘La cabra boba’. De ‘La mejor bellota’ tiene dos: una con el estilo inicialmente propuesto por la ilustradora Müllerová y otra, con la que finalmente escogió la editorial. Pep Bruno lo sabe: esas láminas conforman en sí mismas una exposición. Así que quién sabe...


  Este reportaje apareció publicado en el número impreso 'Especial Diciembre' de Cultura EnGuada. 

 

 

 

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