‘La paciencia de Sísifo’, poesía de la esperanza

Jesús Aparicio publica su décimo título, siguiendo esta vez el mito griego y la filosofía de Camus, con un doble poemario que incluye más de 120 composiciones. • “Siempre vuelvo a empezar y a hacer el mismo libro”, asegura el escritor alcarreño.


La vida como trayecto costoso, cuesta arriba y con carga, pero dichoso. Así entendía el filósofo y escritor francés Albert Camus la existencia, a partir del mito de Sísifo, de un condenado para el resto de sus días a caminar hacia la cumbre trasladando una roca para ver cómo siempre acababa por caer de nuevo la roca al pie de la montaña. Un titán feliz, a pesar de todo, porque en su esfuerzo renovado e incansable encuentra un sentido a la existencia.

“Uno debe imaginar feliz a Sísifo”, escribió el Nobel en su ensayo ‘El mito de Sísifo’. Y el poeta alcarreño Jesús Aparicio no sólo hace suya la sentencia, sino que la ha colgado en el pórtico de entrada de su décimo poemario, ‘La paciencia de Sísifo’, con más de 120 composiciones en las que vuelve a hacer gala de una escritura esencialista y predispuesta a la meditación a partir de lo cotidiano.

Compuesto de dos partes, el diario poético ‘Hojas de un calendario’ y un compendio de meditaciones en verso que da título además al volumen, ‘La paciencia de Sísifo’, el libro mantiene el tono unitario del conjunto de su obra, iniciada en los ochenta: “Siempre vuelvo a empezar y hacer el mismo libro”. Se refiere obviamente a que mantiene el estilo habitual de Aparicio, ya conocido en títulos como ‘Las cuartillas de un náufrago’ o ‘La papelera de Pessoa / La luz sobre el almendro’: composiciones breves –hay algún haiku–, una mirada a la naturaleza para profundizar en aspectos más hondos de la vida y una mirada optimista que entronca perfectamente con la figura mitológica abordada en esta ocasión. “Es una poética de la esperanza, de volver a empezar aunque no sepas si vas a llegar”.

‘La paciencia de Sísifo’ es el décimo título del alcarreño, el segundo en la firma Libros del Aire, aunque sigue escribiendo como siempre, con la pretensión de extraerle el jugo a lo cotidiano para llegar así a la esencia de las cosas: “Escribir es ponerse delante de uno mismo y de la poesía… aunque luego siempre gusta que llegue también a los demás”.

Y tampoco aquí tiene queja. Dice Aparicio que se siente reconocido por los colegas de Guadalajara e incluso de Madrid: “los poetas me tienen estima”, admite, lo que a su vez contribuye a satisfacer “una pequeña vanidad” que siempre está íntimamente ligada a la literatura.

Explica también Aparicio que la lírica está viviendo un momento “interesante” en la ciudad, con el taller de la Biblioteca en Dávalos como foco de proyección de otros encuentros y tertulias, y a pesar de que los vientos no soplan a favor: “El ruido y la prisa son los grandes enemigos de la poesía”.

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