Diez años del ‘paraíso’ en Dávalos

La Biblioteca Pública cumple diez años en el Palacio de Dávalos, donde se mudó después de una cadena humana formada por medio centenar de alcarreños. • Con un ambiente festivo, se desplazaron los últimos 1001 libros desde el Infantado, donde el centro había permanecido desde 1972. • Recordamos aquella jornada y repasamos, con su anterior directora y con el actual, la trayectoria de una década de este emplazamiento en el centro de la ciudad y las opciones de cara al futuro.


Dijo Borges que se imaginaba el paraíso como una biblioteca. Alguien lo trajo a colación hace diez años, cuando el Palacio de Dávalos abrió sus puertas después de una formidable restauración para acoger la Biblioteca Pública de Guadalajara, sus más de 230.000 ejemplares a disposición de más de 46.000 socios. Este martes se cumplen los primeros diez años de este emplazamiento, cuya inauguración oficial se produjo unos días después de que se celebrase el acto popular que sin duda permanece en el imaginario popular como el punto de partida de aquella mudanza: la cadena humana que un caluroso sábado de julio se encargó de desplazar, codo con codo, de mano en mano, los últimos 1001 un volúmenes de la biblioteca entre el Palacio del Infantado y Dávalos.

Fue una jornada tremendamente festiva. Al son de las gaitas de Villaflores, con el colorido que aportaban la Bruja Rotundifolia y el mimo Costrini, con un enorme cartel protestando contra el préstamo de pago. A la cita respondió medio centenar de guadalajareños que formó en fila entre las puertas del monumento en el que había estado la biblioteca desde 1972 y al que llegaba ahora, después de una restauración en la que el Ministerio de Cultura había invertido 9,6 millones de euros.

Entre los guadalajareños que formaron la cadena estaban caras reconocidas de la cultura alcarreña como el librero Emilio Cobos o, entre tantos otros, el presidente de Siglo Futuro, Juan Garrido, además de muchos vecinos del centro, el párroco de Santiago y una amplia representación institucional con la delegada de Cultura, Riansares Serrano, el alcalde Jesús Alique (que destacó que el acto debía ser también “un homenaje al Infantado”) y su concejal de Cultura, Jordi Badel, sin que faltase por supuesto la propia directora de la biblioteca, Blanca Calvo. La ahora exdirectora considera que aquella mudanza original y multitudinaria puso de manifiesto que “toda la ciudad la considera suya y actuó acudiendo a ayudar como cuando se muda alguien de la familia”

Durante una hora de aquella mañana de sábado tan señalada, los mil y un libros corrieron de mano en mano. El primero en partir fue la primera parte del Quijote, que celebraba su IV Centenario. El último en llegar fue la segunda parte de la universal obra de Cervantes. Entre tanto, una selección de clásicos como el Libro de Buen Amor, la Divina Comedia o La Iliada, así como otros escogidos por los propios usuarios de la biblioteca. “Los libros tienen cuerpo y por eso hay que acompañarlos”, decía con su fino humor habitual el poeta Francisco García Marquina, que también formó parte de la cadena.

Diez años de trayectoria

Dávalos ofreció a la Biblioteca Pública de Guadalajara un espacio más moderno, unas instalaciones igualmente céntricas y más amplitud para los servicios, a pesar de que parece un edificio más pequeño por fuera, incluyendo además mejores espacios para la investigación, para las actividades paralelas –aumentaron los clubes de lectura, una de las señas de identidad– o para la consulta de Internet.

En la inauguración oficial, el día 15 de julio, que contó con la presencia del director general del libro, Benigno Blanco, el entonces presidente del Gobierno regional, José María Barreda, destacó la colaboración entre las administraciones para dotar a la ciudad de estas instalaciones más modernas: el Ayuntamiento había comprado el edificio y la Junta y el Gobierno central se encargaron de la rehabilitación, que fue propuesta inicialmente por el arquitecto Domingo Torcal: “A mí me parecía imposible que allí pudiese estar la biblioteca, pero al final he acabado dándole muchas veces la razón”, rememora Calvo.

“Dávalos ha hecho todo lo posible por que nos olvidásemos del Infantado quienes trabajamos allí”, tarea difícil, según indica por experiencia personal la exdirectora. De hecho, uno de los momentos más emotivos que recuerda de la mudanza se produjo un mes antes de que todos los usuarios cambiasen la dirección de sus pasos, cuando ella misma vio cómo las cosas de su despacho se empaquetaban rumbo a Dávalos. “No soy de lágrima fácil, pero me pillé una buena llorera cuando me dí cuenta de que aquel era mi último día en el Infantado”, reconoce.

Calvo, que ha estado al frente del centro durante más de veinte años en el Infantado y durante los casi diez de su nueva casa, destaca que “la nuestra es una biblioteca que va de palacio en palacio, pero con los requerimientos de una biblioteca moderna”, y augura “una larga vida y brillante en Dávalos”. Aún así, insta al Ayuntamiento a reflexionar sobre la idoneidad de impulsar ya una primera biblioteca municipal, al menos para atender a los usuarios de los nuevos desarrollos, mucho más alejados de la biblioteca estatal.

“Una de las bibliotecas más importantes de España”

El actual director de la biblioteca, Jorge Gómez, que lleva ya un mes en su nuevo puesto, también resalta la importancia que tuvo Dávalos, en primer lugar por que “se ganó un espacio público para la ciudad que hasta entonces no existía”, pero también por las mejoras que introdujo como espacio para el desarrollo de la actividad bibliotecaria y las actividades paralelas del centro como talleres, clubes o conferencias.

La única contrapartida de su emplazamiento en este otro lugar histórico radica en las limitaciones de espacio, ya que actualmente se encuentra al cien por cien de su capacidad: “es lo que es”, se resigna Gómez, que no obstante considera que “los nuevos retos” pasan en parte por adaptarse precisamente a los desafíos de un universo digital que, al menos, no ocupa tanto espacio físico.

A su juicio, el mejor balance de este tiempo en Dávalos pasa por los datos de más de mil visitas diarias y los más de 41.000 socios. “Es de las bibliotecas más importantes de España en cualquier parámetro que se mire”.

No deja de resultar ilustrativo el número de carnés actuales de la Biblioteca, cuando tras su traslado a Dávalos “se volvió a partir de cero”, como recuerda Calvo, para adaptarse a la Red de Bibliotecas de Castilla-La Mancha. En apenas unos años hubo que renovar todos los carnés, recuperando prácticamente el mismo número de socios que se había tardado dos décadas en reunir.

Para el director llegado ahora de Ciudad Real, las instalaciones alcarreñas tienen ahora también la posibilidad de aprovechar la remodelación en marcha de la plaza de Dávalos como una suerte de extensión de la biblioteca, si así se quisiera por ejemplo desde el Ayuntamiento, aunque en cualquier caso el espacio, peatonalizado casi en su totalidad, generará bienestar para el usuario que vaya a acudir en adelante hasta allí: “convendría hacer plaza pública de lo que ya es plaza pública”, asegura recuperando el valor de la biblioteca como un espacio interior pero claramente abierto a la ciudadanía.

Este último rasgo ha quedado demostrado en numerosas ocasiones durante los últimos diez años. El banderazo de salida de la aventura en Dávalos ya lo presagiaba, con la entrega de los ciudadanos en esta mudanza simbólica de los últimos 1001 libros. Aquel acto culminó con la lectura de ‘La oda al libro’ del poeta chileno Neruda, al que se pudo ver de cuerpo presente (gracias al actor Juan Morillo) y que habló del libro como de un mínimo bosque. Aquellos versos también han acompañado desde entonces al nuevo palacio de los libros, un paraíso –si atendemos a Borges– en pleno corazón de la ciudad. 


Vídeo de Íñigo Salaberria, con la colaboración de J.I Cortés, sobre la cadena humana:

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