María Lara ahonda en el relato de la emperatriz Helena

La joven historiadora alcarreña regresa a la novela y al siglo IV con ‘Memorias de Helena’, donde vuelve a fundir ficción e historia, su disciplina. • Retoma la fórmula y la protagonista de ‘El velo de la promesa’, que fue premio Ciudad de Valeria de Novela Histórica.  El jueves dio a conocer su obra en el San José, que el sacerdote Ruiz Langa alabó por su fidelidad histórica y catalogó como “obra literaria y lectura cristiana”.


Varias razones llevaron a María Lara a escribir ‘Memorias de Helena’. La “empatía” de muchos lectores con la protagonista, pero también con otros personajes, de su anterior novela; la necesidad de aclarar algunos cabos sueltos de “anécdotas” que no habían quedado sin resolver en el anterior libro; y, sobre todo, la inmensa riqueza de su protagonista, la tabernera que llegó a ser emperatriz y que jugó un papel determinante en la implantación del cristianismo en el Imperio de Roma, son algunos motores que llevaron hace ya tres años a la historiadora alcarreña ha aventurarse en su segunda novela, una obra de ficción pero fiel a los hechos históricos.

La historiadora –de brillante currículum– y escritora alcarreña da continuidad en estas ‘Memorias de Helena’ a su anterior obra narrativa, ‘La promesa del velo’, prestando de nuevo atención a esta mujer fundamentalmente fuerte y buena que vivió en el paso de los siglos III al IV y que, como demuestra todavía más este segundo título de la saga, “encontró la felicidad por rutas insospechadas”, en palabras de Lara.

Subtitulada en esta ocasión ‘Constantino, La Cruz y el Imperio’, de nuevo la figura de esta mujer determinante sirve a Lara, según subraya, para reivindicar la importancia del papel femenino en la historia, cuando todavía hoy en algunas latitudes la mujer sigue “bajo el yugo de la misoginia y de la discriminación”.

La presentación

En su presentación de este jueves en la sala multiusos del San José en Guadalajara, la primera que tiene el libro, estuvieron presentes su hermana Laura, que leyó algunos fragmentos; el delegado diocesano de prensa Álvaro Ruiz Langa, que presentó la obra; el vicepresidente de Diputación, Lorenzo Robisco, y el jefe del Servicio Provincial de Cultura, Plácido Ballesteros, que además fue profesor de las hermanas Lara, a quienes elogió por su entrega en el estudio: “Las dos fueron de las mejores alumnas, si no las mejores, de las que se recuerdan con cariño”.

El propio profesor destacó que “es muy difícil hacer novela histórica”, contra lo que pueda parecer por la proliferación de libros del género, porque hecha con corrección exige “una ambientación rigurosa” y “que refleje bien la mentalidad de la época, algo que está al alcance de muy pocos” y que, subrayó, Lara sí logró en la primera parte de la saga dedicada a la emperatriz Helena, que fue obtuvo además el Premio Ciudad de Valeria.

También Ruiz Langa, en una densa presentación del libro, contextualizada con varios apuntes históricos y literarios, destacó el anclaje histórico de la novela, no en vano está escrita por una historiadora. Así, señaló su “fidelidad histórica” frente a clásicos como ‘Memorias de Adriano’: “se aprenden mil cosas de los romanos del siglo IV” mientras se asiste a la historia personal de la protagonista, subrayó Ruiz Langa, que catalogó el libro como “obra literaria pero también lectura cristiana” y reseñó la combinación de pasajes en que asistimos al “sufrimiento” de Helena con otros “episodios luminosos” en que, subrayó el religioso, la protagonista encuentra el camino hacia la presencia de Cristo.

Detalles de la escritura

Escritas en primera persona, las ‘Memorias de Helena’ tienen cinco capítulos que “combinan cuento y narración larga”, ya que cada uno de ellos está encabezado siempre por un relato “que lleva a nuestra habla cotidiana la filosofía, que para los antiguos era la psicología”.

La autora reveló además algunos detalles del proceso de escritura, que inició en diciembre de 2011, cuando todavía la novela anterior seguía su curso de presentaciones, y confesó que el título cayó por su propio peso, “era el único título posible”: como ‘Memorias de Helena’ guardó por vez primera el archivo con la primera página escrita y como tal quedó titulado el libro cuando llegó a su punto y final y, ahora, a las librerías.