Los libreros de la Feria prefieren la Concordia

Sólo dos de los 18 puestos de libreros y editoriales consideran que les favorece el cambio de ubicación a la Plaza Mayor. • Este cambio fue motivo de una reunión entre los participantes en la Feria, en la tarde del domingo.  El buen tiempo ha acompañado durante las cuatro jornadas, pero las ventas han caído para casi todos los participantes.  Repasamos el ambiente de una cita a la que no han faltado caballeros medievales, el burro Platero y una amplia muestra de animales literarios.


El cambio de ubicación de la Feria del Libro del parque de la Concordia a la Plaza Mayor no ha satisfecho a la mayoría de las casetas participantes. Sólo dos de los 18 puestos aprobaban este domingo el cambio de ubicación experimentado este año, como quedará de manifiesto en la respuesta a una encuesta repartida por el Patronato de Cultura. Este cambio ha sido uno de los asuntos que más debate ha suscitado en esta edición y, de hecho, fue el tema de una reunión que mantenían todos los participantes en la tarde del domingo. 

La sensación de que la céntrica plaza no es un lugar de tanto tránsito como el parque es el argumento más esgrimido por quienes consideran que la Feria debe regresar a la Concordia. Son mayoría, pero no hay unanimidad. Y su impresión está ya en los despachos de la Concejalía de Cultura: varios libreros se lo han transmitido directamente a la concejala Isabel Nogueroles y otros se lo han comentado a algunos de los técnicos del Patronato, pero todos han dado su veredicto en la primera pregunta de un cuestionario que cada año se reparte entre los participantes y que en esta ocasión preguntaba directamente sobre el cambio a la Plaza Mayor.

También Cultura EnGuada preguntaba minutos antes del cierre de la Feria uno por uno y directamente a todos los participantes: dos de los 18 puestos respondía a favor del desplazamiento, otro lo consideraba “indiferente” y uno más permanecía cerrado en ese momento; el resto (14) aseguraba que el cambio les ha perjudicado.

“Hay un consenso de que es mejor volver al parque y así se lo vamos a trasladar al Ayuntamiento”, decía uno de los libreros apostado en su caseta durante todo el fin de semana. La discusión sobre el emplazamiento, presente desde el mismo día de la inauguración, se trasladó finalmente en la tarde del domingo a la propia Feria, donde todos los participantes volcaron sus impresiones.

Actividad concentrada, pero menos gente

No hay un discurso generalizado, pero sí varios mensajes que repite la mayoría de los responsables de las casetas. Para casi todos ellos, han caído las ventas en esta edición y el principal motivo que alegan es el cambio de ubicación, que ha alejado los puestos de “un lugar de paso” como sería el paseo en la Concordia. La frase más repetida a pie de caseta era: “Este no es un lugar de paso”.  El parque, añadían otros, "se acerca más a lo que esperamos para la feria del Libro: gente, sombra, árboles, ambiente, alegría...".

Algunos libreros se quejan de que “cada tres o cuatro años nos cambian de ubicación, no acabamos de tener un sitio fijo”, después de que en la última década ya hayan pasado por las plazas del Jardinillo y Mayor y por el Parque de la Concordia.
"La tarde del jueves tuvimos que suspender la Batukada (cuando llevábamos tocando 15 minutos) y marcharnos al Jardinillo, porque había un acto en el Ayuntamiento (a pesar de que la Batukada llevaba 2 meses programada) lo cual recalca la incompatibilidad de la Plaza Mayor y sus eventos propios (políticos, ayuntamiento...) y la feria del Libro", señalan desde Rincón Lento, que subraya la bajada en la afluencia de gente en el nuevo emplazamiento "sobre todo durante sábado y domingo. Los comercios de la zona estaban ya cerrados, por lo que no había motivos para pasear hacia esta plaza".

En sentido inverso, la mayoría también destaca un aspecto positivo de la nueva ubicación: la formación de las casetas en ‘corro’ ha facilitado la concentración de la programación de actividades paralelas de libreros o del festival Arriversos en el centro, cuando en la Concordia solía quedar la carpa al margen de los puestos, situados allí en fila.

Caída de las ventas

A falta de echar cuentas, la impresión a última hora del domingo era de que las ventas se habían mantenido o habían sido sólo un poco inferior, en los mejores casos, y que habían caído, en los peores, que eran la mayoría de los consultados. Una de las librerías señeras de la ciudad habla de que ha vendido un tercio que el año pasado, la misma estimación que hacía otra librería que comparaba con la pasada edición, la primera en que estuvo presente. La mitad de las ventas o un 20% menos, añadían en otros dos puestos que se atrevían a hacer un pronóstico.  

Otros profesionales, en cambio, apuntaban a que el cambio de desplazamiento ha coindicido con un año de números desastrosos para el sector: “las ventas están siendo malas durante todo el año, y también ahora en la Feria”. Un profesional que ha acudido a la Feria en Alcalá de Henares, radicada en plena Plaza de Cervantes, asegura que “tampoco allí se ha vendido nada”.

En cualquier caso, muchos libreros apuntan que el esfuerzo de cerrar sus locales o contratar incluso personal para reforzar su presencia en la Feria y la caída de ventas (además del lógico descuento, del 10%) les está complicando cuadrar cuentas después de dedicar cuatro intensos días en la Feria.

En el debate del domingo entre los participantes en esta edición salieron algunas propuestas para barajar, como que la Feria pueda retrasar sus horarios vespertinos (abrir más tarde y cerrar también más tarde), para aprovechar las horas más agradables cuando se da una temperatura primaveral, como ha ocurrido en esta edición.

Una reivindicación resulta también mayoritaria: “se ha promocionado mal”. Varios se quejan de que apenas unos días antes de la inauguración les repartieron los carteles para que los colgasen; otros, que un anuncio en un periódico con la feria ya comenzada no resulta la mejor publicidad; y muchos parecen fijarse en la diferencia de trato entre las corridas de otros, que se anuncian y venden en la plaza de Santo Domingo, y la Feria, de la que no hay testimonio en el punto de mayor tránsito de peatones de la ciudad.

Argumentos a favor del cambio

Los dos profesionales que se mostraban a favor de este cambio la justifican con que el emplazamiento es más oportuno porque “el escenario de las actividades aquí es magnífico” y lo que deben hacer los participantes es, precisamente, tomar la iniciativa y “dar cosas para que el público venga”, ya que en Guadalajara el Ayuntamiento facilita la caseta de forma gratuita.

Una compañera se suma: “Hay que activar la plaza del pueblo y la calle Mayor actualmente está muerta, así que este cambio ayuda, las actividades ahora están más concentradas y no tan dispersas como en el parque”.


UNA FERIA CON REYES MOROS, BURROS Y SAPOS

Aunque el debate de la ubicación ha sido sin duda el aspecto más comentado durante todo este fin de semana largo de Feria, otra noticia destacable ha sido el buen tiempo que ha acompañado a cada una de las jornadas. La Feria ha mostrado un año más un carrusel de actividades, con la programación del Festival de Poesía Arriversos, firmas de libros de escritores y actividades paralelas como cuentacuentos que han dejado algunas estampas pintorescas.

Una de las más curiosas la dibujaba la editorial Aache con su homenaje al caballero medieval Alvar Fáñez de Minaya, en la presentación pasado el mediodía del sábado del libro ‘El beso del moro Abengalbón’. La carpa reunía allí una ceremonia con los dos caballeros, el cristiano y el mandatario musulmán de Molina de Aragón, en una amena y simpática representación con actores de la agrupación Antorcha. Justo antes, Daniel Ángel Sánchez recitaba dos poemas y Carmen Aranda y Concepción Hernández cantaban dos romances. Todos ellos remitían a pasajes del libro escrito por Luis Miguel Díaz y publicado por Aache Ediciones.

Servía la actividad de homenaje a la figura de la reconquista de la ciudad de Guadalajara, en el IX centenario de su muerte, en un acto en el que, se lamentaba el organizador –el historiador Herrera Casado– no hubo representación política, pero sí un público entregado que respondió a los vítores a la ciudad de Guadalajara.

No faltó el reino animal a su cita con la literatura alcarreña. Entre la fauna que se dejó caer por la Plaza Mayor, el cantante Dr.Sapo dio un concierto el sábado por la tarde para sus ‘renacuajos’ presentando su ‘audiocuento’ infantil ‘Las aventuras de Sam’, con todos los amigos de este ratón: Tarzán, Rogelio el Caracol, el erizo Espinete... El músico alcarreño Miguel de Lucas llegaba a decir que para él actuar en la plaza ha sido cumplir un sueño.

Las mañanas del sábado y del domingo atraían bajo un sol tibio a los curiosos a las casetas, en algunas de las cuales se podían ver a los autores locales, como las hermanas Lara Martínez (llegadas a Guadalajara tras un frenético ritmo de apariciones en medios de comunicación nacionales) o un aficionado que cada vez tiene más tablas en el doble arte de escribir y vender, Pablo Carnicero, orgulloso de agotar en dos horas todos los ejemplares de ‘El secreto de los dedos de Aignes’, el título que presentaba en la Feria.

Batucadas, cuentacuentos y, casi siempre, los pequeños como protagonistas, tan pronto detrás de personajes de moda como el Pollo Pepe como de clásicos como Platero. Durante la mañana del domingo, muchos de quienes se acercaron pudieron cabalgar o acariciar a los burros que el Festival Arriversos, en su infatigable labor de fin de semana, había convocado en la Plaza Mayor para convertir incluso los rebuznos en arte y reivindicar, nunca está de más, poesía en nuestras vidas. Aunque, como saben los libreros mejor que nadie, corran malos tiempos para la lírica.


Sobre la Feria del Libro 2014:

 

 

 

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