La vida en verso: entre que “nos nacen y nos mueren”

Siglo Futuro presenta en Guadalajara el nuevo poemario de Rafael Soler, ‘Ácido almíbar’, una honda reflexión metafísica que desarma al lector con ironía y crudeza. • El poeta Antonio Hernando le definió como “isla independiente” en el panorama poético español.  El escritor declamó varios versos de su obra y explicó su original visión sobre la muerte.


‘Ácido almíbar’ es eso mismo, una contradicción poética, un oxímoron que abandona al paladar en un cruce de caminos y nos despista el entendimiento. Pero así son, en realidad, los poemas que firma en su último título Rafael Soler, valenciano que dice sentirse en Guadalajara como “en una segunda casa” y que este miércoles llegaba a Guadalajara de la mano de la Fundación Siglo Futuro para presentar su libro.

El escritor declamó sus versos con una voz potente y ante medio centenar de personas en la Sala Tragaluz del Buero Vallejo, incluida la concejala de Cultura, Isabel Nogueroles. Y su poesía fue, sin ninguna duda, la mejor forma de ‘vender’ la obra: a la vuelta de cada poema quedó desarmado el público por los cuchillos afilados de los versos y con una cruda ironía que transforma en imágenes poderosas la metafísica elevada de este poemario cuyas páginas están recién salidas del horno. Es uno de los primeros libros de poesía de 2014 y sólo un día antes era presentado en Madrid por Luis Alberto de Cuenca.

En Guadalajara, en esta presentación organizada por la Fundación Siglo Futuro, los honores de la introducción le correspondieron al poeta Antonio Hernández, que convirtió su presentación en una densa lección magistral sobre corrientes poéticas de las últimas décadas, en la que divagó sobre el concepto de generación (en su caso se inclina por el de “promoción”) y, después de trazar las dos líneas hegemónicas de la poesía de la última mitad de siglo XX, situó al autor valenciano entre “los salidos de la norma” y quienes radican su obra en “islas independientes”.

“No es un surrealista estricto”

De Soler dijo su presentador que ha escrito un libro “fascinante, extraordinario y hermético”, de difícil comprensión para los no iniciados, preñado de surrealismo, aunque este poeta “no es un surrealista estricto”. Porque, en realidad, para definir a Soler, el poeta alcarreño lo hizo por descarte, por lo que en realidad no es: “prefiere ser incomprendido a ser nimio peón del tablero”.

El público tuvo que esperar casi una hora desde la hora prevista para escuchar la imponente voz del poeta aclamado por ‘Maneras de volver’ y que en este otro librito editado por Vitruvio, dentro de la Colección Baños del Carmen, propone una reflexión metafísica sobre la vida, desde su mismo arranque hasta más allá de la muerte, acaso unas milésimas de segundo más o, como mucho, lo suficiente para resistirse hasta el crematorio: “de la urna es más difícil pasar”.

Con un humor crudo y unos versos descarados que apuntan con el dedo, el poeta habla del modo en que se despista la existencia, entre los dos momentos claves que se nos imponen: “el poemario se abre con ‘Quédate a los títulos de crédito’, que según el propio autor es lo que se nos dice al nacer y lo que el escritor invita a hacer también al lector en el pórtico de apertura del poemario. ‘Galería de afines y cercanos’, ‘Retrato de dos para ninguno’, ‘El público siempre tose en lo mejor’ y ‘¿Quién anda por ahí?’ relatan las idas y venidas por la vida, para bajar la persiana con ‘Caso cerrado’ y con ‘Posdata’, con la marchita confianza de “que otra luz exista”.

“Una cosa y la contraria”

“La vida siempre nos ofrece una cosa y la contraria”, explicó el escritor ante los lectores. De ahí la dulzura del almíbar y la acidez opuesta del título, pero también toda la reflexión de sus más de cien páginas: “Nos movemos siempre entre dos instantes: primero “nos nacen, sin negociación previa” y luego “nos mueren”.

En ese sentido, explicó el autor de ‘Ácido almíbar’, su último libro “pretenden ser brochazos” de los diferentes momentos vividos y empieza por eso con un ‘Parto a término’ (“ahora que alzándote de nalgas / a un vacío sin fin te precipitan”) y acaba cuando “echamos la última pelea, perdida de antemano”. En ese final hay tres muertes de diferente naturaleza, pero la última de ellas es una muerte administrada ante la que el moribundo se resiste, a veces en cuestión de mínimas fracciones de segundo, en las que se resiste a bajar los párpados para siempre, pedirá otra prórroga y acabará por rendirse definitivamente. Al final, y pese a todo, quedará “el caso cerrado de tu vida”.

Soler recitó algunos versos de cada una de las partes de su libro, pero al advertir que había dejado los ánimos un tanto mustios después de ‘cerrar el caso’, se animó con un divertido poema en clave de humor sobre bebedores de madrugada que quisieran tener la hora de más de Canarias. Y devolvió así al público a ese lugar indeterminado entre el momento en que “nos nacen” y “nos mueren”.