Muere Manu Leguineche, ‘el jefe’ de la tribu

El periodista afincado en Brihuega y uno de los reporteros europeos más prestigiosos, ha fallecido en Madrid a los 72 años. • Reconocido por la profesión y por sus paisanos alcarreños, el anuncio de la Asociación de la Prensa de Madrid ha sorprendido a todos, aunque llevaba años de delicada salud. • Repasamos su trayectoria, su visión del periodismo y su relación con Guadalajara. • El funeral en Brihuega será este sábado, a las 12 horas, en la iglesia de Santa María de la Peña.


Acostumbrado a adelantarse a la noticia, Manu Leguinche ha muerto horas antes de que toda la tribu, de la que era jefe indiscutible, celebrase su patrón, San Francisco de Sales. Le habían dado otras veces por muerto en esta era digital que parece querer deshacerse demasiado pronto de los periodistas que vuelven a las redacciones poniendo el suelo sucio con el barro de las botas, pero esta vez su vida se ha apagado definitivamente a los 72 años de edad en la madrileña Fundación Jiménez Díaz a causa de una insuficiencia cardiorrespiratoria y después de años de prolongada enfermedad.

La noticia la ha difundido pasado el mediodía de este martes la Asociación de la Prensa de Madrid a través de su cuenta de Twitter y ha sorprendido a todos porque no se había divulgado en las últimas horas ningún agravamiento de la delicada salud del periodista afincado en Brihuega, aunque, al parecer, su ingreso hospitalario se había producido a finales de la semana pasada.

La capilla ardiente se ha instalado en el Tanatorio de San Isidro de Madrid desde las 18:30 horas del 22 de enero hasta las 17:30 horas del día 23. El funeral en Brihuega, donde vivía, será este sábado a las 12 horas, en la iglesia parroquial de Santa María de la Peña.

Nacido en Arrazua (Vizcaya), el maestro de reporteros había decidido pasar su madurez en la provincia de Guadalajara, primero en una casa en condiciones casi infrahumanas (así lo había decidido él mismo, como un ermitaño en contacto pleno con la naturaleza) en Cañizar y más tarde en la Casa de los Gramáticos de Brihuega, en cuyo patio se sentía rodeado de animales y árboles que incluyó como formas de vida para las páginas del último de sus libros, una mirada hacia lo más próximo pero auténtico que tituló 'El club de los faltos de cariño'.

La casa donde ha vivido estaba situada en la plaza briocense que llevaba su nombre, pero fueron muchos otros los reconocimientos otorgados desde su tierra de acogida, a la que llegó en parte por su amistad con Camilo José Cela: era Hijo Adoptivo de la provincia desde 2008, había sido también reconocido como Hijo Adoptivo de Castilla-La Mancha, recibió el original premio peñalvelero Su Peso en Miel, protagonizó un documental dedicado a su relación con la comarca titulado ‘Manu Leguineche, reportero de la Alcarria’ y aquí había entablado profundas amistades con otros periodistas alcarreños, entre ellos Pérez Henares, Pedro Aguilar o Raúl Conde.

Entre sus libros de literatura había algunos profundamente ligados a la provincia, como ‘La felicidad de la tierra’ y ‘El club de los faltos de cariño’, aunque también participó en el proyecto coral ‘La letra de los ríos’, donde en su caso dedica un escrito al río Tajo.

El reconocimiento de un Príncipe

Su nombre había sonado en varias ocasiones como posible Príncipe de Asturias de la Comunicación. Apoyos no le faltaban. Entre ellos, el de otro maestro del oficio y amigo suyo, el polaco Kapuscinski, que sí obtuvo el galardón en Oviedo y que, según cuentan, cuando llegó al aeropuerto para recogerlo lo primero que hizo fue preguntar por Manu. Les unía la amistad y la admiración mutua.

De carácter afable y amante del mus, juego que consideraba ya una reliquia del pasado, el periodista estaba inundado de cierto pesimismo en los últimos tiempos al analizar la realidad de la que tanta cuenta había dado a lo largo de muchos años de carrera, desde los inicios en el semanario vasco Gran Vía y en el diario El Norte de Castilla, dirigido entonces por Miguel Delibes, hasta su paso por conflictos de medio mundo, desde Vietnam (se le atribuye la ingeniosa frase de “no tuvimos infancias felices, pero tuvimos Vietnam”) y el Golfo a otros muchos países del tercer mundo.

De hecho, sus experiencias arrancaron en 1961, con la cobertura de la revolución en Argelia, guerra a la que siempre admitió que volvería si hubiese tenido que elegir una. No faltaron sus crónicas desde India, Pakistán, Líbano, Afganistán, Bangla Desh o Nicaragua, además de Guinea. Esta experiencia en la independencia del país africano quedó novelada en un libro de 1980 titulado precisamente ‘La tribu’, apelativo para el oficio con el que eran conocidos los corresponsales.

Algunos de sus libros recogen estas experiencias, mientras que otros se contagian de un mismo sentido del periodismo, como en el clásico ‘El camino más corto’ (una vuelta al mundo en coche) o sus crónicas de viajes, como ‘Madre Volga’.

Fundador además de agencias como Colpisa y Fax Press, trabajó también el televisión. Fruto de sus experiencias, Leguineche ha escrito más de cuarenta libros, cuenta con los más prestigiosos premios de periodismo, como el Nacional y el Ortega y Gasset, y de otros galardones como la Medalla al Mérito Constitucional del Gobierno de España.

A pesar del pesimismo que a menudo trasladaba en las conversaciones privadas, en su recogida del Premio Cirilo Rodríguez, en Segovia, quiso enviar un mensaje positivo en público, dedicado especialmente a las futuras generaciones de periodistas, a quienes pidió “más optimismo en un momento en el que la profesión se ha ido deteriorando”.

Cariño de la prensa alcarreña

Sus colegas alcarreños han hablado siempre con orgullo de este paisano y compañero de oficio, “maestro” y “periodista con enjundia”, según las palabras del comunicado enviado con motivo de su fallecimiento desde la Asociación de la Prensa, que le había ofrecido un homenaje en 2008, con la entrega de una Mención Especial.

“Manu Leguineche residía en la localidad alcarreña de Brihuega, donde ensalzó, a través de numerosos artículos y libros, los encantos de esta provincia y sus gentes”, ha recordado la APG. “Maestro de varias generaciones de periodistas locales, constituye todo un ejemplo a seguir para la profesión”.

El reportero, que consideraba que había que ser “menos quejicas”, apostó en sus últimas intervenciones por orientar el periodismo escrito hacia el relato de hechos donde la televisión no alcanza, esto es, explicar qué ha pasado, por qué, las consecuencias de la guerra, “las atmósferas o los ambientes secretos”.

En el citado 25 aniversario del premio Cirilo Rodríguez, Leguineche, ya delicado, mostró su buen sentido del humor habitual: “Estoy aquí para demostrar que todas las guerras se pierden. Solo espero que la eternidad sea una interminable vuelta a un mundo en paz (aunque lleno de aventuras). O, incluso mejor, una larga partida de mus en La Alcarria”.



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