“El Planeta es el cuento que nunca escribí a mi hija”

Entrevistamos a Clara Sánchez, la escritora nacida en Guadalajara y ganadora del Premio Planeta 2013 por ‘El cielo ha vuelto’. • La novelista mantuvoun encuentro el viernes en la librería LUA con sus lectores alcarreños. • Con Cultura EnGuada y con ellos habló la autora del contenido de su última novela, de cómo ha cambiado su carrera con los tres grandes premios y del panorama editorial actual. • “De los galardones  no me interesan los honores, sino obtener más lectores”.


Uno puede pensar que un Premio Planeta tiene que ser, necesariamente, un escritor de otro planeta. Pero Clara Sánchez (Guadalajara, 1955), que ha ganado la última edición del más importante galardón (en dotación y promoción) de la industria editorial española, sigue siendo una mujer tremendamente normal. Pareciera ser la madre que encontramos a la puerta de la escuela llevando a los niños al colegio, la vecina que nos cruzamos en el rellano de la escalera a la vuelta de la compra o la viajera que comparte asiento en el vagón del tren. Alguien que no despega los pies de la tierra. Nada más lejos de una diva o una intelectual creída y recrecida por los galardones.

Nos atendió el viernes en la Librería LUA, un regreso a su Guadalajara natal para mantener un encuentro con lectores sobre ‘El cielo ha vuelto’, la novela con la que ha ganado el Planeta y que completa su triángulo de reconocimientos tras el Alfaguara (2000) y el Nadal (2010). Pero a lo largo de la cita salen a colación un montón de asuntos, como la aclaración de sus orígenes alcarreños: es de Guadalajara capital, por más que a algunos se empeñen en situar su nacimiento en Sigüenza o en Cabanillas. Tiene, eso sí, familia en Galápagos, donde además hay un colegio que lleva su nombre. Lejos de renegar, incluso presume de esta relación con el terruño natal: “Hay dos cosas que me gustan mucho: que pusieran el nombre al colegio fue un detallazo y que me dieran la medalla de Castilla-La Mancha fue la repera”.

 

Estas promociones del Planeta son dignas de una estrella de rock.

Con la diferencia de que una no es una estrella de rock [Risas]. Detrás de cada novela siempre hay promoción, afortunadamente, porque hay que buscar la forma de llegar a los lectores. Cada vez es más complicado y, en esto, un premio ayuda mucho. El Nadal, por ejemplo, me ha abierto mucho las puertas del extranjero. Pero el Planeta es el más conocido, llega a todo el mundo y favorece mucho el encuentro con el lector.

La infraestructura de promoción es gigantesca.

Hay una maquinaria muy grande, con mucha gente trabajando detrás. La gente puede intuir, pero no lo ve, que detrás de un libro hay muchísima gente, no sólo el escritor, sino editores, distribuidores, comerciales y muchísima más gente que vive de esto. Por eso hay que apoyarlo: perder el libro sería perder también una forma de vida para mucha gente.

¿Disfruta de estos encuentros o es de esos escritores que están deseando que pasen para recluirse a escribir?

Es una sensación contradictoria: por una parte mi trabajo es en solitario, escribir es pasar muchas horas solo, pero en la promoción es todo lo contrario: todo el día con mucha gente, interactuar permanentemente… tampoco nos viene mal. En cualquier caso, de la promoción lo que más me gusta es el contacto con los lectores, que a veces me dicen cosas que iluminan lo que he escrito.

¿Como si supieran más de la novela que usted?

El otro día, por ejemplo, me dijo una lectora: “Patricia, la protagonista, es una chica que está sola y no lo sabe”. Y pensé: ¡qué manera tan sencilla de resumir en una frase las más de 300 páginas de la novela! El lector tiene un foco muy genuino. Va al libro de una manera muy directa. Explica cosas que he hecho con una naturalidad que me pasma.

Este de la calle puede ser el lector más puro. Antes de publicar se dan copias a personas de confianza, al editor… pero son lectores más ‘contaminados’.

Y más resabiados, sí. Entre el escritor y el lector hay siempre muchos intermediarios que medio leen, medio juzgan… el lector es el más honesto. Quizá porque ha comprado el libro. Cuando compras algo, lo haces tuyo y lo saboreas de una manera más franca y entera.

¿Cómo ha caído ‘El cielo ha vuelto’ en el mundo de la moda, donde se ambienta?

La protagonista es modelo, pero en realidad el libro no aborda directamente este mundo, sino que es su trabajo. Es cierto que las revistas de moda o femeninas se han interesado más que otras veces por la novela. Lo han encontrado más suyo. Porque además no se enfoca de un modo edulcorado, por un lado, ni tampoco rastrero. Me interesaba que alguien como Patricia, que vive de la imagen, se sintiese vulnerable con esta actividad ante cosas que le  van pasando. Aunque, en realidad, y como ella, todos en nuestra vida estamos preocupados por nuestra imagen…

Hace sufrir mucho a sus personajes, sobre todo a ellas…

A mi me gusta mucho que sufran, así me vengo de lo que me hacen sufrir ellas a mí [Risas].

 

Ante los lectores, Clara Sánchez confesará minutos después que todos los accidentes que sufre la protagonista a lo largo del libro, que no son pocos pero sí llamativos, también le han sucedido a ella a lo largo de su vida. También revela que todos los personajes que aparecen a lo largo de sus páginas, algunos de ellos extravagantes, están “inspirados” en ejemplos reales. De uno de ellos, el marido de la protagonista, dice que hay sobradas muestras a nuestro alrededor: “se podría decir que hay muchos Elías por ahí sueltos, es más, que hay un tipo de hombre que podríamos denominar ya ‘es un Elías’”, bromea con sus lectores.

Luego, más seria, confiesa que ‘El cielo ha vuelto’ tiene un formato de cuento a propósito, incluso con cierta remembranza a las historias que comienzan con el clásico “érase una vez”. Explica que durante toda la infancia le prometió a su hija que la escribiría un cuento, pero que no lo hizo por exceso de tarea. Ahora ya lo tiene: “Este libro es el cuento que nunca conté a mi hija”. Y tiene moraleja: “Nos pase lo que nos pase, las personas tenemos armas, recursos e imaginación para reponernos”.

 

¿Ha volcado mucho de su personalidad en la novela?

Mucho. Aquí están mis preocupaciones y todo lo que soy, un colega escritor me decía hace poco que es la más fresca y la que he escrito con más desparpajo, y creo que tiene razón.

Hay una lectura anclada en los momentos que estamos viviendo de crisis económica y de valores…

Es una novela en la que está presente el modo en que nos estamos teniendo que enfrentar al miedo. Y también nos pasa como a la protagonista, que nos encontramos ahora en un momento en que ya se nos ha caído la venda y ya no firmamos los papeles del banco sin leerlo antes, ahora pedimos un sillón y leemos tranquilamente antes de firmar, porque ya no nos fiamos.

Por cierto, se estrena ‘Presentimientos’, película basada en una novela suya… Habla muy bien de la cinta.

Sí, estoy muy contenta, encantada, refleja muy bien el espíritu de una novela que a mí además me llevó cuatro años sacarla adelante, todo un reto literario fuerte y personal. Los actores están en estado de gracia y el guión está muy bien.

Es extraño que no haya más películas de sus novelas, que aparentemente resultan muy adaptables al cine.

Sí. Es algo de lo que yo no me ocupo, tiene otros recorridos. El cine es caro. En este caso se han empeñado muchas personas que creían mucho en esta historia. Me imagino que en el futuro irá saliendo, pero para mi no es prioritario.

 

Un lector preguntará si en otros tiempos de menos popularidad se ha ganado la vida ejerciendo de ‘negra’ (escribir para otros, sin firmar), como de hecho han confesado Vargas Llosa, tras recibir el Nobel, o Juan José Millás, otro Planeta reciente. Clara Sánchez no lo ha hecho y bromea decantándose por callar “lo que diría” a quien se lo propusiera.

Sobre los debates internos en el gremio, hay otro que sobrevuela siempre el Planeta, con diferencias de parecer envenenadas a menudo por dosis de recelos y envidias. Clara Sánchez no rehúye la discusión, ni en la entrevista ni más tarde con los lectores. En ambos casos defiende su honestidad con el mismo discurso: “Toda mi vida he trabajado para poder escribir, nunca he pedido una subvención ni una ayuda”.

 

Probablemente no hay ningún escritor que a su edad tenga la triple corona del Alfaguara, Nadal y Planeta…

Sí, eso me ha dicho también alguien, pero no lo había pensado. La combinación de estos tres en concreto, creo que no. Pero yo no escribo para los premios, puedo decir con toda la sinceridad que el verdadero premio es tener lectores. Si todo lo que escribo no encuentra lectores, pierde el sentido. Yo escribo para comunicar, a través de una historia, emociones y sentimientos que a lo mejor no contaría tomando un café, por ejemplo por pudor.

También hay confesiones que necesitan más tiempo que un café para ser contadas, el tiempo que se dedica a una novela.

¡También! Eso es lo bueno de la literatura: es el único espacio que tenemos ahora mismo donde no tenemos límite de tiempo, porque en la vida real cada vez es más escaso para todo. Ahora bien, terminas de escribir una novela y piensas: ¿cuál es el mejor recorrido que puede tener? He presentado mis novelas a esos premios cuando intuía que encajaban. ‘Últimas noticias del paraíso’ ganó el Alfaguara pero no se me ocurrió presentarlo al Planeta, te das cuenta de que no estás ahí, en ‘el mundo del Planeta’ por así llamarlo.


¿Alguna vez ha perdido al presentarse a un concurso?

[Piensa] Alguna, ¡pero no te creas que muchas! [Risas]. Cuando uno nota que no se lo pueden dar, no se presenta. Prefiero no sufrir frustraciones innecesarias. Cuando empecé a escribir enviaba cuentos a premios y me di cuenta de que los jurados no se los leían, los devolvían tal cual. Luego me he presentado cuando pensaba que podía encajar bien. Con el Planeta, por ejemplo, tuve el pálpito.

Forma parte del juego de la industria: usted busca lectores y la editorial, vender libros.

Así es. Se trata de revitalizar la industria con ideas buenas, originales y singulares. Para eso lo que hace falta es tener libertad creativa y el valor de hacer lo que se quiera hacer.

Tirar para adelante con la idea y el estilo propios.

Claro… Y no apuntarte a las modas del momento. Los lectores que han leído ‘El cielo ha vuelto’ me han dicho que es una novela muy mía. Pero es que no se me ha ocurrido ponerme a escribir ‘Cincuenta sombras de Grey’. Eso necesita fe en uno mismo y valor para hacerlo. Yo siempre escribo lo que me apetece. A mí lo honores y la gloria de los premios no me interesan nada. Prefiero que sea útil para que ayude en mi carrera a que me den coba.

No todos opinan así. Otros prefieren ser escritores de culto.

No, claro, hay gente que le gustan mucho los honores. A mí, no. Pero eso no quiere decir que haga absolutamente ninguna concesión. Desde mi primera novela en 1989 he sido coherente, incluso sin proponérmelo. ¡Debe ser en lo único que he sido coherente de toda mi vida! Además, creo que he sabido esperar. He pasado años de gran discreción, sin muchos lectores, porque a lo mejor lo que escribía no interesaba tanto, el lector estaba en otros gustos como la novela histórica o no tenía suficiente promoción… yo entonces seguía fiel a lo mío.

Los premios, al destacar tanto el nombre propio del escritor, le permiten publicar sin depender tanto de las modas.

Sí, los premios para esto hacen mucho, porque tienes ya tu sello personal y es más fácil. Es una realidad que espero que no cambie.

Por cierto, ha dicho que ha usted no le ha cambiado la vida el Planeta. Algunos escritores destacan que los ingresos obtenidos les liberan de otros trabajos y encargos: prensa, conferencias…

Me ha ensanchado la libertad creativa, para seguir haciendo lo que yo quiera. Ya otros anteriores me permitieron dejar las clases de la universidad y dedicarme más a esto, lo que te ofrece una tranquilidad, aunque el abismo de salir con una novela nueva no te lo quita nadie. Pero sí, le estoy muy agradecida a los premios y ojalá hubiese más para otros escritores.

Defiende los premios a capa y espada.

Hay quien echa pestes de los premios y nos miran a los demás como si ellos estuviesen en el cielo entre ángeles y nosotros, en el fango… Los que he ganado son premios de editoriales, porque yo nunca he recibido ayudas públicas ni becas, todo lo que he escrito lo he escrito con el sudor de mi frente. He tenido que trabajar mucho para poder escribir.

 

Lo había dicho la propia escritora: en esta vida todo está pautado por el tiempo, así que la conversación termina porque llega la hora del encuentro con los lectores, que ya la esperan con sus novelas en la mano. La conversación con ellos mezcla propuestas a la escritora, como que escriba una novela protagonizada por uno de los personajes con más carácter de ‘El cielo ha vuelto’, Liliana; para hablar de unos  secundarios tan bien perfilados, con tan poco peso en la trama pero con historias muy emotivas (“me divierten mucho”); sobre el hábito de escritura, ahora en un estudio lejos de casa y de la tentación de la nevera; o de la identificación por parte de los lectores de algunas de los méritos que busca la novelista: “Se notan los olores, no es lo mismo cuando está en el mar que cuando está en la agencia de modelos”, dice uno. “Me gusta que la novela huela”, responde satisfecha la novelista. 

Al final, llega el aluvión de firmas de ejemplares y la maleta de la autora vuelve a Madrid repleta de libros de escritores noveles de su patria chica. No resultaría extraño que, minutos después de este encuentro, cualquiera de nosotros nos hubiésemos encontrado con Clara Sánchez, tal vez leyendo en el banco de la estación, esperando, como una viajera cualquiera, a que llegase el Cercanías. Sin que nadie sospechase al verla que esta mujer tremendamente normal va y viene de otro planeta.