"Con la edad aspiro a ser más radical, no más cobarde"

La exdirectora de la Biblioteca Pública durante más de tres décadas, Blanca Calvo, ha sido elegida por los lectores de Cultura EnGuada como personaje del año en la cultura alcarreña. • La entrevistamos para concoer cómo le sienta su nueva vida y cómo observa la evolución de los acontecimientos en Dávalos, episodios de censura incluidos. Asegura que no va a reprimirse para opinar, haciendo uso de la autoridad de su voz, pero descarta regresar a la política: tiene otros proyectos.


Blanca Calvo ha ligado su trayectoria profesional a la gestión pública. En Guadalajara lo ha hecho dirigiendo la Biblioteca Pública del Estado desde 1981, primero en el Infantado y más tarde en Dávalos, con una política de puertas abiertas y participación ciudadana que ha servido en muchos casos de inspiración para otros centros del país. También el impulso desde el centro arriacense a la narrativa oral y la celebración del siempre impactante Maratón de Cuentos ha sido y sigue siendo un modelo, incluso internacional, de un actontecimiento gigantesco hecho por los ciudadanos. Pero su compromiso con lo público también la ha llevado a la gestión desde el ámbito político: fue la primera y única mujer alcaldesa que ha tenido la ciudad, en un periodo de un año entre 1991 y 1992, y se ausentó también de su puesto habitual entre 2005 y 2007 como consejera de Cultura en Toledo.

A finales de agosto se jubiló y abandonó la dirección de la Biblioteca, un acontecimiento de su biografía que confesó vivir con ciertos temores y que, en todo caso, le ha brindado numerosos reconocimientos y muestras de cariño de sus paisanos adoptivos -es vallisoletana-, desde una fiesta sorpresa o un acto oficial de la Asociación de Amigos de la Biblioteca hasta la votación de los lectores de Cultura EnGuada con el fin de año, donde ha salido elegida como personaje de 2013 en la cultura local, con seis de cada diez votos. 

¿Le ha servido la jubilación para sentirse especialmente querida?

Probablemente es porque yo también quiero a Guadalajara. Pero esta sensación me viene desde los tiempos de la Alcaldía, que fue una cosa muy extraña, con un grupo de sólo tres concejales. Supongo que habría gente que no me quería, pero en general notaba mucho cariño, especialmente de las mujeres, que me decían que siguiese adelante, aunque no me hubiesen votado... Todo eso lo he seguido notando. Con la jubilación, la emoción ha sido desbordante: con regalos muy entrañables como en los clubes de lectura, mensajes que me han llegado al corazón y me han desarmado hasta dejarme en una situación de blandura emocional... A todos nos gusta que nos quieran. Lo dicen los escritores y es verdad. Yo lo noto y me agrada.

Jubilación tiene la raíz etimológica de júbilo, pero usted tenía mucho temor a un cambio tan radical de vida. ¿Ha sido al final tan traumático?

Un poco sí porque tienes que volver a encontrar tu lugar en la sociedad, organizarte de nuevo la rutina de vivir... todavía estoy en ello. No es algo inmediato. Recuerdo que cuando saqué las oposiciones de bibliotecaria me gustó que ya podía poner en el carné mi profesión. Ahora sigo siéndolo, aunque jubilada, pero no es en activo y tengo que buscar el hueco. Tengo muchos proyectos y estoy desbordada. Quiero hacer muchas cosas y no me dedico a ninguna en profundidad. Sí estoy volcada en la familia, porque mi madre me necesita, y también es muy placentero.

Se imponen primero las razones de peso.

Mi compañera Mila me decía que conocía pocas personas tan familiares como yo. A mí no me lo parecía, pero al final voy a pensar que tenía razón y que dedico mucho tiempo a la familia. Pero creo que la solución pasará por ser menos ambiciosa, escoger dos o tres cosas y dedicarme a ellas. Tengo en mente seguir haciendo proyectos europeos para el Maratón de Cuentos, recorrer las bibliotecas de la II República, seguir traduciendo un libro de una bibliotecaria francesa a la que admiro mucho... Voy a tener que ponerme un horario para hacerlo. Estoy ilusionada y contenta.

Dijo que quería seguir ligada a la cultura de la ciudad y, concretamente, a la biblioteca. Y ha asumido la presidencia del Seminario, donde siempre estuvo, pero ahora figura con este cargo.

El cambio de la junta directiva se produjo después de mi jubilación y creo que los compañeros quisieron de esta manera hacerme un regalo al decir que me tocaba, un mensaje de que me seguían necesitando...

...Que no se iba a librar de ellos.

[Risas] Sí, y así lo tomé, agradecida. Pero también es verdad que le estoy dedicando poco tiempo. El hecho de no trabajar ya en el mismo sitio donde está el Seminario pone un poco de distancia.

El año pasado hubo un proyecto muy ambicioso en torno al Maratón, que siempre es un gran evento de por sí... ¿qué hay pensado para este año?

El de 2014 va a ser un Maratón bonito porque hay mucha gente que tiene que ver con el tema del agua y hay muchas ideas que ya están habladas... Pero no vamos a solicitar ayuda europea como en los cuentos de las cuevas, que es un proyecto que empezaba en 2012 y que no termina hasta mayo de este año... con el festival de Grenoble. No queremos estar metidos en dos proyectos a la vez y además el Maratón. No diré que esta edición va a ser más modesta, porque no me gusta decirlo así, pero sí estará más centrada en el propio Maratón, sin más...

...que no es poco.

Que no es poco.... Ya el año que viene tal vez presentamos otro proyecto, pero no quiere decir que nos lo den. Estamos mal acostumbrados porque las cuatro veces que lo hemos presentado, lo hemos recibido. Tenemos una idea en torno a cuentos indígenas, contamos con un profesor en Canadá que es toda una autoridad, en México he conocido indígenas que siguen utilizando la oralidad... 

Una de las novedades de la Ley de Patrimonio de Castilla-La Mancha ha sido reconocer como bienes de interés cultural (BIC) algunas manifestaciones inmateriales. Ha ocurrido con los toros y con la cetrería. ¿Y los cuentos?

El año pasado el Ministerio de Cultura reconoció el Maratón de Cuentos como buena práctica cultural en relación con la lectura y fue un apoyo para ir más allá. Nosotros habíamos pensado en la Unesco porque viene trabajando desde hace tiempo con el patrimonio inmaterial, como son los cuentos, los refranes y las manifestaciones orales. También sería un sello muy valioso para los proyectos europeos. En la Unesco hay varios niveles, pero creemos que podría aceptarlo en principio como buena práctica cultural... Pero posiblemente se haga algo también en Castilla-La Mancha, incluso en paralelo, porque en este caso nos pillaría más cerca.

¿Cómo es para usted entrar a la biblioteca como usuaria, no como directora?

Es raro. Veo cosas que me gustan, como que siga la misma vitalidad y mucha gente en los pasillos; y otras, menos, como que haya menos luces encendidas en un ahorro muy absurdo, porque ningún vendedor de una calle principal apaga las luces de su escaparate. Esto puede restar prestaciones o atraer menos al usuario... al final eso nos sale caro. No voy tanto por eso: tengo que cortar los vínculos.

¿Son demasiado fuertes?

Son vínculos muy emocionantes para mí. Aunque quiero seguir utilizando la biblioteca porque soy copropietaria de ella como todos los socios y ciudadanos.

Sonó muy fuerte una frase que dijo en el homenaje de Dávalos: "Veo a la biblioteca sin rumbo". ¿Sigue pensándolo?

Sí. No hay una cabeza pensante y directiva. La biblioteca es una mediana empresa, con una red con responsables de cada parte que deben estar coordianados por el director. De pronto no hay comunicación, se cambian las clausulas de una contrata sin comunicárselo a los interesados, hay secretismo en asuntos que deciden en Toledo y aquí nadie se entera...

También ha habido episodios muy feos, como la prohibición de una exposición de Amigos del Moderno que usted misma denunció en una carta abierta, o negativas a charlas en el Salón de Actos. Esto no pasaba antes.

Y habrá compañeros que se han enterado de la prohibición de la Asociación de Amigos del Moderno por mi carta y no porque se haya dicho dentro. Espero que venga ya un director, aunque creo que lo va a tener más difícil. Yo llevaba ya muchos años y me manejaba libremente, no preguntaba a Toledo cosas que sabía que eran razonables, como autorizar una exposición que entre dentro del marco constitucional, tenga temática cultural... a las delegadas le daba la relación de actos un poco antes de la prensa. Ahora el director que venga tendrá que adquirir esta solidez con el tiempo. Probablemente al principio se le haga pasar por una censura previa. 

La oposición está convocada. ¿conoce el proceso?

No lo he visto en el boletín oficial, pero por lo que me dicen se hace como tiene que ser: abierta a todos los bibliotecarios del país, que sean del cuerpo de biblitoecarios del Estado, al que yo pertenezco, o de las escalas superiores o las universidades. Y es un concurso de méritos, donde se dan las pautas que se valoran. Creo que va a haber demanda y que la selección dará como resultado un buen director.

Hay independiencia, en teoría.

No es una plaza adjudicada políticamente ni a dedo. Los bibliotecarios de Castilla-La Mancha nos opusimos radicalmente, incluso consultando con abogados, cuando hace años el Gobierno regional quiso pasar a la libre designación. Ha permanecido así, aunque incluso tienes menos sueldo, pero es un precio que se paga con gusto. Quien venga, me tiene para lo que quiera. Aunque en la distancia.

Dijo usted que no quería ser un espíritu vagando por los pasillos de Dávalos. Pero en los últimos tiempos ha salido a la palestra para denunciar la censura de Amigos del Moderno, dio un mensaje en el acto de homenaje que tal vez en otras circunstancias no habría visto necesario... ¿se podrá reprimir en adelante?

¡No me debo reprimir! Cumplir años es una putada para muchas cosas, pero es una ventaja para muchas otras. Te da la libertad de palabra, de opinión. Recuerdo que Saramago decía que cuanto más viejo se hacía, más radical se hacía también. Yo aspiro a eso, porque a veces envejecer es hacerse cobarde y tener miedos. Al final, los años te dan una voz y una autoridad, la 'auctoritas' latina, y hay que utilizarlo porque la sociedad está muy necesitada. Hay que dosificarlo: no puedes estar hablando todo el día porque parecerías un papagayo, pero si tu interior siente que hay que decir algo, se debe decir.

Vivimos momentos de crisis, convulsos, de mucho debate social... ¿Qué le preocupa o motiva respecto al panorama de la política cultural?

Aunque los gobernantes no se den cuenta, la cultura es un pegamento social, crea vínculos, y eso es muy importante. En el Maratón de Cuentos podemos ver gente que piensa de formas muy diferentes. 

Eso en Guadalajara, donde nos conocemos todos, se ve claro.

Pasa también en el cine. Me preocupa que los políticos no lo vean así. La cultura da ocasión de participar en situación de igualdad con gente diferente, y eso genera una red que es muy interesante para todos, porque en la historia de finales del siglo XX hemos visto cosas horribles por ejemplo en Los Balcanes. La cultura, como dijo [el narrador oral] Xabier Puente Docampo en el Maratón, no es lo contrario de la incultura, sino de la barbarie... Me preocupa que no haya esa sensibilidad, que se resten medios, no sólo las grandes infraestructuras sino el apoyo a la cultura. Y la censura, por ejemplo, enfrenta de partida en dos bandos. En cambio, me da esperanza saber que la gente no es así, que es capaz de hacer cosas con personas diferentes o que piensan distinto.

Llama la atención que al final, por muchas trabas que se pongan, la cultura fluye. Hay muchos ejemplos que demuestran que es irreprimible.

Sí, sí. Es que lo es. Además, posiciones personales e ideológicas diferentes confluyen en el mismo sentido. Eso no depende de los gobernantes, pero ellos están obligados a poner también de su parte. Una biblioteca sin libros nuevos pierde vida, por ejemplo.

Con este panorama, ¿se ha planteado volver a la política oficial?

No. No tengo edad para la política oficial, hay que dejarlo a gente más joven. Los de mi edad tenemos esa función que comentábamos de apoyo o denuncia, pero no creo que debamos descender a la arena. Ya no es nuestro momento. Creo que es función más de quienes tienen treinta o cuarenta, que ya tienen la cabeza muy bien puesta, aunque también más preocupaciones... Sólo lo haría si no viese más remedio, pero eso es algo que únicamente lo puede marcar la necesidad. Creo que es momento de actuar de forma más indirecta.

 

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