Los cuentos negros del maestro Cadaval

Un escenario -la cripta de San Francisco- y un maestro contando -el gallego Quico Cadaval. • Fórmula mágica que despertó risas en un auditorio de medio centenar de espectadores entregados, que aplaudió mucho una de las sesiones programadas esta mañana dentro del ciclo 'Monucuentos' del Maratón.


El cementerio de San Amado en A Coruña, a un paso de la Torre de Hércules, tiene vistas al mar. Hay quien insiste en que quiere un nicho allí pero no es fácil comprarlo: se necesita un muerto.

Si se han reído con esta historia habrán hecho lo mismo que el medio centenar de personas durante la sesión de cuentos que el gallego Quico Cadaval ofreció esta mañana en la cripta de San Francisco -uno de los ocho que cuentan hoy, junto a Eugenia Manzanera, Helena Cuesta, Maricuela, Kapilolo y Marlene Winberg, Polo Vallejo, Malcom Sité y Primo José; Raquel Queizás o Borrón y Cuentonuevo. 

Cadaval eligió cuentos basados en leyendas, en historias y en costumbres gallegas. Abrió boca con una historia de Castelao, "un hombre honesto", dijo. Eligió 'Un cuento triste'. Eso fue sin más, un cuento triste, "que no guarda muchas sorpresas" y que de probable, de simple, "denota la honestidad del autor". En medio de una cripta, con sepulcros centenarios, casaba bien hablar de fetos "pero en buen estado", de muertos y de historia. La del propio edificio que cobijaba a narrador y oyentes. La de la vida de San Francisco a lo gallego, un fray Junípero, bendito de Dios.

Cadaval resumió la de este panteón con tanta historia: "es de la Orden del Temple, que era una especie de Al Qaeda pero cristiano, pero una buena señora [Mendoza] se lo dio a los franciscanos". Dio pie este pequeño cuento a enlazar con la historia de San Francisco de Asís, copia de la vida de Cristo. Más que la historia, los valores franciscanos: la pobreza, el sufrimiento, la caridad... Cadaval es un maestro contando. No sólo por su verborrea sino por la sutileza y la profesionalidad con la que cuenta, sabedor de todos los resortes que tiene que tener un cuento contado.

Es un lujo escuchar la vida del bendito de fray Junípero en labios de Cadaval, un narrador pero sobre todo, un gran actor, que consigue hacer un final de chiste a cada párrafo que entrega. Basta con ambientar la vida de San Francisco en pleno valle de Asis, en la época de las 'raves' y las drogas o alterar la leyenda y revelar que, en realidad, en la primera representación del Belén no había 3 sino 80 Reyes Magos y que luego, fueron limando. 

Conventos, muertos, pobreza y putrefacción son algunos conceptos con los que nutrió la retahíla de historias, muchas de ellas desternillantes, protagonizadas todas ellas por hombres de bien, que se hacen querer y ante la sociedad podrían parecer "pésimos malandrines"... "no se puede ser nada peor",. Los cuentos de Quico Cadaval son andanzas, vida al fin y al cabo, lo absurdo, lo sincero... todo lo rocía con humor al transmitirlo con la palabra y el gesto.

Fue una sesión de cuentos de gente humilde, afable y de mundo, de emigrantes -como lo ha sido el pueblo gallego casi siempre-, "muchas cosas que un cura rojo me contó mientras me vendía miel". Historias que saltan el charco, que enseñan los mapas, los ríos, los valles redondos y atípicos como Valadouro, la comarca donde vivía Fermin Da Gaita, hermafrodita y raro o los pueblos peculiares como Esteiro, un lugar en la ría de Muros, donde todos sus habitantes iban a Estados Unidos, más tarde o más temprano.

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