Dieciocho narradores y una moraleja

AEDA, la asociación de narradores orales profesionales, respaldó con una sesión de dos horas y media a Amigos del Moderno. • Su sesión de cuentacuentos, titulada ‘¡Abrete Moderno!’, sumó las voces de profesionales de todo el país en vísperas de la inauguración del Maratón de Cuentos, esta tarde.  Los artistas reivindicaron la reapertura de un céntrico teatro cerrado y que acogía tradicionalmente el Festival Internacional de Narración, que este año se celebrará en el Liceo Caracense,


“El Pueblo tomó la palabra y llenó las calles de cuentos: las pesadillas habitaron los días y los sueños de los malos políticos”. Podría ser un cuento. Es decir, un microcuento. O un tuit de buenas noches. O puede que, de hecho, sea las dos cosas. Su autor es Pep Bruno, narrador profesional que cada día escribe un ‘cuento tuit’ en su cuenta de Twitter y que ayer dejó escritas estas palabras antes de irse a dormir. En los pocos caracteres que caben en este tipo de mensajes se resumía la esencia de lo que se vivió ayer: cuentos y reivindicaciones.

Bruno y 17 colegas de oficio contaron cuentos a las puertas del Teatro Moderno en el acto que llamaron ‘Abrete Moderno’, buscando una única recompensa: sumar sus voces a las reivindicaciones de la Asociación de Amigos del Moderno, que viene pidiendo la reapertura del céntrico teatro que cada año acogía precisamente el Festival Internacional de Narración Oral paralelo al Maratón de Cuentos de Guadalajara. No será así en la edición que comienza esta tarde, ante el cierre del teatro.

La que se pudo ver a última hora de la tarde de ayer a las puertas del teatro fue, desde luego, una sesión de cuentacuentos coral, variopinta y dinámica, que duró dos horas y media. Pasaron por el improvisado escenario hasta 18 narradores orales, algunos de ellos muy conocidos en Guadalajara, para reivindicar la apertura del teatro. Algunos lo hicieron con mensajes alusivos al conflicto y otros con guiños evidentes en el argumento de sus relatos.

Hubo cuentos de amor y cuentos contados con humor, fábulas con animales y relatos con extraterrestres, leyendas peruanas o gallegas, historias contadas con acento maño o directamente en euskera o en ‘cebraico’… hasta un “coro poético subversivo y muy moderno” que tuvo su puesta de largo después de unos ensayos en los últimos días, propuesta de la narradora alcarreña Estrella Ortiz, que también participó en la sesión dibujando una mariposa con palabras o contando hasta diez con rimas.

Los “cuentos” de la Junta

Antes de arrancar con el espectáculo, de nuevo con mucha presencia de niños, tomó la palabra la presidenta de Amigos del Moderno, Susana Martínez, para ironizar con los “cuentos” que habría contado hasta ahora la Consejería de Cultura, propietaria del Moderno y responsable del cierre, justificando que el teatro haya estado cerrado durante un año.

Según recordó cronológicamente, el “primer cuento” fue “que dijeran en verano que no estaba cerrado, sino que eran vacaciones”; el siguiente habría sido la afirmación de que “abriría con una gestión público-privada mucho mejor”, un pliego de condiciones que todavía no ha sido redactado; el tercer “cuento” habría consistido en la afirmación en invierno del consejero Marcial Marín de que tendría lugar “una superinauguración” que no se ha llevado a cabo a lo largo de este año; y, por último, según recordó Martínez, estaría el último argumento al cierre, que “el edificio es peligroso”, en base “a un informe que no enseñan, no sabemos si porque en realidad es un cuento chino”.

La presidenta de la asociación aseguró que en este año “se han perdido muchas cosas, en referencia a la programación” y volvió a exigir más implicación por parte del Ayuntamiento.

Ratones, brujas, peces y sueños

Levantó el telón (así fue porque todo está permitido en los cuentos) el narrador  y actor alicantino Mario Caballero con un divertido cuento sobre ratones; le siguieron Elena, del grupo Chiara, con un cuento del sastre del rey –sólo iniciado después de alabar la labor de Amigos del Moderno– y Cristina Mirinda, que dio cuenta de las andanzas de un gato siamés en la sabana. Una nota de exotismo la puso la narradora peruana Marissa Amado, con un cuento ambientado en los Andes en el que no faltaron animales como el puma y el cóndor y con una bruja a la que le encantaba comer niños con patatas.

La sesión estaba lanzada y alcanzaba al cabo de media hora el momento de mayor afluencia de público, con cerca de 200 espectadores que variaron en número durante las más de dos horas y media de actuaciones. Fran Pintadera, también alicantino, sacó su álbum ilustrado para contar la historia de ‘El rey del mar’ y luego se despachó con otro cuento de un rey y su nieto que contó muy muy muy rápido, tanto que al cabo de varias repeticiones tuvo que narrarlo más lento para poder captar el humor que contenía.

El joven Israel Hergón, de Leganés, contó una conmovedora historia de un muro en el que las gentes escribían sus sueños conforme a sus oficios, hasta que al final un niño conseguía dar el giro necesario a la situación: pasar de hablar de los deseos a hacerlos realidad, un cuento que igual reafirma las tesis filosóficas de Marx que los planteamientos literarios de los Hermanos Grimm.

La aragonesa Cristina Verbena arrancó con dos adivinanzas para destensar y siguió con una divertida historia, que dio luego paso a Sofía Valverde, de Volvoretas, y a Inés Bengoa, con un cuento para los más pequeños en el que la accidental ingesta de un mosquito acaba por desencadenar una escalada de remedios un tanto exagerados por parte del doctor: comerse una araña, luego una rana, después una culebra, más tarde un jabalí y, al final, un cazador. Fue uno de los momentos para los niños, que luego disfrutaron de la vasca Ana Apika con la increíble historia de una niña curiosa que continuamente preguntaba el porqué de todas las cosas.

Camerino improvisado y cuento en vasco

El tono reivindicativo no sólo no decayó, sino que se intensificó con el coro improvisado días atrás por la veterana narradora alcarreña Estrella Ortiz, una iniciativa de Amigos del Moderno que tuvo su puesta de largo ayer. Más allá de la coreografía (mejorable, todo sea dicho) primó el contenido: varias poesías cuyos títulos son ilustrativos -‘Las cuentas del Moderno’, ‘A la orden del día’ o ‘¡Hazte socio del Moderno!- exigieron un cambio en la política sobre esta infraestructura pública. El llamado ‘Triste cuento del teatro Moderno’ se quejaba de que “a Dolores no le gustan los actores” y de que “a Marín le gusta mentir”… y así con la retahíla de dirigentes regionales y municipales hasta acabar asegurando que “en cambio, la ciudad, ¡quiere que sus puertas se abran ya!”.

Recompuesto el público en su lugar, después de saltos y rimas, llegó el turno para la literatura de los confines de la Península, contada por una ‘galega’ adoptiva, Soledad Felloza, que, antes de tomar la palabra, realizó un cambio de vestuario en un camerino improvisado: un paño extendido entre el público y la artista por Pep Bruno y el veterano Xavier Puente Docampo. Fue el momento más desternillante, sobre todo cuando la narradora incluso lanzó el sujetador al público. Una vez caracterizada, contó su historia de los ‘mouros’ de Carnota y sus tesoros.

Del cuento en vasco de Begoña Alabazán poco se puede decir para quien no comprendía el idioma, salvo la confirmación de que hay gestos universales (como las muestras de alegría y llanto) y que en todo cuento aparece un latiguillo necesario y universal, el “de repente”.

El tramo final corrió a cargo de Charo Jaular, con unas notas de tradición; del divertido Pablo Albo, que narró su cuento de las 37 tortugas haciendo participar (y reír) al público con este grupo de galápagos que “van que te van, van caminando” y al final acaban llegando hasta el teatro; de Nieves Borrón, que narró una anécdota escolar chistosa, y de la alicantina Raquel López, con un relato para adultos que mezcló amor, toma de decisiones y engaños.

Punto final

El cierre de la sesión fue para el anfitrión, el alcarreño Pep Bruno, activo escritor y narrador oral que se decantó esta vez por una fábula de Esopo en la que, por si alguien tenía dudas a estas alturas, quedó de manifiesto los riesgos que corren quienes aplican ciertas recetas tremendistas que para curar un mal de vista dejan al paciente desahuciado; dicho en latín paladín, que puede ocurrir que el remedio sea peor que la enfermedad. “Y eso es lo que nos está pasando ahora a nosotros”, reivindicó Bruno sin rodeos: “Nos están curando hasta matarnos al quitarnos la sanidad, la educación, los teatros…”, enumeró, para acabar haciendo un llamamiento a “resistir”.

Llegado este punto, los narradores posaron juntos a las puertas del teatro portando carteles con letras sueltas que, puestas en fila, enviaban el mensaje de apoyo “No al cierre del Teatro Moderno”. Es decir, la moraleja de todos y cada uno de los cuentos que se contaron ayer. 


Galería de la sesión, con todos los narradores:

Fotos: R.M. 

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