Atapuerca, la casa del ‘Homo cuentista’

La segunda sesión de narración oral que el Maratón de Cuentos realiza fuera de Guadalajara dentro de su proyecto ‘Historias de cueva en cueva’ se escenificó este sábado en la Cueva del Compresor de Atapuerca. • Seis narradores -Estrella Ortiz, Kapilolo, Madosini, Pedro Espí, Leila Serra y Marlene Winberg- se cobijaron ayer en este karst, antigua cantera reconvertida en sala de conferencias. • Contaron cuentos de animales y de cuevas ante un auditorio compuesto, entre otros, por los codirectores del yacimiento, Juan Luis Arsuaga y Eudald Carbonell.• Cultura EnGuada compartió la jornada con la expedición alcarreña que tuvo el privilegio de asistir a esta exclusiva sesión de cuentacuentos.


-“Bienvenidos, en este viaje van a conocer a su familia”. 

Es difícil saber lo que el neandertal le contaría al hombre cromañón hace miles de años en las cavernas de Atapuerca, el lugar donde se han encontrado los restos humanos más antiguos y el paraíso natural donde se sabe que ambas especies de homínidos cohabitaron, aunque aún no se hayan encontrado los huesos de nuestros antepasados más directos. Quizás se contaron historias; quizás, cuentos; tal vez, heroicidades. Seguro que ni érase una vez, ni colorín colorado.

Nadie estuvo allí para contarlo hoy, pero puede imaginarse: “el encuentro entre ambos debió de excitar la imaginación de unos y de otros”, asegura el paleontólogo Juan Luis Arsuaga a la entrada de la Cueva del Compresor de Atapuerca, escenario este sábado de la segunda sesión de narración oral que el Maratón de Cuentos realiza fuera de Guadalajara como prólogo a su proyecto ‘Historias de Cueva en Cueva’, dirigido por la propia directora de la Biblioteca de Guadalajara, Blanca Calvo. 

Para hacer este último ejercicio de evocación, también de magia, y en su búsqueda del fuego de la historias, seis narradores –Estrella Ortiz, Kapilolo, Madosini, Pedro Espí, Leila Serra y Marlene Winberg- se cobijaron ayer en ese karst natural y helador, antigua cantera reconvertida hoy en sala de conferencias. Contaron cuentos de animales y de cuevas ante un auditorio compuesto por el propio Arsuaga; Eudald Carbonell, codirector del yacimiento; la directora del Museo de la Evolución Humana de Burgos, Aurora Martín, el arqueólogo inglés afincado en Sudáfrica John Parkington –socio del proyecto-, miembros del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de Guadalajara, de la Fundación Atapuerca y amigos de la Biblioteca Pública. 

“Sabemos que hay una literatura oral que precede a la escrita, que no ha quedado grabada y que hay aparentemente una contradicción entre el pensamiento racional y el fantástico, el del contador de historias. Los científicos necesitamos esas claves para contar nuestras historias, aunque no con tanta belleza”, explicó Arsuaga. Y no hay contradicción que valga: “ las dos historias son verdad y empiezan igual: hace mucho tiempo, cuando el tiempo era un niño…”. 

Así es el protagonista de la primera historia que sonó en el Compresor en la voz de Estrella Ortiz, con idéntico inicio y tres finales posibles –en Senegal, España e Irlanda-: un niño que nace en una cueva poblada por gente muy especial. La sesión prosiguió con ‘El hombre eland’, de Kapilolo Mahongo, que en lengua ¡Xun –apenas hablada por 5.000 habitantes en todo el mundo- reflexionó sobre la amistad; el cuento cerdeño sobre el amor narrado en italiano por la actriz Leila Serra, la fábula de la tórtola y la tortuga de la vitalista Madosini, que narró en lengua xhosa; el atrayente cuento ¡Xun de ‘La esposa elefante’, –contado en inglés por la sudafricana Marlene Winberg-. La sesión finalizó con el simpático Pedro Espí, music man que escenificó ‘Karizo y la abuela’. 

Huesos que cuentan

Hay que remontarse hasta el Neolítico, para hablar del nacimiento de algo parecido al lenguaje y viajar hasta la cueva del Mirador o la del Portalón, uno de los mejores yacimientos de la Sierra de Atapuerca, que guarda evidencias de la última fase de la evolución humana, la que comprende entre 127.000 y 11.000 años. 

En un pasado aún más lejano, el antecessor, el heildebergensis, el S.P., también se establecieron en Atapuerca, una sierra sembrada de cuevas, una especie de paraíso prehistórico que durante miles de millones de años fue escenario de vidas. Entonces, no se contaban cuentos pero las cuevas donde habitaron nuestros primitivos ancestros son hoy un interesante registro de historias, un yacimiento de cuentos que cuentan. 

En el siglo XXI, la historia la cuentan los huesos, fosilizados gracias a las buenas condiciones de temperatura y humedad de estas cavernas de la sierra de Burgos, pero también los arqueólogos, encargados de bucear entre sedimentos y estratos, haciendo comprender a la sociedad contemporánea cómo vivían los prehistóricos, cómo cazaban, si enterraban a sus muertos, si eran solidarios, si preferían la carne o eran vegetarianos, si concebían hijos o si, incluso, eran capaces de contar cuentos.   

La visita por la Sima del Elefante, la Galería y la Gran Dolina, los tres yacimientos más antiguos –de los siete que tiene Atapuerca- es un cuento en sí mismo. “¿Para qué creen que utilizaban la galería?”, pregunta la guía a la comitiva guadalajareña. La Trinchera-Galería, uno de los tres yacimientos que quedaron expuestos cuando se cortó la caliza de la Sierra de Atapuerca para la construcción del ferrocarril minero en 1901, no era una cueva como tal sino “una trampa” natural hace casi medio millón de años donde los prehistóricos acudían con sus piezas cazadas y las descarnaban con bifaces, una práctica herramienta que igual valía para cortar que para golpear. La historia continúa: “Las marcas de dientes en esta dirección concreta”, dice la guía exponiendo un cartel con un diente marcado por una incisión, indica que estamos ante prehistóricos “diestros”.

¿Por qué Atapuerca es tan magnética? “Por sus montañas, porque es un punto de paso estratégico”, explica la guía. “Fue el Marina D´Or de la prehistoria”, bañado por tres ríos, que suponían comida segura. 

Esta gran caverna de historias surgió por casualidad. La construcción del ferrocarril minero a manos de una compañía inglesa abrió un tajo en la sierra de Atapuerca apenas comenzado el siglo XX, pero la quiebra de la compañía y el abandono de las obras permitió descubrir en 1976 una mandíbula humana que “no es de sapiens”, subraya la guía. Más de 30 años después, Atapuerca es todo un símbolo, el refugio de cinco especies humanas europeas, de los restos humanos más antiguos de Europa. “Lo lógico es que estemos aquí”, dice Blanca Calvo, directora del proyecto ‘Historias de cueva en cueva’ y vicepresidenta del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de Guadalajara. 

Atapuerca, segundo eslabón

Atapuerca es el segundo eslabón de este proyecto, subvencionado por la Unión Europea, que arrancó en las Montañas del Cederberg, un abrigo de pinturas prehistóricas en Sudáfrica, donde doce narradores orales –seis sudafricanos y seis europeos- contaron historias sobre los seis temas que, previsiblemente, han interesado desde siempre a mujeres y hombres: la creación del mundo, el universo, los elementos, los animales, la relación entre los sexos y la muerte. 

Sudáfrica, para muchos expertos la cuna de la humanidad, fue el principio inspirador para diseñarlo: “si la humanidad viene de allí es probable que allí se contaran también los primeros cuentos”, añade Calvo. Pero hay que seguir buceando en la historia. "¿Cómo lo hacían? ¿Con música, con ritmo, con apoyos de instrumentos musicales?, ¿se pondrían en corro?¿lo harían en una cueva?", se pregunta.

“Necesitamos las historias para vivir”, dice Calvo. “Ningún pueblo de la Tierra puede sobrevivir sin sus relatos. Contar tu historia te hace humano porque tu humanidad surge de tu relato, de tu pasado”, añade Kapilolo Mahongo, narrador participante en el proyecto y Notable bosquimano. Sabe bien de lo que habla. La palabra escrita llegó hace relativamente poco a “mi gente” y antes de que eso sucediera, antes de que “viviéramos sin libros”, sobrevivían “sin más recursos que la propia naturaleza”. 

Algo semejante también debió ocurrir en Atapuerca, donde todavía hay muchos cuentos por descubrir: “Es una isla en el océano del tiempo. Mires hacia donde mires, ves millones de años”, afirma Arsuaga.


Galería fotográfica:

 

Fotos: Juan Carlos Aragonés - Cedidas por el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de Guadalajara.

 

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