¿Quieres que te cuente un tuit?

El escritor y narrador oral profesional Pep Bruno publica desde hace ya más de un año un cuento diario en su cuenta de Twitter, con más de 1.400 seguidores. • La experiencia se convertirá en un libro a modo de recopilación.  “Con estos mensajes recibo además comentarios de los lectores en una interacción muy rápida y elocuente”.


“El hombre se tragó su rabia, el mar se tragó al hombre, la noche se tragó al mar. La luna lo vio todo”. Cien caracteres, una historia y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Con una particularidad: si le ha gustado, puede retuitearlo o marcarlo como favorito en su cuenta de Twitter.

El que encabeza este reportaje fue el primero de los cuentos que publicó el narrador oral y escritor alcarreño Pep Bruno, hace ya más de un año, en su cuenta de Twitter @pep_bruno. Desde entonces, al menos un relato brevísimo al día ha llegado a los teléfonos, tabletas y ordenadores personales de sus ya más de 1.400 seguidores, con el ‘hashtag’ (la etiqueta que comienza con el símbolo de la almohadilla) #CuentoPB.

Fue el 14 de mayo cuando Bruno publicó este primer ejemplar de literatura comprimida. “De alguna manera ese cuentito fue como un deslumbramiento, un hallazgo, me hizo darme cuenta de las posibilidades que había, reales, de escribir ficción (con mayor o menor fortuna) en un tuit”, reflexiona el escritor afincado en Cabanillas.

Bruno recuerda que la idea surgió apenas unas semanas después de abrir su cuenta en Twitter, siguiendo la recomendación de una colega cordobesa con la intención de difundir contenidos de blogs propios y ajenos. No tardó, en cambio, en experimentar. “Lo primero que envié fue una versión de un cuento tradicional inglés: ‘nunca hagas caso de una voz que te susurra en medio de la noche, le susurró una voz en medio de la noche’. Algo así”. Estaba bien, pero… ¿por qué no inventar estas historias mínimas él mismo? “Luego pensé que yo podría escribir un cuento al día, o al menos intentarlo”.

En cierto modo, en esta práctica diaria confluyeron dos aspectos, los habituales flirteos de Bruno con la literatura de ficción breve y la disposición de una herramienta que permite inmediatez y difusión masiva, pero que muy pronto borra casi todo rastro. Por eso ideó un sistema que al cabo ha funcionado muy bien.

“La cosa fue que escribir por escribir, según tengo comprobado, acaba por morir. Sin embargo si yo asumía el reto de escribir un cuento al día eso, sumado al reto de la brevedad, podía ser un incentivo muy interesante para mí: jugar ficción, pero también jugar porque tengo un plan”.

Desde entonces, ha transcurrido ya “un año de juego en el que muchos lectores y lectoras me han ido regalando sus comentarios, impresiones, emociones... a partir de la lectura de esa fugaz literatura”. 

Los tuits

El microrrelato más famoso del mundo, firmado por Augusto Monterroso (y que dice así: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”) también cabría en un tuit, que permite escribir hasta 140 caracteres. Estos golpes de efecto literarios, a menudo a medio camino también entre la poesía y el acertijo, surgen a veces a borbotones, a razón incluso de cuatro o cinco versiones similares en un mismo día. En otras jornadas las musas están más perezosas, pero el compromiso adquirido con los lectores impide escaquearse.

En este tiempo, Bruno ha tirado casi siempre de su característico buen humor: “El hombre que salvó a la luna declaró: tampoco es para tanto, ví caer a la luna y extendí los brazos a tiempo de salvar el golpe”. O este otro: “Amor, eres duro de roer’, dijo ella, mientras pinchaba en hueso”.

Los hay también más sarcásticos o incluso macabros: “El dedo acusador señalaba al cuchillo (con el filo ensangrentado, goteando) que recién lo había separado de la mano”. Y, en otras ocasiones, el lector no puede evitar esbozar una sonrisa al comprender que ha sido el mal tiempo o un suceso político el que ha inspirado un cuento que contiene un guiño entre líneas; así, por ejemplo, después de un aguacero, se puede leer un cuento como este: “Que era un amor de cartón piedra lo descubrieron un día de tormenta”.

La inmediatez de este sistema ha permitido al escritor alcarreño proponer también algunos juegos a los lectores, entre ellos que hiciesen sus propios cuentos en un tuit con algunas palabras que él seleccionaba, o viceversa, en una práctica que a veces exige tanto oficio como buenos reflejos. Este narrador oral profesional asegura que los cuentos se encuentran entre sus mensajes más retuiteados y, por lo tanto, entre los más “difundidos”, lo que corrobora la popularidad de la iniciativa.

El reto y las sorpresas

“Es un reto que me propuse y que, a pesar de lo difícil que ha resultado en algunas ocasiones (la inspiración no siempre llama a la puerta cuando se la está esperando) he podido llevar a cabo”, explica el autor. “De alguna manera puedo imaginar el número de lectores fugaces de estas creaciones (cosa que no sucede con los libros). Ocurre además que a veces recibo comentarios de los lectores en una interacción muy rápida y elocuente” y le resulta posible saber “de alguna manera, qué cuentos han gustado más o menos en función de las ondas que susciten una vez lanzados al lago (de la red)”.

Más allá del reto iniciado en mayo del año pasado, la experiencia ha crecido y se ha bifurcado en muchas direcciones. Entre quienes reciben estos cuentos se encuentran algunos ilustradores, dos de los cuales han decidido darles color. La primera en hacerlo fue Vèlia Bach inspirada por esta historia: “Murió la vieja y el viejo se fue a mover piedras a la sierra. Volvió el viejo y sonrió al horizonte: la sierra tenía el perfil de su esposa”.

El siguiente en seguir los pasos ha sido Miguel Cerro, con el cuento que dice así: "El gigante Polifemo es la noche con su ojo abierto, deliraba el viejo Ulises mientras trataba de clavar una estaca en la luna llena".

Reportajes y un libro

Desde entonces, ha habido más sorpresas, como los reportajes que han promocionado la figura de Bruno como literato en las redes sociales, incluso con una aparición en la BBC. El fenómeno, desde luego, no es exclusivo del narrador alcarreño, ya que el formato ha tentado a más autores. De hecho, incluso a finales del año pasado se llegó a celebrar un primer festival internacional del género, el Twitter Fiction Festival.

Uno de los primeros en utilizar Twitter para difundir su literatura fue el estadounidense Matt Stewart, que en julio de 2009 inició la publicación de su libro ‘La revolución francesa’, que no encontraba editor, a través de la publicación diaria de hasta 3.700 tuits. Lo cierto es que más tarde apostó por un formato menos ruidoso pero más cómodo para el lector, al ofrecer la novela en Scribd y Amazon. Pero el ejemplo ha cundido. El director de cine Steven Soderbergh, siempre dado a declaraciones un tanto estrambóticas como anunciar en varias ocasiones su abandono del séptimo arte, ha asegurado que escribirá también una novela en esta red social que limita la extensión de los mensajes. La escritora Jennifer Egan también publicó el año pasado en esta modalidad un cuento de ciencia ficción sobre una espía que pudo leerse en The New Yorker.

Las iniciativas sobre lo que se ha dado en llamar tuiteratura y más concretamente sobre los microrrelatos en esta red social han continuado con experiencias como el concurso que organiza Leoyescribo.com con Booket, Austral y Ámbito Cultural, que ha vuelto a recibir por segunda edición consecutiva a sus candidatos en marzo y que está dedicado a universitarios. También la editorial SM ha organizado un concurso similar y tiene abierta una cuenta con el nombre de @microrrelatoSMs. Colegios, institutos y universidades también se han sumado a una modalidad de certamen que puede considerarse de moda. 

En el caso de Pep Bruno, la culminación de esta labor pasará por el anuncio ya realizado en alguna ocasión de que tiene intención que sus tuits queden recopilados negro sobre blanco, de modo que estos destellos de literatura no desaparezcan por la papelera de reciclaje y puedan ser leídos además por esa población que no dispone de una cuenta en esta red social. En todo caso, no hay todavía plazos ni el escritor quiere adelantar demasiados detalles sobre ese futuro proyecto editorial.

De momento, sigue adelante la producción literaria en esta suerte de juego con reglas fijas que, pese a su aparente sencillez, exige a Bruno una firme disciplina literaria. “Ahora que no tengo un límite (¿otro año?) a veces siento menos tensión. Y no es bueno. Pero mientras me siga divirtiendo, seguiré con esa propuesta, que me alimenta, me sirve de ejercicio, me ayuda a no dejar pasar un día sin ficción ¡y parece que interesa a un puñado de lectores!”. Quienes le siguen en @pep_bruno saben que en cualquier momento del día, las musas piarán la contraseña que abre esta ventana a la ficción: “Todos los días escribo y envío un #cuento tuit…”, dice siempre Pep. Y, al momento, cae el cuento, como fruta madura. Si hay suerte, hasta dos.


‘Café ruso’, un fotocuento


No es exactamente un #CuentoPB, pero se parece mucho. Pep Bruno ha publicado también recientemente un microrrelato para participar en una iniciativa a propuesta de Álex Nogués, dentro del proyecto FotoHistorias de La Cámara de Escribir. El relato muy breve inspirado por la fotografía de Noemí López, dice así: “Como un viejo trilero mezcló las tazas del café hasta despistar en cuál de ellas había puesto el veneno. Luego se sentó en la mesa y empezó a disfrutar de la incertidumbre previa a la elección”.