Yo me lo edito, ¿yo me lo como?

Ante la compleja inclusión en el catálogo de los grandes editores, algunos escritores aprovechan nuevas fórmulas para publicar sus obras. • La autoedición, la creación de una editorial propia o la búsqueda de formatos alternativos son algunas de las opciones.  Tres escritores guadalajareños, Pablo Carnicero, Pablo Muñoz y Benjamín Blas, cuentan su experiencia.


Cualquier novela, poemario o compilación de relatos recién acabados tienen dos caminos que tomar cuando el autor escribe el punto y final: dormir el sueño de los justos en un cajón o salir en busca de lectores. Sólo en contadas ocasiones, los escritores noveles consiguen dar a conocer sus creaciones. La fórmula más rápida es ganar un concurso que contenga la publicación dentro del galardón. La más compleja, que una gran editorial lea el borrador y dé el visto bueno.

Ante esta tesitura, cada vez es más común observar cómo los escritores que hacen sus primeros pinitos buscan fórmulas alternativas, como la autoedición o la creación de una editorial propia. En cualquiera de los casos, se trataría de cargar uno mismo con los costes, pero garantizando también que el libro verá la luz. Con el riesgo, eso sí, que conlleva que la difusión, la publicidad y la venta corran a cargo de uno mismo. “Yo me lo guiso, yo me lo como”, ilustra el refranero.

En los últimos tiempos hemos hablado del asunto con varios escritores que muestran sus experiencias, todas ellas diferentes, aunque coincidentes en otros aspectos, como tener que dedicar muchas horas a difundir la existencia de la obra.

El recurso a la autoedición

Benjamín Blas es un joven escritor cabanillero que ha pasado de escribir monólogos a publicar una novela policíaca titulada ‘Destino’. En la presentación que hace unos meses tuvo lugar en la Librería El Árbol Rojo, además de defender con convencimiento la calidad de su proyecto literario, admitió las enormes dificultades que entraña llegar al público que podría estar interesado en leerle. Pese a todo, se toma esta labor de difusión, en sus manos, con bastante buen humor: “Es muy difícil dar a conocer este libro. Si se conociese, sería un éxito, humildemente”, decía en aquella cita pública.

Blas asegura que su experiencia con la empresa que se dedica a editar novelas, en este caso Albores, no ha sido del todo satisfactoria. Según ha confesado, esta primera edición de 150 ejemplares contiene algunos errores tipográficos, a pesar de que revisó el ejemplar del borrador que le enviaron a casa para que diese el visto bueno: “Puede que escriba mal, pero no tanto”, ha ironizado sobre el tema.

¿Cuál fue su proceso para dar a luz el libro? “Desde el principio sabía que si lo escribía quería que se editase y se conociese, sabía que sería difícil, pero si la historia iba a ser tan buena como la que tenía en la cabeza, quería darla a conocer”, insiste con buen humor. En su caso pensó en lo más lógico: contactar con las grandes editoriales. “Intenté enviarlo a todas las grandes que pude, pero ninguna acepta manuscritos de noveles, por desgracia; primero tienes que mandárselo a un agente y a través de ellos se lo hacen llegar a la editorial”. Una fórmula que resta oportunidades a los autores principiantes (“creo que debería haber más ayuda”) pero que le resulta “algo comprensible, porque les llegarían cientos y cientos” de cuentos y novelas.

Sin agente, no llega; pero mejor aún con padrino

Blas habla de una realidad que ha padecido como escritor, pero que también confirma un editor del prestigio de Claudio López de Lamadrid, que en una entrevista ha confirmado que a las editoriales (en su caso Random House Mondadori) no se leen los libros que no llegan de la mano de los agentes, los manuscritos al uso. ¿Cuál es la mejor carta de presentación para un autor novel? ¿Un buen argumento; una buena prosa; un par de buenos folios de arranque? Si esto es necesario, interesante, hay algo que reconoce más importante todavía: “Que intente conseguir un padrino. Que intente recabar la opinión favorable de dos o tres personas que le sirvan de carta de presentación”.

Esto hace que no siempre se recompense la mejor literatura. Según opina Blas, a la hora de atender a la publicación de un libro, “no solo influye la calidad”, sino otros factores, como la firma del autor: “hay escritores buenísimos que nunca llegaremos a conocer porque no tenían medios y luego otros como Jorge Javier Vázquez, que alcanza la quinta edición de su biografía de 256 páginas a un tamaño de fuente al menos de 26”.

Hacer visible ‘el mundo de las sombras’

Pablo Carnicero es otro escritor guadalajareño que se abre paso con mucho esfuerzo y que, a base de bregar, se ha hecho todo un experto en asuntos editoriales. Ya ha publicado su tercera novela, esta vez únicamente en formato digital, porque la experiencia ya atesorada así se lo ha aconsejado. No sólo reduce costes, sino que además se deja abierta una puerta: “si las editoriales ven un libro digital que ya ha sido autoeditado, baja muchísimo su interés”.

A fuerza de buscarse la vida, Carnicero se ha hecho también un profesional del marketing literario para promocionar sus obras en diferentes canales de Internet como el blog de ‘El mundo de las sombras’ y las redes sociales, aunque tampoco renuncia a otros formatos más tradicionales, como la edición ‘de lujo’ que ha lanzado de cara a los últimos Reyes con sus dos primeras novelas de la saga y cuatro relatos que andaban un tanto dispersos, piezas que incluso ha reunido y encuadernado en tapa dura, con papel de calidad para sus casi 600 páginas y un precio de 29 euros.

Una obra ambiciosa y original

Carnicero es un amante de la literatura fantástica. Ha creado un universo propio que, salvando las distancias, recuerda a algunos clásicos como ‘El señor de los anillos’. Sus obras, escritas con una prosa ágil, gran cuidado con la palabra bien dicha y entusiasmo con un género que le fascina, la fantasía de ambientación histórica, constituyen ya toda una saga.

Fue con ‘Inmortal’ y con ‘El Filo de la Espada’ inició la narración de las aventuras de Urabi de Ukesh, el inmortal más poderoso de los que han sobrevivido a los Tiempos Antiguos. Criaturas míticas y fabulosas como vampiros, licántropos, hechiceros, inmortales y otros seres conviven en este mundo, no siempre de forma armoniosa, e intentan “sobrevivir a sus constantes intrigas”, explica el propio autor.

Con estos mimbres ha escrito hasta tres novelas, la última ‘La guerra de las sombras’. En su caso, asegura que desembarcar en una gran editorial no tiene demasiado misterio: “enchufe, amigos y padrinos” son tres de las palabras que selecciona. Pero “ni siquiera los propios agentes lo tienen fácil”, y eso que se dedican a ello.

Sabe lo que dice. Cuando acabó su primera novela, obviamente buscó la fórmula tradicional: enviar los manuscritos a las editoriales. “La mayoría de las veces ni contestaron”, explica. Aunque, a los tres meses, recibió una oferta: le editaban 300 ejemplares por 300 euros, pero cedía los derechos de autor y, para colmo, debía poner un precio desorbitado a su libro que haría imposible que su mundo de las sombras pugnase con las exitosas ‘sombras de Gray’.

Un cambio de formato

En sus dos primeras novelas optó por la autoedición al uso. Editó, maquetó, corrigió y difundió la novela… prácticamente todo menos imprimir y encuadernar. Pero tenía su obra en papel, una sensación que se cuenta en su caso entre las más importantes que ha tenido en su vida.

Para su tercera novela, en cambio, ha sacrificado esta sensación más romántica por el formato Kindle, exclusivamente digital. ‘La guerra de las sombras: tiempos aciagos’ sólo se puede adquirir en Internet, pero si funciona, tendrá seguramente más opciones para recibir una oferta de una editorial que la quiera publicar en papel que si previamente hubiese apostado por la autoedición. “He preferido centrarme en este formato para tratar de llegar a más lectores, y quien sabe, romper la barrera del editor”, explicaba al dar a conocer su decisión.

“Me sale lo comido por lo servido”, asegura, a pesar de que vuelca muchísimos esfuerzos en la tarea de difundir las novelas. Ahora que la recompensa en satisfacción personal, cada vez que un lector le dice que se ha leído la novela, es tan enorme como los esfuerzos dedicados.

Y ahí sigue, robando tiempo al descanso y tal vez a la compañía de las musas para seguir promocionando su obra en las redes sociales o con marcapáginas y póster, tirando de amigos.

También Blas se ha hecho cargo de la difusión de la obra, con las presentaciones al uso, el boca a boca, una defensa a ultranza de lo que ha hecho o las redes sociales… Hay pros y hay contras: “Una ventaja de la coedición es que tú te encargas de tu libro, tu lo promocionas y tu lo controlas todo, y vas conociendo un poco este mundo, lo cual está bien”, En cambio, “el mayor inconveniente es que tienes que tener una publicidad muy fuerte o un boca a boca a nivel nacional, si no tu novela morirá en un rincón de la habitación donde la creaste”.

Narrador y editor de sí mismo

El caso de Pablo Muñoz, que está teniendo un relativo éxito con su novela ‘El legado del vínculo inglés’, ambientada en Sigüenza, resulta un tanto atípico, porque de una mala experiencia editorial nació, en cambio, un nuevo reto: la autoedición pero en una firma propia, creada por sí mismo en vez de recurrir a terceros.

Muñoz, como otros compañeros, ha tirado de reparto de carteles para colocar en librerías, tiene dos activas cuentas en Twitter y Facebook donde medra con instituciones, empresas y lectores, y ha llevado a cabo varias presentaciones de su libro, algunas de ellas en centros culturales del Corredor y otra en el literariamente legendario Café Gijón de Madrid.

Internet, y en esto coincide con sus otros colegas, ha hecho posible que libros autoeditados se puedan publicitar sin estar en los círculos controlados por las compañías más potentes del sector. “Internet te abre un mundo si salir a la calle”, asegura. En su caso también tiene un blog como núcleo central del proyecto en la red.

Pero, una vez más, publicitar la obra tiene su coste en tiempo. “Desde que me he metido en la editorial no hago otra cosa, pero a mí lo que me gusta es escribir”.

Una editorial

En su caso, el salto a la autoedición fue casi forzado y desde luego a lo grande. El desencuentro con su primer editor le ha llevado a fundar ‘Editorial por una buena causa’, que dedica un 10% de los beneficios para fines benéficos y que lleva su nombre como editor y como único título del catálogo, por el momento. “Era la única salida que tenía, porque no podía ir a otra editorial”, asegura.

Así, ha impulsado la segunda edición de ‘El legado del vínculo inglés’, con mil ejemplares.

Si su experiencia anterior fue nefasta, ahora ha descubierto otra cara en esta industria: “He descubierto gente muy buena y con muy buen corazón, que me han llevado en palmitas”, decía en una tranquila conversación con Cultura EnGuada.

Lo cierto es que la editorial ha logrado lo que el anterior particular no ofrecía, una promoción real de la novela y un incremento de ventas. Es así como se ha conocido esta historia ambientada en las calles de Sigüenza, encuentro de géneros clásicos –histórico y policíaco– cuya segunda parte, que querría escribir, dependerá del éxito de esta primera.

Un trabajo muy duro

Hay que picar mucho para vender. Al principio, las primeras decenas de ejemplares caen en seguida entre familiares y amigos. Algunas firmas del mundo editorial juegan con ese margen de beneficio. Lo difícil, sin embargo, es seguir ampliando la difusión de la novela, llegar acaso a lectores que puedan estar interesados en ella y que viven fuera del círculo habitual del escritor.

Pero ni siquiera en las grandes editoriales como Debate agotar la primera edición garantiza una segunda tirada, como explica el alcarreño Ángel Villarino, autor de ‘¿Adónde van los chinos después de morir?’. Sólo un buen ritmo de ventas asegura que la editorial se arriesgue a una segunda edición.

En el extremo opuesto, editoriales que nacen conscientes de que la rentabilidad económica no es su principal objetivo, también tienen que trabajar duro para garantizar que las obras llegan al público. Así hacen editoriales como Palabras del Candil, dirigida por el guadalajareño Pep Bruno y especializada en publicar cuentos de narradores orales, o Volapük, un proyecto recién nacido que de momento está centrado en difundir su primera obra, la recopilación de relatos de Josean Aparicio ‘Exiliados del paraíso’. En este caso no es autoedición, pero el trabajo codo con codo del escritor molinés y su amigo y editor Sergio se parece, y mucho, a los duros caminos que recorren quienes intentan que su libro no descanse en un cajón.

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